El 14/12/2015 defendí mi tesis de maestría titulada: "En el núcleo de la edad dorada del Desarrollo: la Revista de Ciencias Económicas, UBA (1958-1963)" bajo al dirección de Hernán González Bollo y Diego Pereyra, que se puede consultar aquí. Adicionalmente sumo el audio de la defensa que se puede escuchar en YouTube:
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miércoles, diciembre 16
Texto y audio de la defensa de la tesis "En el núcleo de la edad dorada del Desarrollo: la Revista de Ciencias Económicas, UBA (1958-1963)"
El 14/12/2015 defendí mi tesis de maestría titulada: "En el núcleo de la edad dorada del Desarrollo: la Revista de Ciencias Económicas, UBA (1958-1963)" bajo al dirección de Hernán González Bollo y Diego Pereyra, que se puede consultar aquí. Adicionalmente sumo el audio de la defensa que se puede escuchar en YouTube:
lunes, noviembre 9
Burbuja de expertos, sobre la formación de economistas en Buenos Aires
Comparto la nota que publiqué en Página 12 el domingo pasado.
Por diversas razones, el plan creado en 1948 no se hizo efectivo. Cinco años después se instrumentó otra licenciatura donde estudiaron muy pocos y con contenidos no muy diferenciados de los Contadores Públicos, hasta que en 1958 la FCE-UBA volvió a disponer de un plan de estudios para formar economistas modernos. Aquel plan tuvo una influencia anglosajona importante, y ciertamente abrazó al paradigma modernizador, sin embargo, el enfoque universalista extranjero se combinó con ideas del estructuralismo latinoamericano reciente. El resultado fue un perfil de economista conocedor de las teorías dominantes de las hegemonías en transición y de las contribuciones de las formaciones sociales soviéticas, pero también, de los principales problemas regionales y locales. Un estudiante de aquel tiempo conocía los instrumentos de gestión económica, su territorio y podía elegir especializarse en los distintos sectores de la producción. Los economistas de la UBA tuvieron los instrumentos elementales para oponerse al creciente monetarismo dominante que había desembarcado en otras universidades argentinas hacia 1962.
Esa llamada edad dorada de los economistas no duró mucho. Pocas décadas después habían pasado de ser parte de la solución a contribuir al problema. En los años ochenta, Wassily Leontief –el creador del Análisis Económico Input-Output– realizó una pequeña investigación sobre artículos publicados en las principales revistas científicas de economía y decidió dejar de publicar luego de encontrar en la American Economic Review –la revista más consultada de la economía moderna– una investigación empírica que buscaba demostrar la aplicabilidad de la teoría del consumidor para predecir comportamientos de las palomas. El artículo lleva el payasesco título de “Income-Leisure Tradeoffs of Animal Workers”.
En pocas décadas los economistas pasaron de ser escasos a abundantes y, en lugar de concentrarse en pensar para la sociedad en la que vivían, empezaron a su solucionar sus propios excesos de oferta de mano de obra. De este modo cambiaron su lenguaje, haciéndolo poco accesible al resto de las ciencias sociales y crearon sus mercados de reputación con las baterías de premios en honor a algún difunto, sus rankings y sus exclusivas asociaciones profesionales. Hicieron de su disciplina el “método para fijar creencias” por excelencia y con ello legitimaron en una parte de la sociedad sus conocimientos expertos.
Esta reapreciación de los economistas pareció verse limitada por la última gran crisis económica mundial. Sin embargo, ya han pasado casi siete años y el conservadurismo en las ideas y la práctica siguen dominando el pensamiento económico. La burbuja de los expertos parece seguir su curso.
Los planes de estudio de educación superior para los economistas acompañan estas generales. En Argentina, como en tantos países, la creciente internacionalización de la profesión y su pretensión de universalidad fue moliendo los contenidos locales que se encontraban en los primeros planes de estudio. Si a mediados del siglo pasado lo moderno significó relegar el derecho, la contabilidad y la matemática en pos de profundizar la investigación y aplicación económicas, desde el neoliberalismo y sobre todo desde los infelices años noventa, la práctica modernizadora fue dejar de lado la historia, la geografía y la investigación.
En 2011 el entonces decano (y hoy rector) de la FCE-UBA, Alberto Barbieri, anunció que los docentes serían convocados a participar de los debates para una nueva reforma del plan de estudios. Hasta el 2012 el debate estuvo diluido entre convocatorias oficiales esporádicas y propuestas de borradores de sectores críticos de las autoridades. En un caso se habló de una simple actualización del perfil del graduado, en el otro caso de un cambio radical del plan de estudios. Ni una ni otra posición se materializó las expresiones recientes de las autoridades, que hacen pensar que, de existir un cambio, se conservará una parte importante del currículo de los economistas de la UBA y, por lo tanto, que seguiremos las prácticas del plan de estudios modernizador que se distrae con lo auxiliar y se concentra en lo irrelevante, que enaltece el retoque macroeconómico, con la ilusión, ya no de ser un economista “de Estado”, sino un analista de políticas públicas.
La universidad tiene la difícil tarea de construir contenidos significativos, de tomar la delantera en el cambio social, de dejar de mirar que es lo convencional, porque ello fracasó –no una, sino muchas veces–, para animarse a construir algo que tenga sentido para la sociedad, para los trabajadores y para los estudiantes. Es probable que la oportunidad de la efervescencia crítica generada por la última gran crisis esté perdiendo intensidad. El mundo está dejando de escuchar las voces alternativas y en América latina existe un freno al progresismo, cuando no un giro conservador. Notablemente el parco escenario mundial logra reafirmar las voces de la tradición. Esperemos que no sea demasiado tarde para cambiar.
A mediados del siglo XX se produjo un consenso generalizado sobre la falta de economistas formados para los tiempos de posguerra. Las ideas nuevas sobre el desarrollo económico y el keynesianismo fueron las plataformas de demanda profesionales idóneos para gestionar el ciclo económico en América latina y en los países centrales, respectivamente.
En 1948 se creó por primera vez la Licenciatura en Economía en la Universidad de Buenos Aires en la Facultad de Ciencias Económicas (FCE-UBA). Esta Facultad –se dijo– no había contribuido al progreso de la teoría económica nacional debido a la falta de economistas. Las especializaciones propuestas dieron cuenta de los perfiles buscados. Entre ellas se encontraban el economista de “Estado”, el de “Empresa”, el “Puro”.Por diversas razones, el plan creado en 1948 no se hizo efectivo. Cinco años después se instrumentó otra licenciatura donde estudiaron muy pocos y con contenidos no muy diferenciados de los Contadores Públicos, hasta que en 1958 la FCE-UBA volvió a disponer de un plan de estudios para formar economistas modernos. Aquel plan tuvo una influencia anglosajona importante, y ciertamente abrazó al paradigma modernizador, sin embargo, el enfoque universalista extranjero se combinó con ideas del estructuralismo latinoamericano reciente. El resultado fue un perfil de economista conocedor de las teorías dominantes de las hegemonías en transición y de las contribuciones de las formaciones sociales soviéticas, pero también, de los principales problemas regionales y locales. Un estudiante de aquel tiempo conocía los instrumentos de gestión económica, su territorio y podía elegir especializarse en los distintos sectores de la producción. Los economistas de la UBA tuvieron los instrumentos elementales para oponerse al creciente monetarismo dominante que había desembarcado en otras universidades argentinas hacia 1962.
Esa llamada edad dorada de los economistas no duró mucho. Pocas décadas después habían pasado de ser parte de la solución a contribuir al problema. En los años ochenta, Wassily Leontief –el creador del Análisis Económico Input-Output– realizó una pequeña investigación sobre artículos publicados en las principales revistas científicas de economía y decidió dejar de publicar luego de encontrar en la American Economic Review –la revista más consultada de la economía moderna– una investigación empírica que buscaba demostrar la aplicabilidad de la teoría del consumidor para predecir comportamientos de las palomas. El artículo lleva el payasesco título de “Income-Leisure Tradeoffs of Animal Workers”.
En pocas décadas los economistas pasaron de ser escasos a abundantes y, en lugar de concentrarse en pensar para la sociedad en la que vivían, empezaron a su solucionar sus propios excesos de oferta de mano de obra. De este modo cambiaron su lenguaje, haciéndolo poco accesible al resto de las ciencias sociales y crearon sus mercados de reputación con las baterías de premios en honor a algún difunto, sus rankings y sus exclusivas asociaciones profesionales. Hicieron de su disciplina el “método para fijar creencias” por excelencia y con ello legitimaron en una parte de la sociedad sus conocimientos expertos.
Esta reapreciación de los economistas pareció verse limitada por la última gran crisis económica mundial. Sin embargo, ya han pasado casi siete años y el conservadurismo en las ideas y la práctica siguen dominando el pensamiento económico. La burbuja de los expertos parece seguir su curso.
Los planes de estudio de educación superior para los economistas acompañan estas generales. En Argentina, como en tantos países, la creciente internacionalización de la profesión y su pretensión de universalidad fue moliendo los contenidos locales que se encontraban en los primeros planes de estudio. Si a mediados del siglo pasado lo moderno significó relegar el derecho, la contabilidad y la matemática en pos de profundizar la investigación y aplicación económicas, desde el neoliberalismo y sobre todo desde los infelices años noventa, la práctica modernizadora fue dejar de lado la historia, la geografía y la investigación.
En 2011 el entonces decano (y hoy rector) de la FCE-UBA, Alberto Barbieri, anunció que los docentes serían convocados a participar de los debates para una nueva reforma del plan de estudios. Hasta el 2012 el debate estuvo diluido entre convocatorias oficiales esporádicas y propuestas de borradores de sectores críticos de las autoridades. En un caso se habló de una simple actualización del perfil del graduado, en el otro caso de un cambio radical del plan de estudios. Ni una ni otra posición se materializó las expresiones recientes de las autoridades, que hacen pensar que, de existir un cambio, se conservará una parte importante del currículo de los economistas de la UBA y, por lo tanto, que seguiremos las prácticas del plan de estudios modernizador que se distrae con lo auxiliar y se concentra en lo irrelevante, que enaltece el retoque macroeconómico, con la ilusión, ya no de ser un economista “de Estado”, sino un analista de políticas públicas.
La universidad tiene la difícil tarea de construir contenidos significativos, de tomar la delantera en el cambio social, de dejar de mirar que es lo convencional, porque ello fracasó –no una, sino muchas veces–, para animarse a construir algo que tenga sentido para la sociedad, para los trabajadores y para los estudiantes. Es probable que la oportunidad de la efervescencia crítica generada por la última gran crisis esté perdiendo intensidad. El mundo está dejando de escuchar las voces alternativas y en América latina existe un freno al progresismo, cuando no un giro conservador. Notablemente el parco escenario mundial logra reafirmar las voces de la tradición. Esperemos que no sea demasiado tarde para cambiar.
miércoles, octubre 7
La Argentina Planificada (1944-1972)
Comparto un Dossier de autoría de Diego Ezequiel Pereyra sobre la planificación en Argentina. Me cuesta encontrar una imagen que sirva de metáfora a este post, asique va texto plano.
"En el último número del Anuario del IEHS de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires se publica un Dossier sobre la Argentina planificada. En la presentación, Hernán González Bollo ofrece una lectura, desde una sociología histórica del estado argentino, de la planificación indicativa en el país, -en tanto sociodicea cohesionadora de políticos, militares, altos funcionarios públicos y expertos-. Plantea entonces un modelo que distingue las matrices constitutivas de su emergencia (1933-1943), apogeo (1944-1968) y declive (1969-1977), revisando antecedentes y brindando una completa revisión bibliográfica sobre la historia de la planificación en la región. De esta manera, cuatro artículos componen el dossier. Primero, Diego Pereyra trata sobre los entornos regionales que coadyuvan a la legitimidad de toda planificación de alcance nacional. En este caso, sobre los apoyos de círculos intelectuales e instituciones universitarias del Noroeste argentino que facilitaron canales de colaboración a los dos planes quinquenales peronistas (1947- 1951, 1953-1955). Esta perspectiva refuerza la tesis de los encuentros, coincidencias y colaboración, antes que la mera confrontación y resistencia frente al leviatán peronista. Segundo, Aníbal Jáuregui retoma la visión panorámica sobre la historia de la planificación argentina, para destacar el derrotero institucional del CONADE (1962-1971), donde reconstruye la formación de recursos humanos y su colaboración a las políticas económicas de los sixties. Allí emerge una trama en la que el apoyo de la CEPAL convive con la Universidad de Harvard y una camada de economistas franceses (Etienne Hirsch y François Perroux). Detrás del impacto político del Plan Nacional de Desarrollo y del recambio de autoridades en la gestión económica, bajo la dictadura de Onganía, existen programas continuos de contratos para el diseño de políticas públicas. Tercero, Guido Giorgi propone estudiar los apoyos políticos en la cruzada modernizadora de la Revolución Argentina (1966-1973). Por un lado, establece los desfases entre el discurso racionalizador, la ambiciosa reorganización del organigrama de ministerios y secretarías, y el timing of action de los elencos políticos. Por otro lado, desmonta las vertientes católicas que colaboraron en la gestión gubernativa, en abierta competencia con el ala liberal de régimen –cuyas figuras más destacadas fueron el ministro de Economía Adalbert Krieger Vasena y el embajador en Washington Álvaro Alsogaray–, pero también entre ellas mismas. Finalmente, Alejandra Monti orienta su foco de análisis sobre la trayectoria de un insigne arquitecto de la planificación urbana, Jorge Enrique Hardoy. La autora propone una erudita reconstrucción de su itinerario, de Rosario a Buenos Aires, de la universidad pública al instituto privado, en la cual combina en una trama el docente y profesional, los programas de grado y de posgrado, con las redes de contacto propias de instituciones universitarias y organismos internacionales, la formación de profesionales e investigadores orientados a la planificación urbana y los contratos, asesoramientos y consultorías de un amplio rango de agencias públicas"
"En el último número del Anuario del IEHS de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires se publica un Dossier sobre la Argentina planificada. En la presentación, Hernán González Bollo ofrece una lectura, desde una sociología histórica del estado argentino, de la planificación indicativa en el país, -en tanto sociodicea cohesionadora de políticos, militares, altos funcionarios públicos y expertos-. Plantea entonces un modelo que distingue las matrices constitutivas de su emergencia (1933-1943), apogeo (1944-1968) y declive (1969-1977), revisando antecedentes y brindando una completa revisión bibliográfica sobre la historia de la planificación en la región. De esta manera, cuatro artículos componen el dossier. Primero, Diego Pereyra trata sobre los entornos regionales que coadyuvan a la legitimidad de toda planificación de alcance nacional. En este caso, sobre los apoyos de círculos intelectuales e instituciones universitarias del Noroeste argentino que facilitaron canales de colaboración a los dos planes quinquenales peronistas (1947- 1951, 1953-1955). Esta perspectiva refuerza la tesis de los encuentros, coincidencias y colaboración, antes que la mera confrontación y resistencia frente al leviatán peronista. Segundo, Aníbal Jáuregui retoma la visión panorámica sobre la historia de la planificación argentina, para destacar el derrotero institucional del CONADE (1962-1971), donde reconstruye la formación de recursos humanos y su colaboración a las políticas económicas de los sixties. Allí emerge una trama en la que el apoyo de la CEPAL convive con la Universidad de Harvard y una camada de economistas franceses (Etienne Hirsch y François Perroux). Detrás del impacto político del Plan Nacional de Desarrollo y del recambio de autoridades en la gestión económica, bajo la dictadura de Onganía, existen programas continuos de contratos para el diseño de políticas públicas. Tercero, Guido Giorgi propone estudiar los apoyos políticos en la cruzada modernizadora de la Revolución Argentina (1966-1973). Por un lado, establece los desfases entre el discurso racionalizador, la ambiciosa reorganización del organigrama de ministerios y secretarías, y el timing of action de los elencos políticos. Por otro lado, desmonta las vertientes católicas que colaboraron en la gestión gubernativa, en abierta competencia con el ala liberal de régimen –cuyas figuras más destacadas fueron el ministro de Economía Adalbert Krieger Vasena y el embajador en Washington Álvaro Alsogaray–, pero también entre ellas mismas. Finalmente, Alejandra Monti orienta su foco de análisis sobre la trayectoria de un insigne arquitecto de la planificación urbana, Jorge Enrique Hardoy. La autora propone una erudita reconstrucción de su itinerario, de Rosario a Buenos Aires, de la universidad pública al instituto privado, en la cual combina en una trama el docente y profesional, los programas de grado y de posgrado, con las redes de contacto propias de instituciones universitarias y organismos internacionales, la formación de profesionales e investigadores orientados a la planificación urbana y los contratos, asesoramientos y consultorías de un amplio rango de agencias públicas"
EXPLORACIONES SOBRE LA ARGENTINA PLANIFICADA (1944-1972)
Presentación: Hernán González Bollo
Diego Pereyra
Aníbal Pablo Jáuregui
Guido Ignacio Giorgi
Alejandra Monti
lunes, mayo 11
Tesis de Maestría: En el núcleo de la edad dorada del Desarrollo...
Comparto mi tesis "Enel núcleo de la edad dorada del Desarrollo: la Revista de Ciencias Económicas,UBA (1958-1963)" junto al siguiente resumen:
Dentro del conjunto de los significados sobre el desarrollo, las ideas que han sido asociadas a las del crecimiento económico formaron parte del grupo de teorías de la modernización en las Ciencias Sociales. El fin de la segunda guerra mundial, los efectos de la industrialización y las elecciones presidenciales de Argentina en 1946 pusieron en evidencia en una parte importante de la sociedad argentina la necesidad de repensar el desarrollo. Los hechos e ideas que instalaron al desarrollo económico como el problema central del país en la década de 1950 no fueron consecuencia del desarrollismo sino que fueron parte de fenómenos de alcance mundial que excedieron a la economía y la política local pero que tuvieron su historia en ella.
Dentro del conjunto de los significados sobre el desarrollo, las ideas que han sido asociadas a las del crecimiento económico formaron parte del grupo de teorías de la modernización en las Ciencias Sociales. El fin de la segunda guerra mundial, los efectos de la industrialización y las elecciones presidenciales de Argentina en 1946 pusieron en evidencia en una parte importante de la sociedad argentina la necesidad de repensar el desarrollo. Los hechos e ideas que instalaron al desarrollo económico como el problema central del país en la década de 1950 no fueron consecuencia del desarrollismo sino que fueron parte de fenómenos de alcance mundial que excedieron a la economía y la política local pero que tuvieron su historia en ella.
Esta investigación tiene el propósito de
contribuir al estado de los conocimientos en el ámbito de la historia del
pensamiento económico en Argentina, ya que indaga sobre la formación de ideas
en torno al desarrollo económico en la Revista
de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires en el período de
los años 1958 a 1963, bajo la premisa aquél se caracterizó -en el ámbito de la
Economía Política- por comprenderlo desde el crecimiento continuo de las
fuerzas productivas (técnica, tecnología, productividad, programación, etc.),
dejando fuera la preocupación por las relaciones sociales.
Entre las principales conclusiones, se
señala que la formación de una parte del discurso económico en la RCE cobró las
formas expresadas por las ideas modernizadoras donde la acumulación progresiva
de riquezas y la idea del control a partir de la programación del desarrollo
económico fueron característicos de estos textos. Las relaciones sociales en
conflicto no aparecieron en aquellas formulaciones, su lugar, en cambio, fue
reemplazado por la técnica y tecnología, la programación, los planes de
desarrollo, las dotaciones factoriales, las ventajas comparativas y las
políticas económicas. Asimismo, la formación de contenidos y referencias
idearias estuvieron relacionadas íntimamente con las esferas del conocimiento
anglosajón, delimitando el debate de la Economía Política en Argentina.
Este trabajo es un aporte a los estudios
sobre los inicios universitarios de la Economía Política en Argentina y sus
ideas vinculadas a la modernización. Permite trazar un vínculo entre aquellos
trabajos heterogéneos y escasos desde la misma Economía Política con
contribuciones de otras disciplinas sociales que -aunque realizaron aportes
significativos a la comprensión del lugar de las ciencias sociales en el país-
miraron a la Economía Política de costado.
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