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lunes, noviembre 9

Burbuja de expertos, sobre la formación de economistas en Buenos Aires

Comparto la nota que publiqué en Página 12 el domingo pasado. 

A mediados del siglo XX se produjo un consenso generalizado sobre la falta de economistas formados para los tiempos de posguerra. Las ideas nuevas sobre el desarrollo económico y el keynesianismo fueron las plataformas de demanda profesionales idóneos para gestionar el ciclo económico en América latina y en los países centrales, respectivamente.
En 1948 se creó por primera vez la Licenciatura en Economía en la Universidad de Buenos Aires en la Facultad de Ciencias Económicas (FCE-UBA). Esta Facultad –se dijo– no había contribuido al progreso de la teoría económica nacional debido a la falta de economistas. Las especializaciones propuestas dieron cuenta de los perfiles buscados. Entre ellas se encontraban el economista de “Estado”, el de “Empresa”, el “Puro”.
Por diversas razones, el plan creado en 1948 no se hizo efectivo. Cinco años después se instrumentó otra licenciatura donde estudiaron muy pocos y con contenidos no muy diferenciados de los Contadores Públicos, hasta que en 1958 la FCE-UBA volvió a disponer de un plan de estudios para formar economistas modernos. Aquel plan tuvo una influencia anglosajona importante, y ciertamente abrazó al paradigma modernizador, sin embargo, el enfoque universalista extranjero se combinó con ideas del estructuralismo latinoamericano reciente. El resultado fue un perfil de economista conocedor de las teorías dominantes de las hegemonías en transición y de las contribuciones de las formaciones sociales soviéticas, pero también, de los principales problemas regionales y locales. Un estudiante de aquel tiempo conocía los instrumentos de gestión económica, su territorio y podía elegir especializarse en los distintos sectores de la producción. Los economistas de la UBA tuvieron los instrumentos elementales para oponerse al creciente monetarismo dominante que había desembarcado en otras universidades argentinas hacia 1962.
Esa llamada edad dorada de los economistas no duró mucho. Pocas décadas después habían pasado de ser parte de la solución a contribuir al problema. En los años ochenta, Wassily Leontief –el creador del Análisis Económico Input-Output– realizó una pequeña investigación sobre artículos publicados en las principales revistas científicas de economía y decidió dejar de publicar luego de encontrar en la American Economic Review –la revista más consultada de la economía moderna– una investigación empírica que buscaba demostrar la aplicabilidad de la teoría del consumidor para predecir comportamientos de las palomas. El artículo lleva el payasesco título de “Income-Leisure Tradeoffs of Animal Workers”.
En pocas décadas los economistas pasaron de ser escasos a abundantes y, en lugar de concentrarse en pensar para la sociedad en la que vivían, empezaron a su solucionar sus propios excesos de oferta de mano de obra. De este modo cambiaron su lenguaje, haciéndolo poco accesible al resto de las ciencias sociales y crearon sus mercados de reputación con las baterías de premios en honor a algún difunto, sus rankings y sus exclusivas asociaciones profesionales. Hicieron de su disciplina el “método para fijar creencias” por excelencia y con ello legitimaron en una parte de la sociedad sus conocimientos expertos.
Esta reapreciación de los economistas pareció verse limitada por la última gran crisis económica mundial. Sin embargo, ya han pasado casi siete años y el conservadurismo en las ideas y la práctica siguen dominando el pensamiento económico. La burbuja de los expertos parece seguir su curso.
Los planes de estudio de educación superior para los economistas acompañan estas generales. En Argentina, como en tantos países, la creciente internacionalización de la profesión y su pretensión de universalidad fue moliendo los contenidos locales que se encontraban en los primeros planes de estudio. Si a mediados del siglo pasado lo moderno significó relegar el derecho, la contabilidad y la matemática en pos de profundizar la investigación y aplicación económicas, desde el neoliberalismo y sobre todo desde los infelices años noventa, la práctica modernizadora fue dejar de lado la historia, la geografía y la investigación.
En 2011 el entonces decano (y hoy rector) de la FCE-UBA, Alberto Barbieri, anunció que los docentes serían convocados a participar de los debates para una nueva reforma del plan de estudios. Hasta el 2012 el debate estuvo diluido entre convocatorias oficiales esporádicas y propuestas de borradores de sectores críticos de las autoridades. En un caso se habló de una simple actualización del perfil del graduado, en el otro caso de un cambio radical del plan de estudios. Ni una ni otra posición se materializó las expresiones recientes de las autoridades, que hacen pensar que, de existir un cambio, se conservará una parte importante del currículo de los economistas de la UBA y, por lo tanto, que seguiremos las prácticas del plan de estudios modernizador que se distrae con lo auxiliar y se concentra en lo irrelevante, que enaltece el retoque macroeconómico, con la ilusión, ya no de ser un economista “de Estado”, sino un analista de políticas públicas.
La universidad tiene la difícil tarea de construir contenidos significativos, de tomar la delantera en el cambio social, de dejar de mirar que es lo convencional, porque ello fracasó –no una, sino muchas veces–, para animarse a construir algo que tenga sentido para la sociedad, para los trabajadores y para los estudiantes. Es probable que la oportunidad de la efervescencia crítica generada por la última gran crisis esté perdiendo intensidad. El mundo está dejando de escuchar las voces alternativas y en América latina existe un freno al progresismo, cuando no un giro conservador. Notablemente el parco escenario mundial logra reafirmar las voces de la tradición. Esperemos que no sea demasiado tarde para cambiar.

jueves, enero 23

Los journals de economía y sus expertos: nota para el estudio de los métodos para fijar creencias


Los trabajos relacionados a revistas de economía en los medios académicos más difundidos se orientan a contabilizar productividades en un conjunto cerrado de revistas científicas principalmente de la academia norteamericana y británica . Las plataformas de análisis generalmente son: el Journal of Economic Literature[1], en cuya función principal recae el observar lo escrito bajo la disciplina económica, y las revistas específicas que tienen su propio interés en revisarse en la historia. Entre los tipos de trabajo que parecen haber dominado este campo encontramos 1) la reflexión sobre la historia de alguna revista, 2) el estudio de tendencias en las publicaciones junto al impacto de las ideas expresadas y 3) el análisis de cuestiones editoriales.
Los tres párrafos que siguen apuntan a explicar casos de estos estilos identificados, a pesar de que no pretenden resumir todo lo publicado sobre la temática, se considera una aproximación a hechos estilizados del tratamiento de revistas académicas en los medios condicionantes[2].
Para el caso 1), Arrow et al. (2011) producen una selección de artículos publicados por American Economic Review (AER) en sus primeros 100 años basados en criterios de relevancia e influencia que tuvieron esos textos en los economistas profesionales. Cobran importancia los nombres (muchos de ellos premios en honor a A. Nobel) y el conteo de citaciones. Stiglitz (2012) y Pressman (2013) cuentan la historia como fundadores del Journal of Economic Perspectives (JEP) y Review of Political Economy (ROPE) respectivamente teniendo presente el mercado de journals con el que compiten sus editoriales, desde una perspectiva personalista. Mientras que Coats (1969) orienta su análisis al perfil de textos publicados, autores y contexto institucional del AER.
En el caso 2) se encuentran los estudios sobre tendencias, allí Coats (1971) realiza uno de los primeros trabajos en esta línea al mostrar los cambios en el modo de realizar aportes científicos y la necesidad de encontrar esos cambios en los journals a partir de la década de 1950. Si bien el autor realiza sus estudios mediante intensidad de uso de ciertos artículos, lamenta que al momento no existieran indexaciones (como posteriormente será el SCI) para el estudio de la sociología de la economía. Otra influyente publicación de Liebowitz y Palmer (1984) examina el impacto de los principales journals a nivel mundial mediante el Science Citation Index, señalan una corto estado del arte en la cuestión de dichas mediaciones y sus resultados muestran un mercado de ideas concentrado en escasas publicaciones norteamericanas y británicas. Por otro lado, Figlio (1994) estudia rangos de journals acorde a su calidad (basada a su vez en sus citaciones, prestigio e afiliaciones institucionales). El autor revela diferentes enfoques para evaluar de los primeros diez journals de mayor calidad[3]. Similares criterios de éxito utilizan los trabajos de Laband (1990) y Kim, Morse y Zingales (2006) basados en rankings y citaciones, estos últimos, estudiando que ha interesado a la economía desde 1970. Los trabajos de Eagly (1975) y de Pieters y Baumgartner (2002), a diferencia de los trabajos anteriores, usan las citaciones para conocer el impacto y la comunicación que existe entre los diferentes journals, diferentes temáticas y disciplinas (economía, psicología, etc.) respectivamente. Pretenden comprender el grado de multidisciplinariedad en las publicaciones económicas, siempre circunscripto al dominio de un grupo cerrado y pequeño -aunque concentrado- de journals. En el primer caso, el uso de citaciones le ha valido al autor para identificar centros y perifereias en la prduccion y difusion del conocimiento. El útimo trabajo estudiado sobre este estilo corresponde a Card y DellaVigna (2013) cuyo propósito es estudiar grandes tendencias de los primeros cinco journals en los últimos cuarenta años, además del impacto de citaciones, estudian ciertas reglas editoriales de publicación a través de tiempo.

Los casos 3 son aun más comunes y corresponden a diversas preocupaciones editoriales, en nuestro trabajo, asociadas al hacer economía política. Day (1989) concentra su atención en la audiencia de las publicaciones, reflexionar sobre el trabajo de los editores y los roles de las revistas y libros en la profesión de economista, identificando elites en la publicación que mantienen barreras de entrada en el mercado de ideas o, mejor dicho, en el mercado de reputaciones. Las ideas, dice, son primeramente publicadas en journals y luego forman parte de los libros. De este modo, la inserción profesional, vía la actualización de conocimiento, queda asociada directamete a la lectura de revistas.  Otros trabajos estudian por un lado, los problemas de los procesos de recolección, edición, publicación de artículos (Trivedi 1993), aspectos de formación de precios y fallas de competencia en el mercado de revistas acaémicas (Edlin y Rubinfeld 2005) o la revisión de las nuevas formas de difusión de conocimiento (Ekwurzel y McMillan 2001).


[1] El Journal of Economic Literature (JEL), es una publicación de la American Economic Association que se publica desde 1969 y está orientado a gestionar información de diversos medios (tesis, libros, artículos, etc.) para los economistas.
[2] Se utiliza el término condicionante en lugar de dominante en este caso, porque de los pocos trabajos que existen en el país, se considera relevante el uso de citaciones y medidas de productividad científica aunque escasas referencias a estas revistas.
[3] Hay que resaltar que el ranking de journals tiende a ser relativamente estable entre los trabajos que los estudian, principalmente por el uso de la base de datos Social Science Citation Index como su medida de éxito. Puede consultarse una crítica de dicha base de datos en Klein y Chiang (2004) y una crítica del uso de citaciones para medir lo relevante en Lee (2009).
 
Bibliografía:
ard, D. y. (2013). Nine Facts about Top Journals in Economics. Journal of Economic Literature, 51(1), 144–161.
Coats, A. W. (1969). The American Economic Asociation's publications: An historical perspective. Journal of Economic Literature, 7(1), 57-68.
- (1971). The Role of Scholarly Journals in the Hisory of Economics: An Essay. Journal of Economic Literature, 9(1), 29-44.
- (1993). The sociology and profesionalization of economics. British and american economic essays. Volumen II. London: Routledge.
- 1996). Introduction. En A. W. Coats, The Post-1945 Internationalization of Economics (págs. 3-11). Durham and London: Duke University Press.
Day, C. (1989). Journals, university presses, and the spread of ideas. En D. C. Colander, The spread of economics ideas (págs. 61-74). Cambridge: Cambridge University Press.
Eagly, R. V. (1975). Economics Journal mas a Communications Network. Journal of Economic Literature, 13(3), 878-888.
Edlin, A. S. (2005). The Bundling of Academic Journals. American Economic Review, 95(2), 441-446.
Figlio, D. (1994). Trends in the Publication of Empirical Economics. The Journal of Economic Perspectives, 8(3), 179-187.
Kenneth J. Arrow, B. D. (2011). 100 Years of the American Economic Review: The Top 20 Articles. American Economic Review, 101(1), 1-8.
Kim, H. E. (2006). What has mattered to economics since 1970. The Journal of Economic Perspectives, 20(4), 189-202.
Klein, D. B. (2004). The Social Science Citation Index: A Black Box—with an Ideological Bias? Econ Journal Watch, 1(1), 134-165.
Laband, D. N. (1990). Measuring the Relative Impact of Economics Book Publishers and Economics Journals. Journal of Economic Literature, 8(2), 655-660.
Lee, F. (2009). A History of Heterodox Economics. Challenging the mainstream in the twentieth century. New York: Routledge.
Liebowitz, S. J. (1984). Assesing the Relativa Impacts of Economic Journals. Journal of Economic Literature, 22(1), 77-88.
Pieters, R. y. (2002). Who Talks to Whom? Intra- and Interdisciplinary Communication of Economics Journals. Journal of Economic Literature, Vol. XL, 483-509.
Pressman, S. (2013). The Review of Political Economy at 25: Past, Present and Future. Review of Political Economy, 25(4), 533-543.
Stiglitz, J. E. (2012). The Journal of Economic Perspectives" and the Marketplace of Ideas: A View from the Founding. The Journal of Economic Perspectives, 26(2), 19-25.
Trivedi, P. K. (1993). An Analysis of Publication Lags in Econometrics. Journal of Applied conometrics, 8(1), 93-100.

viernes, julio 27

Historia del pensamiento económico en conflicto

"Historia del pensamiento económico en conflicto" es un desarrollo de algunos post anteriores revisados, publicados y a exponer en las próximas Jornadas de Economía Crítica (JEC V) a realizarse del 23 al 25 de Agosto en la UBA-FCE. El trabajo pretende aportar una forma más de discutir - a través de la materia - parte del plan de Estudios en al UBA en particular y en las universidades de Argentina en general.
A modo de presentación y como componente adicional para quienes leen el blog voy a explicar el epígrafe del trabajo, que, vara no variar demasiado, vuelve a ser propiedad de Carlos Marx cuando, en las "teorías sobre la plusvalía" dice...
Un filósofo produce ideas, un poeta poemas, un sacerdote sermones, un profesor compendios, etc…El criminal no sólo produce delitos, sino también la legislación en lo criminal, y con ello, al mismo tiempo, al profesor que diserta acerca de la legislación…
Este apartado se llama "Concepción apologista de la productividad de todas las profesiones". Básicamente se está burlando de la eternización discursiva de las relaciones entre productividad y capital expresadas por los "apologistas filisteos de la sociedad burguesa". La cita aplica al trabajo que presentaré, de dos formas:

  1. Por un lado, porque acusa al docente de "producir" mediante la disertación de las realidades existentes a partir del criminal.
  2. Por otro lado, porque pone en relieve la duda del sentido sobre lo productivo. Lo productivo ¿De qué?
La primera aplicación pretende ser una crítica de nuestra labor docente ¿Qué pretendemos enseñar? ¿Qué pretendemos aprender? ¿Qué estamos haciendo? (!)

La segunda aplicación pretende ser una crítica de las nociones de trabajo productivo del perfil del economista actual. Llegamos a cumplir las ironías de Marx estudiando (y enseñando) las relaciones entre el crimen y la economía!!! (en sus versión más berretas: freakeconomics; pero las hay bien académicas también). Paradójicamente, quienes seguramente realicen una defensa del conductismo del que están empapadas estas nociones - que bien aplicarían casi exclusivamente a la psicología -, también acusen al historiador de las ideas de trabajador improductivo. Para ellos tenemos el epígrafe de Carlos y mucho más...

Creo que esta introducción se tronó mejor que el trabajo mismo, espero sirva para la reflexión y el debate.


domingo, junio 24

La historia del pensamiento económico y las antigüedades del pensamiento

Junto con las dos notas anteriores, esta pretende discutir uno de los argumentos más relevantes contra la historia del pensamiento económico como reproductor de antiguedades, que dejan sin más efecto que la quita del escaso tiempo de cursada durante los estudios de grado.

Schumpeter (1982) reconoce que cualquier ciencia estudia su historia y se pregunta ¿Por qué la economía no habría de hacerlo? ¿Porqué no dejar la tarea del cuidado de los materiales antiguos a pocos espcialistas? Reconoce que es precisamente en nuestra ciencia donde hay mayores ventajas del estudio de su historia. La primera es una ventaja pedagógica, cualquier que estudie economía, sin conocer su historia pierde “orientación y sentido”. La ciencia “progresa”, si es que lo hace en “zigzag” sobre nuevas ideas que responden a nuevas necesidades pero las nuevas ideas se reconocen novedosas en función de sus condiciones históricas, es decir, delimitadas por el estado de conocimiento previo. Aun así - dice Schumpeter - es posible reconocer la ventaja del descubrimiento de viejas ideas aunque ocultas por un tiempo y que el ejercicio de la reflexión sobre la propia disciplina puede provocar nuevas interpretaciones.

El argumento que discute y aparenta ser poderoso, es que los historiadores son reproductores de antigüedades, formas de pensamiento no vigentes y por lo tanto sin ninguna función que sirva al economista. Este tipo de concepciones posee algunos presupuestos que es preciso revisar. Por un lado, sin hacerlo expreso, se está asignando una función social al economista, éste no debe conocer la historia de su ciencia ¿Qué sentido tiene si sus funciones modernas le exigen realizar precisos cálculos sobre categorías ya consagradas? En segundo lugar, no importa pensar el futuro de la ciencia a la luz de su pasado y presente. Importa el presente. La realidad profesional arrincona cualquier desvío del presente aunque más no sea para superarlo ¿es que el debate sobre el trabajo productivo e improductivo ha perdido vigencia en el capitalismo moderno, cognitivo, financiero o postindustrial?  

Es preciso indicar que, pese a la reducción del peso de la materia en los cursos universitarios[1], paradógicamente, parece suceder una tendencia al incremento del peso relativo y su peso absoluto (bajo aunque creciente) de la HPE en los principales journals de economía (Fogarty, 1998). Aunque el escaso, justo o escesivo tratamiento suele ser tema de controversia de acuerdo a la forma de recortar la muestra (por journal, por tema principal, por tema secundario, por rango de fechas, etc.), no parece ser un argumento convincente quitarle peso la asignatura del currículo de grado debido al hecho que no sea un tema tratado en la actividad académica de revistas, sino muy por el contrario - si estos datos son ciertos y el criterio es válido – habría que prestarle más atencion durante el grado. Pero no nos quedamos con semejante argumento porque las actitudes miméticas en economía no han mostrado buenos resultados hasta ahora.

Eric Roll en la introducción a su “Historia de las doctrinas económicas” parece responder a las anteriores acusaciones,

“…las exigencias del estudio de la economía moderna presentan dos graves peligros. En primer lugar, las intrincadas sutilezas de la teoría moderna pueden hacer que el alumno olvide la naturaleza esencialmente práctica de su disciplina…El estudiante contemporáneo de economía puede, también, perder de vista la aportación que su materia ha ofrecido, y sigue ofreciendo, a la corriente general del pensamiento humano.” (Roll, 1994, p. 14)

A ello debemos sumar la crítica de las categorías y métodos de estudio son mucho más efectivos teniendo perspectivas de lo que ha sucedido.

“Cuando Schumpeter defendió la historia del pensamiento económico que estaba pensando en la historia del análisis económico, mientras que casi todos los argumentos posteriores para la enseñanza de la historia del pensamiento económico, como los de Stigler y Boulding que acabamos de discutir, han sido sobre la historia de las doctrinas económicas: la relación de la teoría económica a la política económica, la influencia de los prejuicios sociales, filosóficas y políticas sobre las ideas de desarrollo económico, los puntos de vista metodológicos de los grandes economistas, la sociología de la profesión económica, la difusión internacional de ideas económicas, y similares a nivel de todo que van preguntas sobre la historia de las ideas que se aplican a la economía. Desde esta perspectiva más amplia, en el caso de la enseñanza y el estudio de la historia del pensamiento económico es fácil de hacer. De hecho, es la única manera de dar a los estudiantes un sentido del lugar de la economía en la comunidad más grande de la ciencia social, y elevar las famosas preguntas de las ventajas y desventajas de una división del trabajo intelectual.” (Blaug, 2001, p. 150)

Blaug está reconociendo simplemente que el conocimiento tiene varias dimensiones, la política, metodológica, histórica, etc. pero se inclina por la reconstrucción racional de la historia la analítica en lugar de la histórica. La forma en que hacemos historia del pensamiento, de las ideas, teorías, de las doctrinas o del análisis económico cambia las perspectivas entre las construcciones del pasado. Si eligiéramos la opción de Blaug, no sólo continuamos con el problema de la interpretación histórica (disminuido) sino que adquiriríamos otros que creemos de mayor envergadura, los del lenguaje y la construcción de sentido. La trampa interpretativa contra estos argumentos nos acusaría de la imposibilidad de pensar el pasado cerca de lo que realmente fue debido a que nuestras experiencias modernas nos impregnan de presente, entonces –se dice – será mejor sincerarse a leer el pasado directamente desde el presente[2]. El enfoque se acerca a la dicotomía entre el relativismo o el absolutismo ¿Es preciso ponernos en relación ante semejantes dicotomías? ¿Porqué no buscar la ruptura del discurso en lugar de la regularidad? O de otro modo completamente distinto ¿Por qué nos perderíamos de una biografía intelectual como una parte – aunque pequeña tal vez – de comprender el pensamiento económico? ¿De qué forma podríamos poner en evidencia los debates sino es interpretando el contexto?

Debe notarse que Blaug utiliza una forma particular del análisis económico de Schumpeter. Sin embargo es preciso reconocer la discusión sobre la “visión” y las “cajas de herramientas” de Schumpeter[3] y expresar acorde a Dobb que

“…parece ser que la distinción que Schumpeter trataba de hacer entre la economía como análisis puro y la economía como visión del proceso económico, dentro del cual entran el sesgo y la coloración ideológica, no puede ser sustentada, a menos que el primero quede restringido al marco formal, simplemente, de afirmaciones económicas, y no a la teoría económica como proposición sustancial respecto de las relaciones reales de la sociedad económica…” (Dobb, 1998, p. 49)

Por lo que afirmaba que la economía es una ciencia deductiva y por lo tanto, lo central de aquella son sus conceptos. Pero estos no pueden ser estudiados separados de los problemas que pretenden resolver, es por ello que – para este autor - el estudio de las escuelas de pensamiento económico constituye uno de los primeros pasos para la compresión de la economía.

Llevando un caso de categorías al uso de la HPE tenemos que por no distinguir entre excedente y riqueza se le acusa al historiador o estudiante de pensamiento un tipo de trabajo social estéril mientras que aquel que comporta su estudio hacia una tecnicatura, en la medida que esté puesto en relación a la producción de excedente tiene un derecho de adquirir el subsidio social de la universidad pública. La función práctica a la que refiere Roll es la de la transformación social, muy distinta a la función técnica que aunque sea necesaria según el caso no es competencia de la ciencia sino de otro tipo de formación que ni siquiera estamos discutiendo ahora.

Recientemente The Institute for New Economics Thinking (Johnson, 2012) se preguntaba a quién debían servir los economistas ¿intereses de los poderosos o a la sociedad? Resulta paradójico que la institución que gravita sobre la figura de George Soros sea co-comandante de las críticas a la formación del pensamiento actual y que sea una pregunta tan burda que casi no merezca respuesta. Sin embargo, la sensación del deber responderla – no sólo personal – sino de muchos colegas, deja en evidencia el desastre institucional en que se encuentra el estado actual de nuestra ciencia[4]. La pregunta que separa al profesional del científico es interesante para la historia del pensamiento económico por varias razones.  Se supone que aquel que profesa una disciplina es precisamente aquel que no la cuestiona, aquel que toma sus postulados básicos y los aplica a una forma de trabajo predeterminada, el dogmático. El perfil científico es precisamente el contrario, el que realiza una crítica de las formas en que se le entregan las cosas. No acepta las predeterminaciones, sino hasta haberles pasado el filtro del dogma comentado anteriormente. Los caminos a seguir parecen ser: HPE para el científico pero no para el profesional. De otro modo, se ha clasificado a los economistas de tres tipos: los creadores, los transmisores y los aplicadores, entre los primeros están aquellos que hacen ciencia, mientras que los últimos aparecen los que trabajan en la industria y el gobierno. Ciencia por un lado y bienes y servicios por otro, reconociéndose que en última instancia la ciencia debe ser útil (Spengler, 1968, p. 14). El argumento es potente, ya que si los bienes y servicios son útiles por su naturaleza, la ciencia puede no serlo, entonces ¿Qué harán los economistas? Si el perfil profesional se debe guiar por el “mainstream” internacional, hemos de comprobar que esta actividad no ha caído en interés de las instituciones que dominan el saber, por otro lado, entre las cuatro actividades más demandantes de economistas, se encuentra la enseñanza, superando ampliamente los sectores de la actividad económica más tradicionales como construcción, industria manufacturera, agricultura, ganadería, caza y silvicultura, electricidad, gas y agua, comercio y transporte, entre otros (Rozenwurcel, 2007, p. 50), por lo que los argumentos corrientes que pretenden quitarle peso a la materia no son siquiera coherentes en sus propios términos.

Debemos reconocer el hecho que no estamos formando una nueva estructura institucional, sino que estamos pensando en los cambios que debe sufrir la estructura existente. El perfil del economista (no digo el perfil teórico que será discutido en la última parte del trabajo, sino del perfil real) es un perfil profesional, en general[5].  Cuando a un economista le preguntan ¿Qué es la economía? Y no dispone de los medios sugeridos por las historias del pensamiento económico, seguramente no podrá responder más que dogmáticamente que la economía es la ciencia que estudia la administración de recursos escasos entre usos alternativos[6], etc.- ¿Se encuentra en el perfil del egresado la necesidad de comprender qué es su ciencia? ¿Es posible responder a esa pregunta sin conocer los caminos que han seguido sus conocimientos? ¿Sin conocer el estado actual de los debates sobre los problemas económicos y sociales? ¿Desconociendo por completo al resto de las ciencias sociales? Eliminarle la posibilidad de conocer a nuestros estudiantes de economía, independientemente que la función social[7] que asuman tiene una justificación posible: creer que la ciencia ha llegado a un consenso generalizado y por lo tanto algún manual moderno nos ha ahorrado el paso de definir la Economía o, en su versión más refinada, a creer que las formas de aproximarse a la realidad son únicas, es decir, que los objetos de estudio y los métodos son cuestiones secundarias, - se dice - como la realidad es una sola, basta con observarla. Llamativamente es una característica que comparte la ortodoxia evolucionista con ciertas formas de marxismo con la enorme diferencia que los primeros han ganado el discurso económico.

La economía desprovista de su historia, como ciencia y como procesos, sólo va a reconocer la selección natural de aciertos como una construcción única. La selección natural entre teorías alternativas. Dejar la HPE a la historia de la ciencia fuera de las facultades de ciencias económicas contribuye a consolidar esta visión. El capitalismo muestra constantemente lo contrario pero no sólo para la “economía del nuevo milenio”, la “economía moderna” o como se le quiera rotular a eso que ordinariamente llamamos ortodoxia. ¿Es éste el proceso mediante el cual una serie de teorías se vuelve dominante? ¿Es competencia de la HPE comprender cómo y porqué las teorías se vuelven dominantes? ¿Qué y para qué realidad recortamos?? ¿Quién se ocupa de las ideas que no han ganado? No parece necesario realizar esfuerzos en anunciar que las ideas que han ganado hoy, nos hacen perder oportunidades históricas como lo han hecho en gran parte de la historia de las crisis del capitalismo. Si existen crisis del pensamiento es porque hay períodos de regularidad. Si la historia del pensamiento económico se vuelve dogmática ¿quién estudia sus crisis?


[1] Ver Blaug (2001), Fogarty y Naples (1998) y Gallardo (2004), entre otros.
[2]Es preciso notar que la posición “intermedia” que propone Gallardo (2004) tampoco satisface el requerimiento de la dirección y el sentido, que en definitiva aporta a la heurística de la HPE.
[3] Puede consultarse una línea similar de crítica a los argumentos de Schumpeter en Jensen (1985).
[4] El hecho que sea costumbre preguntar a los directores y altos gerentes de compañías privadas sobre el tipo de fuerza de trabajo que precisan contratar refuerza la pregunta que se hace el INET. ¿Debemos preguntarles a aquellos que en semejante período de crisis han mostrado todas y cada una de sus incapacidades para dirigir virtuosamente al sistema de producción de riquezas? No importa si son incapaces porque pese a sus conocimientos nada pueden hacer o si solamente no saben que hacer.
[5] Un breve repaso de los principales planes de estudio arroja una idea inicial, sin embargo, debe consultarse el estudio de casos particulares, para ello se aconseja una lectura crítica de Rozenwurcel, Bezchinsky y Rodríguez Chatruc (2007), Jornadas de Economía Crítica (JEC), 2010, Rikap y Arakaki (2011), Teubal (2000) y Asiain, López y Zeolla (2011) entre otros.
[6] Como las Fronteras de las ciencias se desplazan, la economía no se puede definir por tema ni por método, por lo que no es posible dar una definición completa de la economía política “Lo más parecido a una definición será la enumeración de los terrenos hoy día reconocidos en la práctica didáctica…siempre hay que dejar abierta la posibilidad que en el futuro se añadan o se retiren temas de cualquier lista que se estableciera hoy como completa.” (Schumpeter, 1982, p. 45)
[7] Termine siendo la de mano de obra barata de las consultoras económicas, la de un egresado con perfil científico tecnológico que se incorpora a las carreas existentes, la de un profesional independiente, etc. ¿Qué hacen hoy los economistas?

sábado, junio 16

La historia del pensamiento económico y su aporte al estudio de los escenarios actuales

¿Textos originales o libros de texto? Una parte relevante de la HPE ha estudiado los procesos poniendo eje en los autores y en sus libros de textos. Autores, textos y la necesidad reflexiva del docente ha sido objeto de estudio de la didáctica y pedagogía[1]. Generalmente se hace referencia al uso y abuso de autoridad de los libros originales, y sobre todo de los autores. Pero estas generales de la pedagogía rara vez podrían aplicar cuando el objeto de estudio es precisamente el “pensamiento” (o las “formas discursivas”) es allí donde autores y textos cobran centralidad. Propongo dos casos tomados del tratamiento de David Ricardo, donde entiendo que puede haber riesgos de simplificar las categorías por tomar interpretaciones de lo expresado efectivamente.
En primer lugar, Ekelund y Hébert analizan el escenario de producto total y el producto “marginal” en el cultivo extensivo e intensivo del esquema ricardiano estableciendo como patrón a la undiad conjunta “capital y trabajo”, en lugar de hacerlo sólo con trabajo. Asignan caracteristicas de cambios “marginales” a la producción y hablan de escenarios de “optimización” y afirman que ha persistido una interpretación de Ricardo en términos del valor trabajo cuando en realidad, en Ricardo, “hay poco o nada en favor de esta interpretación”, ellos prefieren denominarla una teoría del “costo real” donde el trabajo es el factor más importante. (Ekelund, 1992, p. 158/9). Por otro lado, John M. Ferguson ha ido un poco más allá afirmando que dicho autor afirmó que existen “tres factores de producción” de la riqueza correspondientes a las tres clases clásicas. Sin poner acento en la escacez o el trabajo, Ferguson indica que que el valor de cambio – en Ricardo - se debía a ambos y afirma que

“no hay teoría-trabajo o teoría- trabajo cuantitativa del valor, como muchos lectores de sus Principios han supuesto por error. Afrimó de manera expresa que los articulos tendrán valores relativos diferentes de sus costos de trabajo relativos, si en la producción de estos artículos el trabajo y el capital se emplearon en diferentes proporciones” [El subrayado es mío] (Ferguson, 1948, p. 104)

Independientemente del grado de conformidad con las interpretaciones de ambos historiadores del pensamiento, no resulta casual que ambos textos contengan un envase moderno con contenido pasado con expresiones como “factor de producción”, “optimo”, “marginal”, capital como algo distinto de trabajo pretérito, etc. y lleguen a similares conclusiones.

Pero acerquemos un poco más la cuestión, Hyman P. Minsky en su re-interpretación de la revolución keynesiana, destina los primeros dos capítulos a realizar una síntesis de las transformaciones de la “Teoría General…”  en manos de Hicks, Hansen, Samuelson, Patinkin, Modigliani y Friedman, entre otros. Pero semejante apreciación no corresponde solamente al ambiente académico ni solamente a Minsky, ya que todo el conjunto de los llamados postkeynesianos han pretendido reinterpretar a Keynes en sus términos originales ¡Keynes ha sido uno de los economistas más retocados de la HPE! ¿Qué otra asignatura debería asignar un espacio para leer la “Teoría general…”? Si como afirmaba J. M. Keynes,

“…las ideas de los economistas y los filósofos políticos…son más poderosas de lo que comúnmente se cree…Los hombres prácticos, que se creen exentos por completo de cualquier influencia intelectual, son generalmente esclavos de algún economista difunto. Los maniáticos de la autoridad, que oyen voces en el aire, destilan su frenesí inspirados en algún mal escritor académico de algunos años atrás…Pero tarde o temprano, son las ideas y no los intereses creados las que presentan peligros, tanto para el mal como para el bien.” (Keynes, 2001, p. 314)

¿Alcanzaría con la voz del economista más influyente del siglo pasado para acordar nuestras discusiones? ¿Habría cambiado algo si hubiéramos hecho referencia al capítulo veintitrés de su “Teoría General…” donde retoma lo que hay de “verdad científica de la doctrina mercantilista”? ¿Alcanzaría la voz del economista más relevante del siglo XVIII? recordando que fue Adam Smith quien en su libro cuarto estudió “los sistemas de economía política” anteriores, o con el autor más influyente del siglo XIX y sus tres tomos de “Teorías sobre la Plusvalía”, la HPE de Marx ¿Deberíamos señalar el apéndice de los “Principios de Economía” sobre el “desarrollo de la ciencia económica” de Alfred Marshall? No hace falta aquí volver a enunciar todas las obras de Joseph Schumpeter y Maurice Dobb que tratan sobre el tema. Pero esto no es cosa del pasado, en la “Introducción a la Economía Moderna”, Joan Robinson y John Eatwell han creído conveniente dedicar el libro primero a las doctrinas económicas, John Kenneth Galbraith ha preferido dedicarle un volumen completo de “Historia de la Economía” entre otras publicaciones, John Hicks y “Una Teoría de la Historia Económica” entre muchos artículos relacionados a la temática. Lionel Robbins ha publicado “Una Historia del Pensamiento Económico” y, entre otros ensayos, Walt W. Rostow con “Interrelación de Teoría e Historia Económica”. Si hay algún economista de nuestras latitudes condecorado por la academia internacional ese ha sido Raúl Prebisch, quien, pese a haberse destacado como un político-económico preocupado por el contexto, además de haber escrito una obra sobre la economía de John M. Keynes, nos ha dejado uno de los artículos más citados sobre el desarrollo de sus ideas titulado “cinco etapas de mi pensamiento sobre el desarrollo”, es decir, ha construido su propia historia del pensamiento[2]. En “El subdesarrollo latinoamericano y la teoría del desarrollo” (1979), Sunkel y Paz estudian el tópico “desarrollo” a la luz de las contribuciones más relevantes de la economía política de forma similar a Celso Furtado en “Desarrollo y Subdesarrollo” (1964), ubicando a la teoría latinoamericana en relación a los clásicos, Marx, Neoclásicos y Keynes entre otros. Claro que aunque señalemos los cientos de ejemplos que hay sobre el tema, la voz autorizada no será suficiente. Lo anterior pretende simplemente despertar el interés de quienes aún creen que la historia del pensamiento económico pertenece a los anticuarios del conocimiento ¿Cómo es posible seguir desconociendo su capacidad heurística a la luz de las evidencias?

Parece difícil que alguna idea pueda ser aprendida sin conocer su desarrollo, porque éste le da jerarquía, la pone en relación con otro monto de ideas, le propone espesor histórico en oposición al lógico-metodológico. ¿Qué decir de las interpretaciones estatistas de Keynes entonces? ¿Qué decir del reemplazo por la síntesis keynesiana en los manuales de macroeconomía? ¿Y de la interpretación y re-interpretación de Hicks? ¿Por qué el estudio de Keynes sin revisar el capítulo veinticuatro de su teoría general? ¿Explicaríamos mejor sus teorías si las pusiéramos en relación al conflictivo período entreguerras y a otras escuelas? ¿No lo hacemos con el monetarismo y su contra-revolución? ¿Por qué razón no se pone en debate al resto de las ideas? Esta propuesta no sólo pretende poner en evidencia la historia al interior del marco teórico sino en relación con otros marcos y con los acontecimientos sociales. ¿La historia económica estudiada en todos los planes de estudio pone en evidencia los debates teórico (que por supuesto es político) en los distintos contextos ya sean mundiales, regionales o nacionales?

Las proyecciones corren con el riesgo de deformar y con ello cambiar el significado y el sentido que ha tomado determinada teoría puesta en relación con su contexto. La función de la historia del pensamiento económico no es la de proyectar como si estuviéramos construyendo un puente, sino la de provocar a las capacidades interpretativas lo más ajustado posible al curso real de los acontecimientos pasados. Si quisiéramos proyectar podríamos hacerlo de muchas maneras, pero podemos estar seguros que la teoría se volverá otra cosa y que las potencialidades interpretativas de los estudiantes se verán reducidas a lo que se le ocurre mostrar al docente. Si quisiera conocer que ha dicho Keynes sobre la distribución del ingreso en al reproducción del sistema, los manuales de macroeconomía me responderían de cualquier forma, incluso me darían respuestas que Keynes no ha dado. Ahora, si a esos esquemas les pregunto por las funciones sociales de los propietarios, los empresarios y los asalariados ¿Qué nos devuelven? Nada. Es cierto que las interpretaciones son inevitables ¡claro que sí! Pero ¿en qué códigos? La retórica del economista fue puesta en relación a varias funciones del economista, entre la que se encuentra la de transmitir conocimiento, ya que las teorías “nunca mueren aun cuando sean suplantadas por otras…una teoría no necesita ser utilizada para continuar estando vigente” (Zalduendo, 1995, p. 393). Pese a la defensa de la producción de manuales que hace Zalduendo y que acordemos que las interpretaciones son necesarias, resulta que el “vino viejo en nuevos envases” sabe distinto, por lo tanto, las interpretaciones no son suficientes, mirando lo mismo vemos cosas diferentes, mirando cosas diferentes queremos explicar lo mismo, usando palabras iguales significamos cosas distintas, etc.

El cambio del sentido y el significado es provocado por la proyección hacia escenarios donde no fueron producidos ni transmitidos esos pensamientos, pero también por el cambio del canal por donde se están transmitiendo ahora. Usando nuestra metáfora, será distinto el sabor de nuestro vino añejo en una botella de vidrio, de plástico o de metal, todos sabores distintos porque el medio ha cambiado. Ocurren semejantes cosas cuando se pretende matematizar conceptos que no fueron diseñados para ello. ¿De que forma podríamos poner en fórmula las cualidades del valor de cambio? ¿Cómo expresar el contenido de las actividades y las necesidades en Marshall? ¿De qué manera produciríamos la formulación de las relaciones sociales en este autor? Aquellas en que “una catedral es más que las piedras que la forman” ¿Cómo cuantificaríamos la “la conveniencia social general” de Keynes? ¿Hemos saldado la discusión acerca del uso del lenguaje matemático para expresar nuevas ideas?[3] ¿No era que debíamos unir nuestros mensajes al resto de las ciencias sociales buscando la potencial integración de disciplinas para explicar nuestras perspectivas sobre el mundo? ¿De qué forma nos podríamos comunicar con los sociólogos, politólogos, filósofos, psicólogos, etc. sino a través de códigos comunes? Hay una cita que es preciso rescatar a estos efectos y que muestra por qué los economistas nos debemos aún cierta humildad que sólo nos puede dar el contacto con otros científicos sociales[4].

Al afirmar que los discursos difieren entre épocas y al evitar caer en al tentación de la proyección temporal o de la deformación de las categorías por un traslado hacia un lenguaje técnico, al menos podremos aceptar que las ideas se vinculan a estructuras, y en la medida en que ellas subsisten en mayor o menor medida (aunque no iguales) conservan cierto grado de vigencia. Por lo que la función pedagógica y didáctica asume de nuevo un papel preponderante, pero aquello es interpretativo del estudiante. Debemos reconocer que esa función es cubierta por el estudio espacial (regiones, países), si reconocemos el vínculo con los problemas económicos que nos rodean ¿Por qué son prácticamente inexistentes las asignaturas de la HPE nacional o regional? ¿El argumento de la cercanía de los problemas aplica de forma directa a la construcción de la HPE más cercana? ¿Quién estudia las ideas en América Latina? Infelizmente la HPE propone pocas veces el escenario del debate y el seguimiento del debate mismo. Resulta que no ha sucedido ni el estudio sistemático de los debates teóricos contemporáneos[5] ni el estudio de las ideas regionales. No hay nada que asegure que en las asignaturas específicas se puedan sostener estos debates de forma plural (el ejemplo de Samuelson no es la excepción sino la regla) ¿Qué estamos haciendo entonces? ¿Sería posible aceptar una crítica de la antigüedad de las ideas siempre que pretenda ser coherente con su argumento y que ofrezca una alternativa? ¿Es en ese terreno que debemos discutir el espacio dentro del currículo? Resulta que siquiera sucede una propuesta superadora con lo contemporáneo y regional. ¿Cuáles son los argumentos que subsisten al recorte de la HPE entonces?


[1] Tal es el caso de Sacristán (1992)  poniendo énfasis en el lugar político del docente y el espacio político del curriculum, realizando la crítica al taylorismo impuesto a los docentes por los manuales. Santos Guerra (1994) propone mediante la “metáfora del nadador” la provocación de incertidumbres como propuesta didáctica junto al rechazo de la ortodoxia de las prescripciones técnicas y, entre otros, Conrad (1979), quien ha analizado los modelos de planes de estudio basados en los “grandes autores”, los “grandes libros” y los “problemas sociales”.
[2] Puede consultarse su versión taquigráfica de la primera clase de “Dinámica Económica” en 1948 donde se hace hincapié en las dos crisis que venia sufriendo la Economía Política (según Prebisch provocada por Marx y luego por Walras y Pareto) entre otros textos de relevancia sobre la HPE.
[3] Desde las críticas de la escuela histórica alemana con Schmoller hacia fines del siglo XIX y los argumentos de Cournot en 1838 hasta hoy siguen ocurriendo estos debates ¿Porqué condenarlos al silencio? “Leontief tabuló los artículos publicados en la American Economic Review entre marzo de 1977 y diciembre de 1981 y determinó que el 54% de sus artículos eran modelos matemáticos sin ninguna observación empírica; 23% extraía inferencias estadísticas de datos recogidos con propósitos diferentes; 12% eran análisis sin formación matemática ni datos y remató señalando que encontró una investigación empírica sobre “la maximización de la utilidad de las palomas”. Desde 1982 Leontief no publica, por propia decisión, más artículos en las revistas académicas de economía.”  (Zalduendo, 1995, p. 395)
[4] Keynes, en la introducción a las Obras Escogidas de A. Marshall, decía que un economista “debe ser matemático, historiador, estadista y filósofo (en cierto grado). Debe comprender los símbolos y hablar con palabras corrientes. Debe contemplar lo particular en términos de lo general y tocar lo abstracto y lo concreto con el mismo vuelo de pensamiento. Debe estudiar el presente a la luz del pasado y con vista al futuro. Ninguna parte de la naturaleza del hombre o de sus instituciones debe quedar por completo fuera de su consideración. Debe ser simultáneamente desinteresado y utilitario; tan fuera de la realidad y tan incorruptible como un artista, y sin embargo, en algunas ocasiones, tan cerca de la tierra como el político.” [Introducción por John M. Keynes] (Marshall, 1949, p. XXII)
[5] En un trabajo práctico desarrollado dentro del marco del curso de Historia del pensamiento económico (UBA) durante el 2011 titulado “Trabajo práctico. Crisis y Pensamiento Económico” se proponía a analizar y sintetizar comparativamente  la crisis presente (2008), en sus rasgos (causa-efecto y desarrollo)  esenciales  tomando para ello dos escuelas o dos autores de la misma escuela. Los autores más nombrados resultaron ser Paul Krugman, Joseph Stiglitz, Alan Greenspan, Olivier Blanchard, Frederic S. Mishkin, John B. Taylor y Nouriel Roubini, prácticamente inexistentes han sido las elecciones de autores Marxistas (a excepción de Shaikh en algún caso), Postkeynesianos, Sraffianos, Feministas, Institucionalistas, etc. Sin embargo, ha habido elecciones de economistas difuntos (Milton Friedman, Paul Samuelson) o de los clásicos de otras disciplinas (R. Solow, A. Sen). Resultaba evidente casi a modo de encuesta por un lado, el predominio de economistas neokeyneasianos o monetaristas, en segundo lugar la falta de reconocimiento general de los debates y por último la elección poco frecuente de algunos economistas menos reconocidos y autores regionales. ¿Es este el sentido y la interpretación de los hechos que estamos construyendo? Realmente no puede ser este ejercicio una prueba contundente de ello, el caso ha sucedido solamente en dos cuatrimestres, sin embargo, es al menos un punto de partida para seguir sospechando ¿Estamos ayudando a evadir las formas de pensar la realidad? ¿Acaso es la historia del pensamiento económico una traba al acceso de esos conocimientos? De ninguna manera los estudiantes son los culpables, han mostrado desarrollar mucho interés por los temas incluso en algunos casos ofreciéndose a continuar con este tipo de trabajos, han presentado con gran maestría sus casos frente a otros estudiantes y han producido textos borradores y finales con excelente desempeño, sin embargo hemos podido notar que la producción escrita es en general poco incentivada en los años anteriores.

viernes, junio 8

Sobre lo dogmático de la historia del pensamiento económico

En un debate reciente sobre el papel de la historia del pensamiento económico[1] en el currículum del economista, entre otros argumentos, se justificó el estudio de la materia como antídoto a las formas dogmáticas de presentar ideas económicas. Es un argumento potente en defensa de la materia en el currículo del economista. Basta con mirar un poco la historia de las ideas para conocer que no siempre se pensó lo mismo ni de la misma manera. Que dentro de un mismo contexto histórico los abordajes difieren significativamente[2], categorías y métodos diversos que conformaron marcos teóricos distintos, junto a ellos, diversos modos de comprender y explicar la realidad y en consecuencia distintas alternativas para transformarla.

Pese a que acordamos en que es uno de los principales argumentos sobre la función de la historia del pensamiento, tenemos que aceptar que la metáfora es ligeramente desafortunada. Esperamos el efecto de un antídoto sobre una cosa ya formada, esto supone que la historia del pensamiento económico viene después de la formación inicial del economista. A pesar que esto podría ser una muy buena caracterización de la situación actual no es necesariamente la única función que tiene, al contrario –como también se ha señalado en dicha discusión- la historia del pensamiento económico tiene un carácter ordenador de las ideas, categorías, métodos y procesos que difícilmente pueda ser reemplazado con otra disciplina[3]. Entonces es un antídoto hoy sobre ciertos abordajes iniciales solamente por su vínculo con su función pedagógica más general: la de poseer cualidades comprensivas (que por ser ordenadoras no descartan el conflicto) de lo económico-político.

Por poseer esta cualidad, la historia del pensamiento económico se puede muy bien volver dogmática. Solamente para citar algunos ejemplos de estos abordajes, podríamos, a modo de  ejemplo, indagar en la “Teoría económica en retrospección” de un historiador con el reconocimiento académico de Mark Blaug cuando afirma que debemos evitar

“tomar la paja por el trigo y a pretender la posesión de la verdad cuando sólo poseen una serie intrincada de definiciones o juicios de valor disfrazados de reglas científicas. Sólo mediante el estudio de la economía moderna resulta posible darse cuenta de esta tendencia.” (Blaug, 2001, p. 784)

Entonces podremos explicar a Smith mediante curvas de oferta y demanda que nunca proyectó y de esta forma legitimar la moderna teoría de la mano de su supuesto fundador. Pero la frase va más allá, solo es posible estudiar, efectivamente, la historia del pensamiento económico mediante la teoría moderna como “poniendo el viejo vino en nuevas botellas”. Las únicas formas de llegar a comprenderla es mediante la historia del pensamiento o mediante la definición (imposición) directa[4]. Se comprenderá que el argumento de Blaug nos lleva a la segunda opción aunque justifica con igual fuerza el estudio de la historia del pensamiento económico, ya que es la que permite separar “el trigo de la paja”[5].
El conocido manual de Makiw al que acceden millones de estudiantes en todo el mundo plantea que

“es inevitable que haya alguna discrepancia entre los economistas, puesto que emiten juicios científicos distintos y tienen valores diferentes. Sin embargo no debemos exagerar el grado de discrepancia. En muchos casos los economistas ofrecen una opinión unánime” (Mankiw, 2002, p. 22)
Y en relación a las barreras a las importaciones se luce indicando que “casi todos los economistas se oponen a esas barreras que obstaculizan el comercio” debido a que reducen el bienestar. Pero ¿De donde saca semejantes afirmaciones este reconocido economista? La fuente citada es “Is There a Consensus among Economists in the 1990's?” publicada en 1992 por Richard M Alston, J R Kearl y Michael B Vaughan. Claro que Mankiw olvida primero indicar que tal generalización está arrebatada de una encuesta que recorta una parte importante de economistas estadounidenses (1.350 economistas consultados de los que respondieron solamente el 34,4%!) donde que menos del 12% pertenece a grupos probablemente críticos del libre comercio. Aunque Mankiw no lo quiera notar, en caso de validarse su consenso podríamos utilizar mucho mejor tales afirmaciones para concluir que los programas de estudio en EEUU no proponen la pluralidad de ideas o que las únicas opiniones que merecen ser escuchadas son las de los economistas norteamericanos - y no la de los mexicanos - con el mismo nivel de rigurosidad que el planteo de su proposición.

Paul Samuelson en su clásico “Economía” nos tranquiliza momentáneamente citando lo mucho que se hubiera perdido la economía de haberle hecho caso a las afirmaciones de J. S. Mill sobre la síntesis de la teoría del valor y afirma que los historiadores de la ciencia muestran que el progreso es discontinuo, sin embargo, antes de solamente presentar a los clásicos, Keynes y las diversas versiones del monetarismo, como aquellas escuelas que discuten la reproducción agregada, Samuelson, trazando una recta que va de Ricardo, Mill, Marhsall, Pigou, Keynes, Friedman, Lucas, Sargent y Barro[6], dice,

 “En este libro, la filosofía es considerar todas las escuelas de pensamiento. Se tiende a ver el enfoque keynesiano convencional como la mejor manera de explicar el ciclo económico en las economías de mercado. Pero las fuerzas detrás del crecimiento económico en el largo plazo se entienden mejor si se emplea el modelo neoclásico” (Samuelson, 2006, p. 662)
Como advierten Gide y Rist (1949), en otro extremo se señala que las ideas no son más que el resultado impuesto de los acontecimientos históricos, entonces, las formas ideales, dificilmente puedan siquiera torcer el curso de la historia por lo que su lugar en el estudio de las ideas en economía política resulta exagerado. Tenemos que la primera aproximación nos lleva a la eliminación de los hechos y la segunda a la de las ideas. Lo que ambas comparten en es la intención de descifrar ideologías de las “verdaderas” teorías de la búsqueda de la evolución del pensamiento hasta el estadío superior o superador a través del descubrimiento de un avance casi mecánico[7]. Pero para responder a estas concepciones debemos estudiar la historia del pensamiento, porque incluso ambas posiciones tienen su historia.

Un ejercicio interesante para plantear a ambos dogmatismos parte de las condiciones de la crisis actual. Pocos estarían en desacuerdo en que el estado de nuestra ciencia ha llevado una parte de culpa sobre la actual crisis económica puesta en evidencia a partir del 2008. Del mismo modo, al reconocer que el estado de los conocimientos dominantes sobre esta materia ha influido en esta catastrófica realidad, se borra todo tipo de acusación estéril a las formas ideales que, aunque sean acusados de reproducir “falsos reflejos”, son evidentes transformadoras de la realidad.



[1] El debate fue presentado por Leandro Haberfeld donde participaron como expositores Pablo Levín de la FCE-UBA y José Streb del CEMA.  Se podrá consultar el audio en http://foroseconomiauba.blogspot.com/
[2] Un ejemplo de ello fue abordado en un trabajo presentado en las JEC III sobre el pensamiento crítico previo a Marx durante los debates clásicos.
[3] ¿Como ordenar? El Journoal of Economic Literature (JEL) publica sus códigos de campos agrupando diferentes ámbitos de competencia de nuestra ciencia, actualmente representan 20 categorías generales de las cuales cada subcategoría posee aproximadamente más de 20 temas específicos, es decir, cerca de 400 “especialidades”. Para la historia del pensamiento solamente tenemos:
B Escuelas de pensamiento económico y metodología
• B0 Generalidades
o B00 Generalidades
• B1 Historia del pensamiento económico hasta 1925
o B10 Generalidades
o B11 Escuela preclásica
o B12 Escuela clásica
o B13 Escuela neoclásica hasta 1925
o B14 Socialismo ; Marxismo
o B15 Escuela histórica ; Institucionalismo
o B16 Historia del pensamiento económico :
métodos cuantitativos y matemáticos
o B19 Otros
• B2 Historia del pensamiento económico desde 1925
o B20 Generalidades
o B21 Microeconomía
o B22 Macroeconomía
o B23 Econometría ; Estudios cuantitativos
o B24 Socialismo ; Marxismo
o B25 Escuela histórica ; Institucionalismo ;
Evolucionismo
; Escuela austriaca
o B29 Otros
• B3 Historia del pensamiento : figuras individuales
o B30 Generalidades
o B31 Figuras individuales
o B32 Necrológicas
•B4 Metodología económica
o B40 Generalidades
o B41 Metodología económica
o B49 Otros
• B5 Enfoques heterodoxos actuales
o B50 Generalidades
o B51 Socialismo ; Marxismo ; Modelo de Sraffa
o B52 Institucionalismo ; Evolucionismo
o B53 Escuela austriaca
o B54 Economía feminista
B59 Otros


[4] Un hecho notable para interpretar esta imposición directa lo revela el apartado que analiza Frederic Lee sobre los libros de textos norteamericanos entre 1899 y 2002 de donde surge que hasta 1940 solamente el 19% de los 26 manuales definía la economía en relación a la “asignación de recursos escasos”, ese porcentaje se elevó al 81% antes de 1970 y en el 2002 ya 37 de los 43 manuales (86%) mantenían esta definición. (Lee, 2009, p. Tabla 1.1).
[5]  ¿Qué actitud respecto de la historia del sistema debemos esperar de esta afirmación? ¿Cual es la paja y cual es el trigo? “En otras palabras, podemos acordar que el capitalismo no es un sistema edificante, es grosero brutal y moralmente reprensible pero sí entrega los bienes y en el análisis final son los bienes lo queremos!” [la traducción es mía] (Blaug, 1994, p. 14)
[6] Aunque amplia su base a A. Schwartz, J. Stiglitz y E. Phelps.
[7]Resulta poco probable probar al mismo tiempo la falta de evolución en la historia del pensamiento económico, o del desarrollo de las ideas económicas y declarar la vigencia del evolucionismo en economía. Sería poco fuctifero intentar acomodar el concepto al desarrollo real de los acontecicmientos. El concepto de evolución ha tenido siempre diversos abordajes, sin embargo, la primera connotación es referida recurrentemente a Darwin y para ser sinceros, no es preciso seguir forzando el concepto cuando nuestra descripción de los hechos no tiene que reducirse a una palabra, ni a dos, sino a las que hagan falta. Si como indica Sánchez Puerta (2000), la evolución requiere al menos tres componentes esenciales: 1) variación entre las especies, 2) principio hereditario y 3) la supervivencia tiene lugar porque las especies tienen mayor cantidad de hijos o porque sus genes se preservan para aventajar al resto de las especies ¿Deberíamos concluir que la ortodoxia subsiste más por “tener más hijos”? ¿por ser teóricamente más consistente o ventajosa? Así estaríamos exponiendo la consecuencia y por lo tanto, no estaríamos explicando el proceso político por el cual un determinado corpus teórico subsiste y se vuelve dominante. Esta caracterización elimina uno de los componentes políticos que tiene nuestra disciplina.