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jueves, enero 23

Los journals de economía y sus expertos: nota para el estudio de los métodos para fijar creencias


Los trabajos relacionados a revistas de economía en los medios académicos más difundidos se orientan a contabilizar productividades en un conjunto cerrado de revistas científicas principalmente de la academia norteamericana y británica . Las plataformas de análisis generalmente son: el Journal of Economic Literature[1], en cuya función principal recae el observar lo escrito bajo la disciplina económica, y las revistas específicas que tienen su propio interés en revisarse en la historia. Entre los tipos de trabajo que parecen haber dominado este campo encontramos 1) la reflexión sobre la historia de alguna revista, 2) el estudio de tendencias en las publicaciones junto al impacto de las ideas expresadas y 3) el análisis de cuestiones editoriales.
Los tres párrafos que siguen apuntan a explicar casos de estos estilos identificados, a pesar de que no pretenden resumir todo lo publicado sobre la temática, se considera una aproximación a hechos estilizados del tratamiento de revistas académicas en los medios condicionantes[2].
Para el caso 1), Arrow et al. (2011) producen una selección de artículos publicados por American Economic Review (AER) en sus primeros 100 años basados en criterios de relevancia e influencia que tuvieron esos textos en los economistas profesionales. Cobran importancia los nombres (muchos de ellos premios en honor a A. Nobel) y el conteo de citaciones. Stiglitz (2012) y Pressman (2013) cuentan la historia como fundadores del Journal of Economic Perspectives (JEP) y Review of Political Economy (ROPE) respectivamente teniendo presente el mercado de journals con el que compiten sus editoriales, desde una perspectiva personalista. Mientras que Coats (1969) orienta su análisis al perfil de textos publicados, autores y contexto institucional del AER.
En el caso 2) se encuentran los estudios sobre tendencias, allí Coats (1971) realiza uno de los primeros trabajos en esta línea al mostrar los cambios en el modo de realizar aportes científicos y la necesidad de encontrar esos cambios en los journals a partir de la década de 1950. Si bien el autor realiza sus estudios mediante intensidad de uso de ciertos artículos, lamenta que al momento no existieran indexaciones (como posteriormente será el SCI) para el estudio de la sociología de la economía. Otra influyente publicación de Liebowitz y Palmer (1984) examina el impacto de los principales journals a nivel mundial mediante el Science Citation Index, señalan una corto estado del arte en la cuestión de dichas mediaciones y sus resultados muestran un mercado de ideas concentrado en escasas publicaciones norteamericanas y británicas. Por otro lado, Figlio (1994) estudia rangos de journals acorde a su calidad (basada a su vez en sus citaciones, prestigio e afiliaciones institucionales). El autor revela diferentes enfoques para evaluar de los primeros diez journals de mayor calidad[3]. Similares criterios de éxito utilizan los trabajos de Laband (1990) y Kim, Morse y Zingales (2006) basados en rankings y citaciones, estos últimos, estudiando que ha interesado a la economía desde 1970. Los trabajos de Eagly (1975) y de Pieters y Baumgartner (2002), a diferencia de los trabajos anteriores, usan las citaciones para conocer el impacto y la comunicación que existe entre los diferentes journals, diferentes temáticas y disciplinas (economía, psicología, etc.) respectivamente. Pretenden comprender el grado de multidisciplinariedad en las publicaciones económicas, siempre circunscripto al dominio de un grupo cerrado y pequeño -aunque concentrado- de journals. En el primer caso, el uso de citaciones le ha valido al autor para identificar centros y perifereias en la prduccion y difusion del conocimiento. El útimo trabajo estudiado sobre este estilo corresponde a Card y DellaVigna (2013) cuyo propósito es estudiar grandes tendencias de los primeros cinco journals en los últimos cuarenta años, además del impacto de citaciones, estudian ciertas reglas editoriales de publicación a través de tiempo.

Los casos 3 son aun más comunes y corresponden a diversas preocupaciones editoriales, en nuestro trabajo, asociadas al hacer economía política. Day (1989) concentra su atención en la audiencia de las publicaciones, reflexionar sobre el trabajo de los editores y los roles de las revistas y libros en la profesión de economista, identificando elites en la publicación que mantienen barreras de entrada en el mercado de ideas o, mejor dicho, en el mercado de reputaciones. Las ideas, dice, son primeramente publicadas en journals y luego forman parte de los libros. De este modo, la inserción profesional, vía la actualización de conocimiento, queda asociada directamete a la lectura de revistas.  Otros trabajos estudian por un lado, los problemas de los procesos de recolección, edición, publicación de artículos (Trivedi 1993), aspectos de formación de precios y fallas de competencia en el mercado de revistas acaémicas (Edlin y Rubinfeld 2005) o la revisión de las nuevas formas de difusión de conocimiento (Ekwurzel y McMillan 2001).


[1] El Journal of Economic Literature (JEL), es una publicación de la American Economic Association que se publica desde 1969 y está orientado a gestionar información de diversos medios (tesis, libros, artículos, etc.) para los economistas.
[2] Se utiliza el término condicionante en lugar de dominante en este caso, porque de los pocos trabajos que existen en el país, se considera relevante el uso de citaciones y medidas de productividad científica aunque escasas referencias a estas revistas.
[3] Hay que resaltar que el ranking de journals tiende a ser relativamente estable entre los trabajos que los estudian, principalmente por el uso de la base de datos Social Science Citation Index como su medida de éxito. Puede consultarse una crítica de dicha base de datos en Klein y Chiang (2004) y una crítica del uso de citaciones para medir lo relevante en Lee (2009).
 
Bibliografía:
ard, D. y. (2013). Nine Facts about Top Journals in Economics. Journal of Economic Literature, 51(1), 144–161.
Coats, A. W. (1969). The American Economic Asociation's publications: An historical perspective. Journal of Economic Literature, 7(1), 57-68.
- (1971). The Role of Scholarly Journals in the Hisory of Economics: An Essay. Journal of Economic Literature, 9(1), 29-44.
- (1993). The sociology and profesionalization of economics. British and american economic essays. Volumen II. London: Routledge.
- 1996). Introduction. En A. W. Coats, The Post-1945 Internationalization of Economics (págs. 3-11). Durham and London: Duke University Press.
Day, C. (1989). Journals, university presses, and the spread of ideas. En D. C. Colander, The spread of economics ideas (págs. 61-74). Cambridge: Cambridge University Press.
Eagly, R. V. (1975). Economics Journal mas a Communications Network. Journal of Economic Literature, 13(3), 878-888.
Edlin, A. S. (2005). The Bundling of Academic Journals. American Economic Review, 95(2), 441-446.
Figlio, D. (1994). Trends in the Publication of Empirical Economics. The Journal of Economic Perspectives, 8(3), 179-187.
Kenneth J. Arrow, B. D. (2011). 100 Years of the American Economic Review: The Top 20 Articles. American Economic Review, 101(1), 1-8.
Kim, H. E. (2006). What has mattered to economics since 1970. The Journal of Economic Perspectives, 20(4), 189-202.
Klein, D. B. (2004). The Social Science Citation Index: A Black Box—with an Ideological Bias? Econ Journal Watch, 1(1), 134-165.
Laband, D. N. (1990). Measuring the Relative Impact of Economics Book Publishers and Economics Journals. Journal of Economic Literature, 8(2), 655-660.
Lee, F. (2009). A History of Heterodox Economics. Challenging the mainstream in the twentieth century. New York: Routledge.
Liebowitz, S. J. (1984). Assesing the Relativa Impacts of Economic Journals. Journal of Economic Literature, 22(1), 77-88.
Pieters, R. y. (2002). Who Talks to Whom? Intra- and Interdisciplinary Communication of Economics Journals. Journal of Economic Literature, Vol. XL, 483-509.
Pressman, S. (2013). The Review of Political Economy at 25: Past, Present and Future. Review of Political Economy, 25(4), 533-543.
Stiglitz, J. E. (2012). The Journal of Economic Perspectives" and the Marketplace of Ideas: A View from the Founding. The Journal of Economic Perspectives, 26(2), 19-25.
Trivedi, P. K. (1993). An Analysis of Publication Lags in Econometrics. Journal of Applied conometrics, 8(1), 93-100.

miércoles, marzo 27

La Economía o el opio de los creyentes


Pero si la Economía es el opio de las almas religiosas, la principal crítica contra los excesos de los adictos a esa droga habría que enderezarla hacia quienes la fabrican…
Joan Robinson

 
A la Economía que ha dominado desde fines del siglo XIX hasta nuestros días se le ha denomina comúnmente Economía neoclásica. Dicho término se ha asignado a un marco teórico ni más ni menos difuso que el resto de los cuadros. Si nuestro propósito es realizar una crítica es preciso delimitar su contenido.
El término neoclásico resulta bastante inadecuado para darle un primer carácter a este cuerpo. Colander (2000) anunciaba la muerte de dicha Economía, no de su contenido, sino del término utilizado para designar las prácticas de cuerpo difuso en la actualidad. Aunque utiliza para ello otras nóminas no menos controversiales como Economía moderna[1] o economía del nuevo milenio. Dicho término es confuso, además, para a los nuevos ingresantes al estudio de nuestra disciplina. Por un lado generaliza la Economía nueva. De un lado, la contrapone a algo antiguo: clásica, marxista, institucionalista y hasta keynesiana. Por otro, si al filtrar lo novedoso se presupone que hemos filtrado los aportes antiguos, también lo novedoso viene a explicar algo corriente. Lo nuevo es por lo tanto lo válido[2].
Sin perjuicio de lo anterior, el término neoclásico vuelve a confundir anunciando una nueva Economía que conserva mucho más en su nombre de los clásicos que de lo nuevo, entonces, no resultará moderna, menos aún posmoderna, sino con fundamentos en un capitalismo distinto (el del siglo XIX). Sin embargo, en los hechos, la Economía neoclásica no ha conservado muchas cosas de los clásicos y hasta podríamos decir que han ignorado los aportes más significativos de aquella Economía Política del siglo XVIII y gran parte del XIX (Volveremos luego con un ejemplo en el caso del estudio del capital y la distribución de valores). ¿Cómo denominar entonces a este cuerpo dominante de la Economía?
Colander, Holt y Rosser (2003) hacen intentos de aclarar el uso de los términos: ortodoxia, mainstream y neoclásico, por separado. Al igual que otros trabajos relacionados, hacen caso omiso al proceso por el cual unos autores forman parte de la elite de la Economía. En cambio, se insiste en que el método utilizado es quien delimita la pertenencia. De este modo, se evita dar una discusión del proceso social por el cual algunos autores son premiados y otros discriminados de los recursos para investigación, premios, etc. (discusión investigada por Lee, 2009). Resulta notable que en los argumentos explicar por qué la Economía de elite está abierta a nuevas ideas se afirme que, pese a que se siguen usando modelos, su naturaleza ha cambiado incorporando los siguientes tópicos:
1)      La teoría evolutiva de los juegos está redefiniendo cómo las instituciones están integradas en el análisis.
2)      La economía ecológica está redefiniendo cómo se relacionan la naturaleza y la economía.
3)      Los aportes desde la psicología están redefiniendo cómo se trata a la racionalidad.
4)      Frente a las limitaciones de la estadística clásica, los estudios econométricos están redefiniendo cómo piensan los economistas de la prueba empírica.
5)      Teoría de la complejidad está ofreciendo una manera de redefinir la forma en que concebimos de equilibrio general.
6)      Las simulaciones por computadora ofrecen una forma de redefinir los modelos y cómo éstos se utilizan.
7)      La economía experimental está cambiando la manera economistas pensar en el trabajo empírico.
Es interesante que los términos, político, Estado, clase, conflicto, crisis, capital, poder y tantos otros relevantes no se asomen en esta reconfiguración. Por el contrario, podríamos decir que respecto a 1) acorde a la experiencia con el neoinstitucionalismo, ha incluido al Estado caracterizándolo funcionalmente como una organización con ventaja comparativa de la violencia que existe en la medida que pueda reducir los costos de transacción; el significado económico del Estado resulta el mismo que el de una empresa privada (Nieves San Emeterio, 2006, Pág 71). De este modo, no entusiasma mucho el hecho de cómo han incluido las instituciones aquellas teorías que buscan adaptarse al cuerpo dominante. Respecto de 2), es notable que la definición clásica de la Economía entre el hombre y la naturaleza, la escasez y la selección de técnicas y consumos sean las únicas que puedan modificarse significativamente para ser utilizada en los aportes hacia la ecología. Sin embargo, toda técnica y ciencia es política y la definición no escapa a ello, se requiere, de nuevo, un cambio radical en la concepción de la disciplina. El punto 3) es curioso que se exponga como una virtud el hecho de haber declarado que los seres humanos no somos racionales en las decisiones económicas luego de haberlo afirmado por decenas de años. Los clásicos no precisaron meterse en semejante embrollo, y, de hecho, la psicología, tiene similares problemas para conocer las conductas de los humanos. Lo notable es creer que ello forma parte del núcleo necesario de nuestro conocimiento. El punto 4) no es otra cosa que fundamentar más aun sus instrumentos de dominación simbólica. No resulta una novedad ya que viene sucediendo hace tiempo. Al menos, luego de las catástrofes evidenciadas por el uso de distribuciones normales en el cálculo de probabilidades de activos financieros, algunos han creído que hay cisnes negros, tormentas perfectas, etc. que sus modelos no alcanzan a visualizar, por ende son incompletos. No tengo mucho más que agregar aquí. En el punto 5) debemos preguntarnos ¿Qué pruebas existen que la Economía dominante adopte epistemologías de la complejidad? En caso que existan (tengo muchas dudas sobre dicha prueba), ¿qué tipo de teoría de la complejidad se está desarrollando? Y, teniendo presente los puntos 4), 6) y 7), ¿resulta contradictoria esta afirmación? 6) y 7) son hechos que ocurren en todas las ciencias y no forman parte de una opción científica sino de una necesidad. Es decir, si ahora podemos procesar millones de datos en segundos, almacenar durante varias generaciones de científicos datos de forma que hasta superan la capacidad de análisis, comunicar científicamente de forma inmediata un resultado interesante es una necesidad impuesta por el desarrollo de las fuerzas productivas, del cual, la misma ciencia compone, ahora bien, si esa difusión, esos datos y esos recursos los utilizamos para estudiar a la libertad de elección y la satisfacción de las palomas (ver nota), entonces la dirección y el contenido no nos llevarán lejos.
 
Dequech (2007), da jerarquía al término mainstream frente al de ortodoxia y ambos al de neoclásico[3]. El termino maistream refiere a un énfasis en el aspecto sociológico de la ciencia, es decir, que un cuerpo de teorías domine el saber requiere una explicación y el uso del término que designa esas teorías hace referencia a ello. Por otro lado, el término ortodoxia refiere a una sujeción de ideas, es decir pone énfasis en lo intelectual -en particular en este caso- asociado a la Economía neoclásica. Lo que el autor llama Economía neoclásica está compuesto por la combinación de las siguientes características: 1) el énfasis en la racionalidad y el uso de maximización de la utilidad como criterio de racionalidad, 2) el énfasis en los equilibrios y 3) el descuido del lugar de la incertidumbre.
Continúa aquí sin hacer hincapié en las categorías fundamentales y los objetos de la disciplina. La Economía no es la ciencia que estudia la racionalidad, o la incertidumbre de forma exclusiva, sino que son aspectos subordinados del estudio de los procesos de producción, distribución, cambio, consumo y con ellos sus categorías fundamentales como el valor, el capital, el trabajo asalariado, el dinero, etc. Es decir, que el objeto de estudio pone el límite a la caracterización de determinadas formas de hacer ciencia. En el caso neoclásico resulta esencial señalarlos acorde a la definición del objeto de la ciencia y la naturaleza de sus categorías, además de sus métodos.
Hay una realidad que discutir y se hace necesario disponer de ciertos parámetros sobre el estado de la Economía Política para pensar el porqué de su crisis. Este hecho, tan simple, tan evidente, que se encuentra en una mayoría de las disciplinas sociales académicas -la filosofía, sociología, psicología, historia, etc.- y que es, el estudio del desarrollo de sus aportes al conocimiento del ser humano, para nosotros -los economistas- nos resulta desdeñable. Es por ello que evitamos investigar con nuestros estudiantes de primeros años de qué viene la Economía Política. La historia del pensamiento económico es sino, el aspecto más desvalorizado de esos cursos iniciales.



[1] Existen publicaciones de autores no-neoclásicas con dicho término. El caso de la Introducción a la economía moderna de Joan Robinson y John Eatwell puede ser un buen ejemplo de ello.
[2] Mark Blaug afirma que debemos evitar “tomar la paja por el trigo y a pretender la posesión de la verdad cuando sólo poseen una serie intrincada de definiciones o juicios de valor disfrazados de reglas científicas. Sólo mediante el estudio de la economía moderna resulta posible darse cuenta de esta tendencia” (Blaug, Teoría económica en retrospección 2001, Pág. 784).
[3] Un economista del mainstream puede no sostener ideas neoclásicas y viceversa. Un economista neoclásico puede tener aspectos no ortodoxos y viceversa.

sábado, junio 16

La historia del pensamiento económico y su aporte al estudio de los escenarios actuales

¿Textos originales o libros de texto? Una parte relevante de la HPE ha estudiado los procesos poniendo eje en los autores y en sus libros de textos. Autores, textos y la necesidad reflexiva del docente ha sido objeto de estudio de la didáctica y pedagogía[1]. Generalmente se hace referencia al uso y abuso de autoridad de los libros originales, y sobre todo de los autores. Pero estas generales de la pedagogía rara vez podrían aplicar cuando el objeto de estudio es precisamente el “pensamiento” (o las “formas discursivas”) es allí donde autores y textos cobran centralidad. Propongo dos casos tomados del tratamiento de David Ricardo, donde entiendo que puede haber riesgos de simplificar las categorías por tomar interpretaciones de lo expresado efectivamente.
En primer lugar, Ekelund y Hébert analizan el escenario de producto total y el producto “marginal” en el cultivo extensivo e intensivo del esquema ricardiano estableciendo como patrón a la undiad conjunta “capital y trabajo”, en lugar de hacerlo sólo con trabajo. Asignan caracteristicas de cambios “marginales” a la producción y hablan de escenarios de “optimización” y afirman que ha persistido una interpretación de Ricardo en términos del valor trabajo cuando en realidad, en Ricardo, “hay poco o nada en favor de esta interpretación”, ellos prefieren denominarla una teoría del “costo real” donde el trabajo es el factor más importante. (Ekelund, 1992, p. 158/9). Por otro lado, John M. Ferguson ha ido un poco más allá afirmando que dicho autor afirmó que existen “tres factores de producción” de la riqueza correspondientes a las tres clases clásicas. Sin poner acento en la escacez o el trabajo, Ferguson indica que que el valor de cambio – en Ricardo - se debía a ambos y afirma que

“no hay teoría-trabajo o teoría- trabajo cuantitativa del valor, como muchos lectores de sus Principios han supuesto por error. Afrimó de manera expresa que los articulos tendrán valores relativos diferentes de sus costos de trabajo relativos, si en la producción de estos artículos el trabajo y el capital se emplearon en diferentes proporciones” [El subrayado es mío] (Ferguson, 1948, p. 104)

Independientemente del grado de conformidad con las interpretaciones de ambos historiadores del pensamiento, no resulta casual que ambos textos contengan un envase moderno con contenido pasado con expresiones como “factor de producción”, “optimo”, “marginal”, capital como algo distinto de trabajo pretérito, etc. y lleguen a similares conclusiones.

Pero acerquemos un poco más la cuestión, Hyman P. Minsky en su re-interpretación de la revolución keynesiana, destina los primeros dos capítulos a realizar una síntesis de las transformaciones de la “Teoría General…”  en manos de Hicks, Hansen, Samuelson, Patinkin, Modigliani y Friedman, entre otros. Pero semejante apreciación no corresponde solamente al ambiente académico ni solamente a Minsky, ya que todo el conjunto de los llamados postkeynesianos han pretendido reinterpretar a Keynes en sus términos originales ¡Keynes ha sido uno de los economistas más retocados de la HPE! ¿Qué otra asignatura debería asignar un espacio para leer la “Teoría general…”? Si como afirmaba J. M. Keynes,

“…las ideas de los economistas y los filósofos políticos…son más poderosas de lo que comúnmente se cree…Los hombres prácticos, que se creen exentos por completo de cualquier influencia intelectual, son generalmente esclavos de algún economista difunto. Los maniáticos de la autoridad, que oyen voces en el aire, destilan su frenesí inspirados en algún mal escritor académico de algunos años atrás…Pero tarde o temprano, son las ideas y no los intereses creados las que presentan peligros, tanto para el mal como para el bien.” (Keynes, 2001, p. 314)

¿Alcanzaría con la voz del economista más influyente del siglo pasado para acordar nuestras discusiones? ¿Habría cambiado algo si hubiéramos hecho referencia al capítulo veintitrés de su “Teoría General…” donde retoma lo que hay de “verdad científica de la doctrina mercantilista”? ¿Alcanzaría la voz del economista más relevante del siglo XVIII? recordando que fue Adam Smith quien en su libro cuarto estudió “los sistemas de economía política” anteriores, o con el autor más influyente del siglo XIX y sus tres tomos de “Teorías sobre la Plusvalía”, la HPE de Marx ¿Deberíamos señalar el apéndice de los “Principios de Economía” sobre el “desarrollo de la ciencia económica” de Alfred Marshall? No hace falta aquí volver a enunciar todas las obras de Joseph Schumpeter y Maurice Dobb que tratan sobre el tema. Pero esto no es cosa del pasado, en la “Introducción a la Economía Moderna”, Joan Robinson y John Eatwell han creído conveniente dedicar el libro primero a las doctrinas económicas, John Kenneth Galbraith ha preferido dedicarle un volumen completo de “Historia de la Economía” entre otras publicaciones, John Hicks y “Una Teoría de la Historia Económica” entre muchos artículos relacionados a la temática. Lionel Robbins ha publicado “Una Historia del Pensamiento Económico” y, entre otros ensayos, Walt W. Rostow con “Interrelación de Teoría e Historia Económica”. Si hay algún economista de nuestras latitudes condecorado por la academia internacional ese ha sido Raúl Prebisch, quien, pese a haberse destacado como un político-económico preocupado por el contexto, además de haber escrito una obra sobre la economía de John M. Keynes, nos ha dejado uno de los artículos más citados sobre el desarrollo de sus ideas titulado “cinco etapas de mi pensamiento sobre el desarrollo”, es decir, ha construido su propia historia del pensamiento[2]. En “El subdesarrollo latinoamericano y la teoría del desarrollo” (1979), Sunkel y Paz estudian el tópico “desarrollo” a la luz de las contribuciones más relevantes de la economía política de forma similar a Celso Furtado en “Desarrollo y Subdesarrollo” (1964), ubicando a la teoría latinoamericana en relación a los clásicos, Marx, Neoclásicos y Keynes entre otros. Claro que aunque señalemos los cientos de ejemplos que hay sobre el tema, la voz autorizada no será suficiente. Lo anterior pretende simplemente despertar el interés de quienes aún creen que la historia del pensamiento económico pertenece a los anticuarios del conocimiento ¿Cómo es posible seguir desconociendo su capacidad heurística a la luz de las evidencias?

Parece difícil que alguna idea pueda ser aprendida sin conocer su desarrollo, porque éste le da jerarquía, la pone en relación con otro monto de ideas, le propone espesor histórico en oposición al lógico-metodológico. ¿Qué decir de las interpretaciones estatistas de Keynes entonces? ¿Qué decir del reemplazo por la síntesis keynesiana en los manuales de macroeconomía? ¿Y de la interpretación y re-interpretación de Hicks? ¿Por qué el estudio de Keynes sin revisar el capítulo veinticuatro de su teoría general? ¿Explicaríamos mejor sus teorías si las pusiéramos en relación al conflictivo período entreguerras y a otras escuelas? ¿No lo hacemos con el monetarismo y su contra-revolución? ¿Por qué razón no se pone en debate al resto de las ideas? Esta propuesta no sólo pretende poner en evidencia la historia al interior del marco teórico sino en relación con otros marcos y con los acontecimientos sociales. ¿La historia económica estudiada en todos los planes de estudio pone en evidencia los debates teórico (que por supuesto es político) en los distintos contextos ya sean mundiales, regionales o nacionales?

Las proyecciones corren con el riesgo de deformar y con ello cambiar el significado y el sentido que ha tomado determinada teoría puesta en relación con su contexto. La función de la historia del pensamiento económico no es la de proyectar como si estuviéramos construyendo un puente, sino la de provocar a las capacidades interpretativas lo más ajustado posible al curso real de los acontecimientos pasados. Si quisiéramos proyectar podríamos hacerlo de muchas maneras, pero podemos estar seguros que la teoría se volverá otra cosa y que las potencialidades interpretativas de los estudiantes se verán reducidas a lo que se le ocurre mostrar al docente. Si quisiera conocer que ha dicho Keynes sobre la distribución del ingreso en al reproducción del sistema, los manuales de macroeconomía me responderían de cualquier forma, incluso me darían respuestas que Keynes no ha dado. Ahora, si a esos esquemas les pregunto por las funciones sociales de los propietarios, los empresarios y los asalariados ¿Qué nos devuelven? Nada. Es cierto que las interpretaciones son inevitables ¡claro que sí! Pero ¿en qué códigos? La retórica del economista fue puesta en relación a varias funciones del economista, entre la que se encuentra la de transmitir conocimiento, ya que las teorías “nunca mueren aun cuando sean suplantadas por otras…una teoría no necesita ser utilizada para continuar estando vigente” (Zalduendo, 1995, p. 393). Pese a la defensa de la producción de manuales que hace Zalduendo y que acordemos que las interpretaciones son necesarias, resulta que el “vino viejo en nuevos envases” sabe distinto, por lo tanto, las interpretaciones no son suficientes, mirando lo mismo vemos cosas diferentes, mirando cosas diferentes queremos explicar lo mismo, usando palabras iguales significamos cosas distintas, etc.

El cambio del sentido y el significado es provocado por la proyección hacia escenarios donde no fueron producidos ni transmitidos esos pensamientos, pero también por el cambio del canal por donde se están transmitiendo ahora. Usando nuestra metáfora, será distinto el sabor de nuestro vino añejo en una botella de vidrio, de plástico o de metal, todos sabores distintos porque el medio ha cambiado. Ocurren semejantes cosas cuando se pretende matematizar conceptos que no fueron diseñados para ello. ¿De que forma podríamos poner en fórmula las cualidades del valor de cambio? ¿Cómo expresar el contenido de las actividades y las necesidades en Marshall? ¿De qué manera produciríamos la formulación de las relaciones sociales en este autor? Aquellas en que “una catedral es más que las piedras que la forman” ¿Cómo cuantificaríamos la “la conveniencia social general” de Keynes? ¿Hemos saldado la discusión acerca del uso del lenguaje matemático para expresar nuevas ideas?[3] ¿No era que debíamos unir nuestros mensajes al resto de las ciencias sociales buscando la potencial integración de disciplinas para explicar nuestras perspectivas sobre el mundo? ¿De qué forma nos podríamos comunicar con los sociólogos, politólogos, filósofos, psicólogos, etc. sino a través de códigos comunes? Hay una cita que es preciso rescatar a estos efectos y que muestra por qué los economistas nos debemos aún cierta humildad que sólo nos puede dar el contacto con otros científicos sociales[4].

Al afirmar que los discursos difieren entre épocas y al evitar caer en al tentación de la proyección temporal o de la deformación de las categorías por un traslado hacia un lenguaje técnico, al menos podremos aceptar que las ideas se vinculan a estructuras, y en la medida en que ellas subsisten en mayor o menor medida (aunque no iguales) conservan cierto grado de vigencia. Por lo que la función pedagógica y didáctica asume de nuevo un papel preponderante, pero aquello es interpretativo del estudiante. Debemos reconocer que esa función es cubierta por el estudio espacial (regiones, países), si reconocemos el vínculo con los problemas económicos que nos rodean ¿Por qué son prácticamente inexistentes las asignaturas de la HPE nacional o regional? ¿El argumento de la cercanía de los problemas aplica de forma directa a la construcción de la HPE más cercana? ¿Quién estudia las ideas en América Latina? Infelizmente la HPE propone pocas veces el escenario del debate y el seguimiento del debate mismo. Resulta que no ha sucedido ni el estudio sistemático de los debates teóricos contemporáneos[5] ni el estudio de las ideas regionales. No hay nada que asegure que en las asignaturas específicas se puedan sostener estos debates de forma plural (el ejemplo de Samuelson no es la excepción sino la regla) ¿Qué estamos haciendo entonces? ¿Sería posible aceptar una crítica de la antigüedad de las ideas siempre que pretenda ser coherente con su argumento y que ofrezca una alternativa? ¿Es en ese terreno que debemos discutir el espacio dentro del currículo? Resulta que siquiera sucede una propuesta superadora con lo contemporáneo y regional. ¿Cuáles son los argumentos que subsisten al recorte de la HPE entonces?


[1] Tal es el caso de Sacristán (1992)  poniendo énfasis en el lugar político del docente y el espacio político del curriculum, realizando la crítica al taylorismo impuesto a los docentes por los manuales. Santos Guerra (1994) propone mediante la “metáfora del nadador” la provocación de incertidumbres como propuesta didáctica junto al rechazo de la ortodoxia de las prescripciones técnicas y, entre otros, Conrad (1979), quien ha analizado los modelos de planes de estudio basados en los “grandes autores”, los “grandes libros” y los “problemas sociales”.
[2] Puede consultarse su versión taquigráfica de la primera clase de “Dinámica Económica” en 1948 donde se hace hincapié en las dos crisis que venia sufriendo la Economía Política (según Prebisch provocada por Marx y luego por Walras y Pareto) entre otros textos de relevancia sobre la HPE.
[3] Desde las críticas de la escuela histórica alemana con Schmoller hacia fines del siglo XIX y los argumentos de Cournot en 1838 hasta hoy siguen ocurriendo estos debates ¿Porqué condenarlos al silencio? “Leontief tabuló los artículos publicados en la American Economic Review entre marzo de 1977 y diciembre de 1981 y determinó que el 54% de sus artículos eran modelos matemáticos sin ninguna observación empírica; 23% extraía inferencias estadísticas de datos recogidos con propósitos diferentes; 12% eran análisis sin formación matemática ni datos y remató señalando que encontró una investigación empírica sobre “la maximización de la utilidad de las palomas”. Desde 1982 Leontief no publica, por propia decisión, más artículos en las revistas académicas de economía.”  (Zalduendo, 1995, p. 395)
[4] Keynes, en la introducción a las Obras Escogidas de A. Marshall, decía que un economista “debe ser matemático, historiador, estadista y filósofo (en cierto grado). Debe comprender los símbolos y hablar con palabras corrientes. Debe contemplar lo particular en términos de lo general y tocar lo abstracto y lo concreto con el mismo vuelo de pensamiento. Debe estudiar el presente a la luz del pasado y con vista al futuro. Ninguna parte de la naturaleza del hombre o de sus instituciones debe quedar por completo fuera de su consideración. Debe ser simultáneamente desinteresado y utilitario; tan fuera de la realidad y tan incorruptible como un artista, y sin embargo, en algunas ocasiones, tan cerca de la tierra como el político.” [Introducción por John M. Keynes] (Marshall, 1949, p. XXII)
[5] En un trabajo práctico desarrollado dentro del marco del curso de Historia del pensamiento económico (UBA) durante el 2011 titulado “Trabajo práctico. Crisis y Pensamiento Económico” se proponía a analizar y sintetizar comparativamente  la crisis presente (2008), en sus rasgos (causa-efecto y desarrollo)  esenciales  tomando para ello dos escuelas o dos autores de la misma escuela. Los autores más nombrados resultaron ser Paul Krugman, Joseph Stiglitz, Alan Greenspan, Olivier Blanchard, Frederic S. Mishkin, John B. Taylor y Nouriel Roubini, prácticamente inexistentes han sido las elecciones de autores Marxistas (a excepción de Shaikh en algún caso), Postkeynesianos, Sraffianos, Feministas, Institucionalistas, etc. Sin embargo, ha habido elecciones de economistas difuntos (Milton Friedman, Paul Samuelson) o de los clásicos de otras disciplinas (R. Solow, A. Sen). Resultaba evidente casi a modo de encuesta por un lado, el predominio de economistas neokeyneasianos o monetaristas, en segundo lugar la falta de reconocimiento general de los debates y por último la elección poco frecuente de algunos economistas menos reconocidos y autores regionales. ¿Es este el sentido y la interpretación de los hechos que estamos construyendo? Realmente no puede ser este ejercicio una prueba contundente de ello, el caso ha sucedido solamente en dos cuatrimestres, sin embargo, es al menos un punto de partida para seguir sospechando ¿Estamos ayudando a evadir las formas de pensar la realidad? ¿Acaso es la historia del pensamiento económico una traba al acceso de esos conocimientos? De ninguna manera los estudiantes son los culpables, han mostrado desarrollar mucho interés por los temas incluso en algunos casos ofreciéndose a continuar con este tipo de trabajos, han presentado con gran maestría sus casos frente a otros estudiantes y han producido textos borradores y finales con excelente desempeño, sin embargo hemos podido notar que la producción escrita es en general poco incentivada en los años anteriores.

viernes, junio 8

Sobre lo dogmático de la historia del pensamiento económico

En un debate reciente sobre el papel de la historia del pensamiento económico[1] en el currículum del economista, entre otros argumentos, se justificó el estudio de la materia como antídoto a las formas dogmáticas de presentar ideas económicas. Es un argumento potente en defensa de la materia en el currículo del economista. Basta con mirar un poco la historia de las ideas para conocer que no siempre se pensó lo mismo ni de la misma manera. Que dentro de un mismo contexto histórico los abordajes difieren significativamente[2], categorías y métodos diversos que conformaron marcos teóricos distintos, junto a ellos, diversos modos de comprender y explicar la realidad y en consecuencia distintas alternativas para transformarla.

Pese a que acordamos en que es uno de los principales argumentos sobre la función de la historia del pensamiento, tenemos que aceptar que la metáfora es ligeramente desafortunada. Esperamos el efecto de un antídoto sobre una cosa ya formada, esto supone que la historia del pensamiento económico viene después de la formación inicial del economista. A pesar que esto podría ser una muy buena caracterización de la situación actual no es necesariamente la única función que tiene, al contrario –como también se ha señalado en dicha discusión- la historia del pensamiento económico tiene un carácter ordenador de las ideas, categorías, métodos y procesos que difícilmente pueda ser reemplazado con otra disciplina[3]. Entonces es un antídoto hoy sobre ciertos abordajes iniciales solamente por su vínculo con su función pedagógica más general: la de poseer cualidades comprensivas (que por ser ordenadoras no descartan el conflicto) de lo económico-político.

Por poseer esta cualidad, la historia del pensamiento económico se puede muy bien volver dogmática. Solamente para citar algunos ejemplos de estos abordajes, podríamos, a modo de  ejemplo, indagar en la “Teoría económica en retrospección” de un historiador con el reconocimiento académico de Mark Blaug cuando afirma que debemos evitar

“tomar la paja por el trigo y a pretender la posesión de la verdad cuando sólo poseen una serie intrincada de definiciones o juicios de valor disfrazados de reglas científicas. Sólo mediante el estudio de la economía moderna resulta posible darse cuenta de esta tendencia.” (Blaug, 2001, p. 784)

Entonces podremos explicar a Smith mediante curvas de oferta y demanda que nunca proyectó y de esta forma legitimar la moderna teoría de la mano de su supuesto fundador. Pero la frase va más allá, solo es posible estudiar, efectivamente, la historia del pensamiento económico mediante la teoría moderna como “poniendo el viejo vino en nuevas botellas”. Las únicas formas de llegar a comprenderla es mediante la historia del pensamiento o mediante la definición (imposición) directa[4]. Se comprenderá que el argumento de Blaug nos lleva a la segunda opción aunque justifica con igual fuerza el estudio de la historia del pensamiento económico, ya que es la que permite separar “el trigo de la paja”[5].
El conocido manual de Makiw al que acceden millones de estudiantes en todo el mundo plantea que

“es inevitable que haya alguna discrepancia entre los economistas, puesto que emiten juicios científicos distintos y tienen valores diferentes. Sin embargo no debemos exagerar el grado de discrepancia. En muchos casos los economistas ofrecen una opinión unánime” (Mankiw, 2002, p. 22)
Y en relación a las barreras a las importaciones se luce indicando que “casi todos los economistas se oponen a esas barreras que obstaculizan el comercio” debido a que reducen el bienestar. Pero ¿De donde saca semejantes afirmaciones este reconocido economista? La fuente citada es “Is There a Consensus among Economists in the 1990's?” publicada en 1992 por Richard M Alston, J R Kearl y Michael B Vaughan. Claro que Mankiw olvida primero indicar que tal generalización está arrebatada de una encuesta que recorta una parte importante de economistas estadounidenses (1.350 economistas consultados de los que respondieron solamente el 34,4%!) donde que menos del 12% pertenece a grupos probablemente críticos del libre comercio. Aunque Mankiw no lo quiera notar, en caso de validarse su consenso podríamos utilizar mucho mejor tales afirmaciones para concluir que los programas de estudio en EEUU no proponen la pluralidad de ideas o que las únicas opiniones que merecen ser escuchadas son las de los economistas norteamericanos - y no la de los mexicanos - con el mismo nivel de rigurosidad que el planteo de su proposición.

Paul Samuelson en su clásico “Economía” nos tranquiliza momentáneamente citando lo mucho que se hubiera perdido la economía de haberle hecho caso a las afirmaciones de J. S. Mill sobre la síntesis de la teoría del valor y afirma que los historiadores de la ciencia muestran que el progreso es discontinuo, sin embargo, antes de solamente presentar a los clásicos, Keynes y las diversas versiones del monetarismo, como aquellas escuelas que discuten la reproducción agregada, Samuelson, trazando una recta que va de Ricardo, Mill, Marhsall, Pigou, Keynes, Friedman, Lucas, Sargent y Barro[6], dice,

 “En este libro, la filosofía es considerar todas las escuelas de pensamiento. Se tiende a ver el enfoque keynesiano convencional como la mejor manera de explicar el ciclo económico en las economías de mercado. Pero las fuerzas detrás del crecimiento económico en el largo plazo se entienden mejor si se emplea el modelo neoclásico” (Samuelson, 2006, p. 662)
Como advierten Gide y Rist (1949), en otro extremo se señala que las ideas no son más que el resultado impuesto de los acontecimientos históricos, entonces, las formas ideales, dificilmente puedan siquiera torcer el curso de la historia por lo que su lugar en el estudio de las ideas en economía política resulta exagerado. Tenemos que la primera aproximación nos lleva a la eliminación de los hechos y la segunda a la de las ideas. Lo que ambas comparten en es la intención de descifrar ideologías de las “verdaderas” teorías de la búsqueda de la evolución del pensamiento hasta el estadío superior o superador a través del descubrimiento de un avance casi mecánico[7]. Pero para responder a estas concepciones debemos estudiar la historia del pensamiento, porque incluso ambas posiciones tienen su historia.

Un ejercicio interesante para plantear a ambos dogmatismos parte de las condiciones de la crisis actual. Pocos estarían en desacuerdo en que el estado de nuestra ciencia ha llevado una parte de culpa sobre la actual crisis económica puesta en evidencia a partir del 2008. Del mismo modo, al reconocer que el estado de los conocimientos dominantes sobre esta materia ha influido en esta catastrófica realidad, se borra todo tipo de acusación estéril a las formas ideales que, aunque sean acusados de reproducir “falsos reflejos”, son evidentes transformadoras de la realidad.



[1] El debate fue presentado por Leandro Haberfeld donde participaron como expositores Pablo Levín de la FCE-UBA y José Streb del CEMA.  Se podrá consultar el audio en http://foroseconomiauba.blogspot.com/
[2] Un ejemplo de ello fue abordado en un trabajo presentado en las JEC III sobre el pensamiento crítico previo a Marx durante los debates clásicos.
[3] ¿Como ordenar? El Journoal of Economic Literature (JEL) publica sus códigos de campos agrupando diferentes ámbitos de competencia de nuestra ciencia, actualmente representan 20 categorías generales de las cuales cada subcategoría posee aproximadamente más de 20 temas específicos, es decir, cerca de 400 “especialidades”. Para la historia del pensamiento solamente tenemos:
B Escuelas de pensamiento económico y metodología
• B0 Generalidades
o B00 Generalidades
• B1 Historia del pensamiento económico hasta 1925
o B10 Generalidades
o B11 Escuela preclásica
o B12 Escuela clásica
o B13 Escuela neoclásica hasta 1925
o B14 Socialismo ; Marxismo
o B15 Escuela histórica ; Institucionalismo
o B16 Historia del pensamiento económico :
métodos cuantitativos y matemáticos
o B19 Otros
• B2 Historia del pensamiento económico desde 1925
o B20 Generalidades
o B21 Microeconomía
o B22 Macroeconomía
o B23 Econometría ; Estudios cuantitativos
o B24 Socialismo ; Marxismo
o B25 Escuela histórica ; Institucionalismo ;
Evolucionismo
; Escuela austriaca
o B29 Otros
• B3 Historia del pensamiento : figuras individuales
o B30 Generalidades
o B31 Figuras individuales
o B32 Necrológicas
•B4 Metodología económica
o B40 Generalidades
o B41 Metodología económica
o B49 Otros
• B5 Enfoques heterodoxos actuales
o B50 Generalidades
o B51 Socialismo ; Marxismo ; Modelo de Sraffa
o B52 Institucionalismo ; Evolucionismo
o B53 Escuela austriaca
o B54 Economía feminista
B59 Otros


[4] Un hecho notable para interpretar esta imposición directa lo revela el apartado que analiza Frederic Lee sobre los libros de textos norteamericanos entre 1899 y 2002 de donde surge que hasta 1940 solamente el 19% de los 26 manuales definía la economía en relación a la “asignación de recursos escasos”, ese porcentaje se elevó al 81% antes de 1970 y en el 2002 ya 37 de los 43 manuales (86%) mantenían esta definición. (Lee, 2009, p. Tabla 1.1).
[5]  ¿Qué actitud respecto de la historia del sistema debemos esperar de esta afirmación? ¿Cual es la paja y cual es el trigo? “En otras palabras, podemos acordar que el capitalismo no es un sistema edificante, es grosero brutal y moralmente reprensible pero sí entrega los bienes y en el análisis final son los bienes lo queremos!” [la traducción es mía] (Blaug, 1994, p. 14)
[6] Aunque amplia su base a A. Schwartz, J. Stiglitz y E. Phelps.
[7]Resulta poco probable probar al mismo tiempo la falta de evolución en la historia del pensamiento económico, o del desarrollo de las ideas económicas y declarar la vigencia del evolucionismo en economía. Sería poco fuctifero intentar acomodar el concepto al desarrollo real de los acontecicmientos. El concepto de evolución ha tenido siempre diversos abordajes, sin embargo, la primera connotación es referida recurrentemente a Darwin y para ser sinceros, no es preciso seguir forzando el concepto cuando nuestra descripción de los hechos no tiene que reducirse a una palabra, ni a dos, sino a las que hagan falta. Si como indica Sánchez Puerta (2000), la evolución requiere al menos tres componentes esenciales: 1) variación entre las especies, 2) principio hereditario y 3) la supervivencia tiene lugar porque las especies tienen mayor cantidad de hijos o porque sus genes se preservan para aventajar al resto de las especies ¿Deberíamos concluir que la ortodoxia subsiste más por “tener más hijos”? ¿por ser teóricamente más consistente o ventajosa? Así estaríamos exponiendo la consecuencia y por lo tanto, no estaríamos explicando el proceso político por el cual un determinado corpus teórico subsiste y se vuelve dominante. Esta caracterización elimina uno de los componentes políticos que tiene nuestra disciplina.