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viernes, octubre 21

La vuelta de Argentina al FMI

Un poco de historia para no olvidar

Argentina tiene una larga y sórdida historia con el Fondo Monetario Internacional que conviene comenzar a desempolvar ahora que la alianza Cambiemos ha decidido reestablecer relaciones con el organismo.
Desde 1956 nuestro país pasó la mitad de su historia bajo acuerdos y condicionalidades del Fondo. Estas relaciones se aceleraron después de la crisis de pagos de 1982, con el establecimiento de una serie de requerimientos impuestos por esta institución que se basaron generalmente en reducir los déficits fiscales, en la custodia de reservas internacionales, en el establecimiento de límites al endeudamiento e inflación junto a otras medidas más agresivas orientadas a cambios estructurales de neto corte neoliberal: privatizaciones, reducción de  impuestos, represión salarial y flexibilización laboral, liberación de precios y tasas de interés y liberalización comercial y financiera.
Cuando hacia fines de la década de 1990, la recesión argentina ponía en jaque al esquema de convertibilidad, las condicionalidades asociadas a los préstamos del FMI, basadas en el diagnóstico equivocado de un exceso de gasto público (cuando había superávit primario), no hicieron más que profundizar la recesión, a la vez que financiaron la aceleración de la fuga de capitales, sellando la suerte de la convertibilidad. Una vez producido el estallido y default de diciembre de 2001, el FMI volvió a la carga con sus recetas recesivas, priorizando el pago de la deuda por sobre la recuperación económica. La inoperancia del Fondo quedó plasmada en el documento denominado “Argentina, el FMI y la crisis de la deuda” y publicado en 2004 por el Ministerio de Economía que concluyó diciendo “… que el cuerpo técnico del Fondo no parece estar totalmente preparado para hacer frente a una situación en la cual una crisis de gran magnitud ya ha estallado”.

La salida y el regreso del Fondo

En 2006, Argentina se había liberado de las condicionalidades del Fondo con la cancelación anticipada de la deuda del país con dicho organismo y seguidamente desautorizó la confección y difusión de las auditorías anuales en el marco del Artículo IV. Sin embargo, el Fondo siguió realizando sus evaluaciones económicas desde 2007 al 2015 utilizando información pública y sin posibilidad de consultar a las autoridades argentinas. Estos análisis se publicaron recientemente, luego del acercamiento al Fondo del gobierno actual.
El informe preparado durante febrero de 2014 señalaba dos escenarios ilustrativos de mediano plazo. Por un lado, un escenario de continuidad de las políticas del Kirchnerismo y sin ajuste de la demanda agregada. Para el FMI, este escenario habría provocado una caída acelerada de reservas llegando de 17.6 y 12.2 miles de millones de dólares para 2016 y 2018 respectivamente, con un PBI creciendo a tasas promedio de 1.5% anual y un déficit primario estable cercano al 1% del PBI, aunque sin cambios en las relaciones entre inversión y consumo. Por otro lado, mostraba un escenario alternativo -de restricción de demanda- con políticas como las que implementaría un eventual gobierno pro-mercado. Irónicamente, el FMI denominó a este escenario de “fortalecimiento de las políticas” que hubiera logrado un superávit fiscal cercano al 1,5% del PBI en menos de un año, un cambio en la acumulación de reservas internacionales cuya tasa de crecimiento se acercaría al 8% interanual (un poco menos de 3 mil millones de USD anuales) y una caída del consumo sobre el PBI que permitiría el incremento de la inversión en el corto plazo y el superávit de la cuenta corriente (ver cuadro).



El Fondo señalaba que el conjunto de medidas para lograr el ajuste de corto plazo “consistiría en reducir los subsidios a su nivel de 2007 en términos del PIB en un lapso dos años, y mantener sin cambios los salarios del sector público y los pagos de jubilaciones invariados respecto al PIB, a su nivel de 2012. Asimismo, para mantener controlada la demanda interna, las tasas reales de interés deberían subir y mantenerse positivas y el peso debería depreciarse en términos reales.” En resumen: reducir salarios y jubilaciones, quitar subsidios, restringir la política monetaria limitando las trasferencias del BCRA al tesoro, subir las tasas de interés reales y devaluar la moneda.
Es notable la similitud de estas recetas de política económica que se han implementado desde el 10 de diciembre de 2015 y cuáles de ellas han encontrado su correlato en los resultados esperados. Prácticamente se han seguido todas las sugerencias del Fondo, sin embargo, los resultados en términos de nivel de actividad han sido más negativos y aquellos vinculados al sector externo y las cuentas públicas, tuvieron efectos diametralmente opuestos. Las prescripciones del Fondo ejecutadas por el gobierno actual no sólo empeoraron los efectos negativos previstos, sino que crearon nuevos problemas.

FMI recargado

En una conferencia el 15 de abril de este año, Alejandro Werner, Director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI dijo que “…el nuevo gobierno se embarcó en una ambiciosa transición muy necesaria para eliminar los desequilibrios y distorsiones internos y corregir los precios relativos. Los controles de cambios se redujeron. Varias restricciones al comercio internacional se han eliminado. Se han planteado los temas de tarifas de servicios públicos y se ha llegó a un acuerdo con los acreedores externos. Estas medidas han mejorado las perspectivas de crecimiento en el mediano plazo. Si bien en 2016 habrá una desaceleración, se espera una importante recuperación en ese país para el 2017”. En la misma línea se expresó el reciente evaluador enviado por el Fondo, Roberto Cardarelli, que agregó que la situación previa en el país se caracterizó por altos niveles de consumo, baja inversión, déficits públicos inflacionarios y un clima empresarial que erosionó la competitividad.
El 4 de octubre pasado el FMI presentó su World Economic Outlook, allí señaló que “Argentina ha iniciado una transición importante y muy necesaria hacia un marco de política económica más consistente y sostenible, que está teniendo un costo mayor de lo previsto en 2016, proyectándose un crecimiento de –1,8% (en comparación con la tasa de –1% pronosticada en abril). En 2017 se prevé que el crecimiento se afiance en 2,7% gracias a la moderación de la inflación y la adopción de una postura monetaria y fiscal más propicia.”

Perspectivas

Si bien el Fondo no ha cambiado su postura histórica -sino que la viene reafirmando desde el 2014 a la actualidad- lo notable este proceso, de retroalimentación del ajuste con las autoridades argentinas, parece ser la velocidad con que encuentran sus límites. La historia reciente del menemismo y la Alianza y el espejo de la crisis de 2001 son condicionantes de primer orden. En segundo término, resulta difícil que el Pro pueda descargar el costo político de una supuesta “pesada herencia” habiendo duplicado la inflación (producto de las políticas cambiarias y tarifarias), reducido salarios, actividad productiva y consumo, con su consecuente incremento de desempleo, pobreza e indigencia. Por otro lado, el FMI no expone argumentos que le permitan proyectar tal crecimiento para el año que viene, al contrario, muestra una caía mayor para este año y perspectivas de un estancamiento regional liderado por el principal socio comercial en América del Sur (Brasil). 
Si bien en esta primera instancia habrá muy poco terreno donde el Fondo exija mayores ajustes, es probable que una vez completada la lista corta enunciada en los párrafos anteriores y, evidenciados los magros resultados fiscales definitivos del 2016, el Fondo vuelva a sugerir lo que históricamente ha pedido con vehemencia: más ajuste fiscal, mayor devaluación y reducción salarial. Por ello es que las vueltas a las relaciones cercanas con el FMI pueden volverse conflictivas, incluso para una gestión como la de Cambiemos.
Mariano Arana y Alan Cibils[1]


[1] Investigadores docentes del Área de Economía Política, Instituto de Industria, Universidad Nacional de General Sarmiento.

miércoles, abril 13

Congreso de ECONOMIA POLITICA PARA LA ARGENTINA (EPPA)







El grupo de Economía Política para la Argentina (EPPA) y el área de Economía Política del Instituto de Industria de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) han decidido organizar conjuntamente el I Congreso de Economía Política para la Argentina.

Entre los objetivos del Congreso se encuentran promover el intercambio, discusión y reflexión conjunta en torno a las problemáticas actuales de la economía política con el propósito de contribuir a la construcción de un espacio sistemático de reflexión crítica sobre la disciplina y los problemas actuales de nuestro país. 

El encuentro se realizará los días 23 y 24 de noviembre de 2016 en el Campus de la UNGS, (Gutiérrez 1150, Los Polvorines).  Se pone a disposición transporte desde Ciudad de Buenos Aires al campus Universitario previa reserva vía mail a:
congresoceppa@gmail.com, tel (54) 011- 4469 – 7500 / 7552, int. 7160. Para más información visite nuestro link www.eppa.com.ar, www.ungs.edu.ar/ecopol.Entrada libre y gratuita. Se entregarán certificados de participación y exposición.

Los trabajos serán organizados en mesas articuladas en torno a los siguientes ejes temáticos:

1) La actividad económica, el sector industrial y el sector agrario
2) El mercado de trabajo, sistema previsional, pobreza y distribución del ingreso
3) El sector público: déficit y recaudación fiscal, endeudamiento interno y externo.
4) El sector externo y la política internacional
5) Políticas anti-inflacionarias, monetarias, cambiarias y financieras.
6) La economía social
7) El panorama económico de América Latina y su repercusión en la Argentina
8) El sector energético

Fechas límites:
Fecha límite para la recepción de resúmenes: 16de junio de 2016
Los resúmenes deberán contar con una extensión máxima de 500 palabras. Formato: Hoja A4, fuente Time New Roman, tamaño 12pts., interlineado 1,5pts. Se aceptarán resúmenes y ponencias en castellano y portugués.
La aceptación de los resúmenes será comunicada el 29 de junio de 2016.
Fecha límite para la recepción de ponencias: 15 de septiembre de 2016
Las ponencias deberán contar con una extensión máxima de 10.000 palabras, incluyendo las notas al pie y las referencias bibliográficas.
Formato: Hoja A4, fuente Time New Roman, tamaño 12pts., interlineado 1,5pts.
Todos los archivos deberán contener: Nombre y apellido del/los/las autores/as, inscripción institucional, título de la ponencia y eje temático elegido.

Inscripción e informes:  congresoceppa@gmail.com
Fecha límite de inscripción para recibir certificado de asistencia 3 de octubre de 2016.

COMITÉ ACADEMICO:
Ricardo Aronskind
Demian Panigo
Carlos Martínez
Mariano Kestelboim
Alan Cibils
Andrés Asiain
Emmanuel Álvarez Agis
José Sbattella
Gerardo De Santis
Horacio Rovelli
Guillermo Wierzba
Arnaldo Bocco
Federico Bernal
Paula Español
Alejandro Rofman

COMITÉ ORGANIZADOR:
Santiago Fraschina
Hernan Letcher
Juan Fal
Pablo Lalanne
Sonia Filipetto
Cecilia Allami
Mariano Arana
Pablo Manzanelli
Sergio Carpenter
Arnaldo Ludueña
Alejandro Barrios
Germán Pinazo
Jorge Marchini
Fernanda Vallejos
 


martes, marzo 1

Crear valor para el rentista, o la política económica del nuevo conservadurismo en Argentina

Casi tres meses de gestión del gobierno del Pro dan mucha tela para cortar en materia de economía política. Dado que una parte de lo que efectivamente hicieron fue anunciada en la campaña electoral, es menester tomar en cuenta no sólo las políticas efectivamente realizadas sino aquellas que han sido anunciadas con suficiente énfasis como para esperar que se vuelvan realidad en el corto plazo. Lo que sigue trata muy brevemente temas económicos ocurridos en los ámbitos fiscales, financieros, de ingresos, de los sectores productivos y de las relaciones con el resto del mundo. El esquema general arroja un evidente aumento de la inflación que contribuye a acelerar el conflicto social, caída del nivel de actividad, concentración del ingreso y excedente, mayor exposición y vulnerabilidad externa, caída del consumo público y privado por lo tanto del mercado interno, aumento del desempleo, pobreza e indigencia, perdida de posición e integración regional y un incremento del déficit público y de la deuda externa pública.

El anuncio de metas de inflación acompañó la previsión del ajuste del gasto público en relación al PBI en lo que refiere al gasto corriente. Aunque no hay aún una nueva ley de presupuesto que permita estimar concretamente el programa de gastos, al compás de la abrupta devaluación del 17 de diciembre pasado, siguió el desfinanciamiento fiscal mediante la reducción de los ingresos vía retenciones al agro y luego la minería (de yapa la quita de impuestos a los autos de lujo, al tabaco y al champán). La modificación del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias fue otro efecto de incremento el déficit fiscal, aunque el resultado fiscal final está abierto por la inclusión de nuevos contribuyentes.
La política de metas de inflación está en sintonía con un recorte del gasto al quitar financiamiento al sector público mediante un ajuste del crecimiento de la base monetaria. La liberación de tasas de interés, el negocio de las LEBAC y los plazos fijos, la liberación de movimiento de capitales y el aumento de deudas para reservas vía BONARs + Megacanje II, son medidas que apuntan a aspirar pesos sin comprar dólares y hacerse de dólares mediante toma de deudas, de modo de no incrementar los billetes y monedas en manos del público. El diagnóstico oficial acerca de la inflación está circunscripto exclusivamente al financiamiento del déficit fiscal vía incremento de la masa monetaria.
Por otro lado, el arreglo de pago a los Fondos Buitres fue una de las prioridades de la actual administración. El cambio de estudio de abogados que sigue las causas, la cúpula de decisión en materia económica entera viajando a Davos y el reciente pre-acuerdo con litigantes italianos reunidos en Task Force Argentina, fueron señales premonitorias de la costosa media-salida del default. Es que el ámbito fiscal, luego de la desfinanciación y la caída del nivel de actividad, no cierra ni con las quitas de subsidios programadas, por ello es que ayer el Ministro de Hacienda anunció que, de no conseguirse un arreglo con los holdouts, las alternativas están entre una emisión mayor y un ajuste brutal -seguidamente descartó solo la primera alternativa-. De este modo, el Pro extorsiona al Congreso Nacional para que derogue las dos leyes que impiden mejorarle la oferta a los que no entraron a los canjes de deuda pública 2005 y 2010 (leyes cerrojo y de pago soberano).
Recapitulando, el BCRA se endeuda para no salir comprar dólares y el tesoro se endeuda para no financiar gasto corriente con emisión. He aquí los dos problemas fundamentales de la política económica del Pro: la inflación y el crecimiento.
Respecto del diagnóstico inflacionario, la probabilidad de error crece con cada aumento del índice de precios mes a mes. La inflación está mostrando tener un componente cambiario muy significativo coadyuvado por la concentración en la formación de precios, la quita de retenciones al trigo y maíz principalmente, la quita de subsidios a la electricidad y las expectativas futuras (incluyendo los acuerdos salariales en torno al 35/40%). Los anuncios de quitas de subsidios al transporte y al gas, el desmantelamiento de precios cuidados, claramente no contribuyen a morigerar las expectativas inflacionarias.
Si el diagnóstico inflacionario oficial es errado, en Argentina se recrudecerá el estancamiento y la inflación, pero con el agravante de un endeudamiento progresivo. Si la inflación menguara, se corre con el problema adicional de crecer poco y endeudarse mucho, en el mejor de los casos, dilatar una crisis de deuda. La única salida de mediano plazo políticamente viable es crecer rápidamente y mucho. En este ámbito las posibilidades no son alentadoras: la contracción del gasto público anunciada y del consumo (mediante la baja de ingresos populares, salario real y transferencias ANSES) pone la lupa del crecimiento sobre el sector externo y la inversión privada. En cuanto al primero, las posibilidades de crecimiento de las regiones compradoras son menores a las de años anteriores, en este sentido el apoyo público a los sectores agroindustriales, pesqueros, mineros y energéticos parece ser una política de retención de ingresos más que de fomento exportador.  Sobre el segundo, resulta un tanto ingenuo creer que la potencial caída de la tasa de interés local (acuerdo con Fondos Buitres mediante) y la flexibilización de importaciones contribuyan a la expansión de la inversión. Los pronósticos de caída del nivel de actividad que arrojan las agencias internacionales, las perspectivas de pérdida del poder adquisitivo, y el crecimiento de la vulnerabilidad externa (tanto por un mundo más hostil en términos comerciales, así como por la mayor exposición a los movimientos de capitales) difícilmente aceleren las proyecciones de inversión en lo que resta del año. La trampa del Pro es que pone en jaque las finanzas públicas y los ingresos populares, con una promesa de estabilidad futura que día a día muestra que lo que al gobierno le falta de realidad le sobra de deseo.    
Sin embargo, no hay que descartar la posibilidad que deseo y realidad estén en el mismo lugar. Si ese fuera el caso, se explicaría el énfasis sectorial reprimarizador orientado a las actividades rentísticas y extractivas (que permitiría explicar una gran parte de las concesiones al sector financiero) junto los intentos de cambio del eje en las relaciones internacionales desde Mercosur -China/Rusia, CELAC, etc. hacia Estados Unidos y el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), pasando por el desplante al apoyo de 136 países que realizaron hacia Argentina para conducir un marco regulatorio contra los fondos buitres votada en Naciones Unidas el año pasado.
La historia es conocida: desde fines de la década de 1970 los gobiernos neoliberales prometieron reducir la inflación, lograr más estabilidad e incrementar el bienestar aumentando el crecimiento económico. Hoy se sabe que las leves reducciones de la inflación fueron a costa de logros sociales o de burbujas financieras. También se sabe que los países que siguieron las políticas neoliberales aplastaron el crecimiento económico e intentaron compensar esas caídas con deuda pública y privada. En un contexto internacional negativo, la estrategia del Pro parece una estrategia defensiva de los sectores rentísticos asociados al dinero y los recursos naturales, pagadera con una ofensiva sobre el resto de la población. Lo cierto es que este año tendremos lo opuesto a las promesas neoliberales: menor crecimiento con más inflación.

lunes, febrero 1

El ciclo de la ilusión y el...la ilusión (punto).

El FMI empeoró sus proyecciones estimadas desde el último dato revelado en octubre de 2015. Espera contracción estimada del -1% del PBI para Argentina durante 2016 luego de que el mismo organismo publicara tres meses antes que la contracción sería del -0,7%.

Alejandro Werner, analista del FMI señaló en el reporte actualizado de Octubre de 2015 que “Si bien en Argentina la proyección de crecimiento para 2015 sigue siendo levemente positiva gracias, en parte, a un importante impulso fiscal, se espera que la economía se contraiga el próximo año. Además, la combinación de política monetaria y fiscal expansiva sigue ejerciendo presión sobre la brecha entre el tipo de cambio oficial y el de mercado, el nivel de inflación y las reservas internacionales netas.” América Latina y el Caribe: Ajustando bajo presión. hoy señala que “En Argentina, el nuevo gobierno ha iniciado una importante transición para corregir desequilibrios macroeconómicos y distorsiones microeconómicas. Se han tomado medidas significativas para avanzar en esa transición mediante el levantamiento de restricciones al mercado cambiario, la eliminación de varias restricciones al comercio internacional, y el anuncio de las principales directrices del marco macroeconómico y la supresión parcial de los subsidios a la energía. Este nuevo enfoque ha mejorado las perspectivas de crecimiento para el mediano plazo, pero es probable que el ajuste genere una leve recesión en 2016”  América Latina y el Caribe en 2016: Ajustándose a una realidad más dura.
 
El FMI dijo que Argentina estaba bien porque iba mal, pero ahora le va a ir mal para ver si le va mejor...notable cuando creen que las políticas no son acertadas: en octubre de 2014 pronosticaron una contracción del PBI del -1,5% para 2015, en abril corrigieron a una contracción del -0,3%, en octubre 2015 actualizaron a un crecimiento del 0,4% para ese mismo año y terminó arriba cerrando en 1,5%. Es decir, en poco mas de un año tuvieron una reversión de signo de igual magnitud al crecimiento estimado, creyendo que la política era desacertada.

sábado, enero 16

Breves notas sobre “Cuando los economistas alcanzaron el poder” de Mariana Heredia


En 2015 se publicó el libro Cuando los economistas alcanzaron el poder (o cómo se gestó la confianza de los expertos)”, un libro especial que viene a acelerar la preocupación sistemática por comprender una forma de poder que existe hace por lo menos desde 1975 (y es tema de debate creo, si los inicios no fueron a principios del siglo XX o a partir del golpe del 55). En lo personal me parece un aporte excelente, escrito de una forma interesante para que permee fuera de la academia ya que es un libro de historia, historia de las ideas sobre el tema central de la agenda de los economistas después del Rodrigazo, como fue la inflación, sobre los actores que sustentaron estos debates, sobre cómo se legitimaron esas ideas y por ende sobre cómo se regularon las consecuencias sociales de esas realidades construidas –también- mediante el discurso. Llama más la atención que el tratamiento de las ideas por una investigadora que viene de la sociología tiene una coherencia sobre los conceptos, ideas y consecuencias de política económica que es difícil encontrarla entre economistas instruidos, esto es, un aporte a la historia de las ideas pero que puede estimarse un poco más allá, hacia la epistemología de la economía política. La autora estudia el período posterior a 1975 como un período donde las ideas gravitan alrededor de los éxitos y fracasos en el gobierno de la inflación en Argentina. La tesis planteada es que “la inflación se erigió a partir de mediados de los años setenta en el principal termómetro de la crisis”. Pese a que el lugar destinado a las corporaciones o grupos económicos es escaso, los espacios indagados son numerosos, desde la construcción de los economistas en la universidad, hasta las fundaciones y otros espacios públicos y privados. Desde el estudio de los planes económicos hasta el peso relativo de los economistas en las agencias científicas y el lugar relativo de los think thanks, siempre bajo la lupa de la internacionalización de la ciencia. Queda claro que hay que hacerle lugar a los espacios concretos de poder económico en la discusión pública, que hay un espacio para indagar más allá de la política macroeconómica (que es la que gobierna el discurso, claro está) y que se puede ampliar -y porque no, cambiar- los códigos con los que se tratan a la “ortodoxia” y “heterodoxia”, sobre todo porque el Kirchnerismo ha cambiado fuertemente esta separación siempre a partir del fenómeno evidenciado de la transición de los economistas desde el lugar de expertos hacia los espacios políticos que pareció asomar con las candidaturas de Cavallo, López Murphy y Lavagna no hace tanto tiempo atrás pero que hoy los economistas volvieron a recobrar sus lugares de expertos (Por ejemplo, Lavagna y Blejer realizando los prólogos de libros de economistas de espacios políticos enfrentados como fueron Redrado y Kiguel respectivamente)

Entre sus conclusiones quedan claras las consecuencias del poder de los economistas y sus formas de articularlo, aunque también se vinculan fuertemente aspectos del éxito de la política económica pública con el sostenimiento de las ideas y actores. En su epílogo deja una reflexión que sirve como insumo de la política, insumo antipático para los sectores progresistas, pero del cual se deben tomar nota, creo y comparto: “este libro confirma que el regreso de la inflación como problema público es una mala noticia, y se inscribe en una larga saga argentina (…) Con el incremento de los precios y la corrida del dólar, vuelve a erosionarse la autoridad estatal y a desacreditarse el valor de la palabra política.” Y concluye “…cuando la inflación se afirma como problema publico mayúsculo, se instruye una separación entre economía y política, entre especulación racional y compromiso ciudadano, que sólo puede beneficiar a los más oportunistas y los más fuertes. Es sobre esa base que la delegación del juicio público y político puede hacerse en funcionarios que no contarían necesariamente con el apoyo de las mayorías”.

Sin duda es de los libros que se tienen que leer dos veces, no sólo por gusto sino por justo.

 

martes, enero 5

Breves notas sobre “Las crisis económicas argentinas. Una historia de ajustes de desajustes” de Miguel A. Kiguel (no es reseña)

Miguel Kiguel forma parte del panorama de expertos en macroeconomía que, como muchos de su generación, tuvo su paso por instituciones privadas en argentina (CEMA, FIEL, UTDT) y agencias internacionales. También ocupó espacios de gobierno durante el menemismo. Hasta hace poco estaba catalogado como un economista de consulta del actual presidente Mauricio Macri. Notablemente este libro es prologado por quien fuera un consultor de segunda línea de Daniel Scioli, Mario Blejer.
Kiguel como muchos de sus colegas hoy en el gobierno parecen tener una trayectoria similar, trabajos más trabajos menos, logran ser reputados por construirse en un lenguaje experto, ser reconocidos por los 10 o 15 macroeconomistas argentinos mayores a 50 años que construyeron sus carreras por pasos similares. Los macroeconomistas “exitosos” sino tienen su propia consultora están en alguna fundación esperando a ser convocados para algún cargo público. Por ahora no es el caso de Miguel quien ha tratado de retratar lo que sucede en Argentina observando solamente tres cosas: el balance de pagos, el tipo de cambio y la inflación. En algunos pasajes se identifican las variables de jerarquía menor como son la deuda pública, la política comercial y los salarios.

Describe tres tipos de crisis: las de balance de pagos, las macrofinancieras y las hiperinflacionarias. Revisa los distintos períodos de nuestra historia pos-peronista y tras darse cuenta que gran parte de los 60s y 70s argentina no sufrió grandes crisis llega a la conclusión que….nada, sorprendentemente no llega a ninguna conclusión. Aunque se le hace evidente que las crisis se vuelven más frecuentes, más violentas de forma creciente después de 1975…el autor no encuentra nada extraño allí. No le parece raro que las crisis se vuelvan así durante el periodo neoliberal, en absoluto…nada…a lo sumo hecha alguna culpa al Rodrigazo de haber sentado un precedente inflacionario.
El libro tiene pocas novedades, aunque algunas paradojas. Por un lado hace una crítica liviana al monetarismo ingenuo pero termina abrazando la idea que la inflación es un fenómeno monetario siempre y que es consecuencia siempre del accionar del gobierno en cuanto a gastos y manejo del tipo de cambio. De allí a la conclusión que es un fenómeno populista hay un pasito muy corto. Asimismo, tiene la contradictoria novedad de declarar que la crisis del kirchnerismo en realidad no es una crisis, aunque hay muchos indicios –para el autor- que se esté en una antesala de una crisis, pero esta no sería una gran crisis macrofinanciera o hiperinflacionaria sino y a lo sumo una crisis de balance de pagos como las que el mismo autor señaló que a la luz de la actualidad no se observaban como una crisis muchas veces. En resumen, el kirchnerismo dejaría (pero para el autor en rigor no deja) una crisis. Es más, se realiza una estimación muy positiva de los fundamentals macro por la baja dolarización de la economía, la baja deuda pública y un sistema bancario sólido y si, del resto de las condiciones económicas se olvida por completo…El autor declara que ortodoxos y heterodoxos fracasaron, desecha de entrada los aportes del estructuralismo, de hecho, no incluye ningún espacio al lugar de la argentina en el mundo ni al entramado productivo de ninguna índole. Al mismo tiempo identifica dos formas solamente de observar la realidad (casualmente a la que el autor adhiere y la populista-cepalina). El fracaso argentino se puede explicar por el uso de la política económica independientemente de los actores que interactúan, fiel al estilo Pro, la salida es buscar buenos quipos, usar bien la receta de la abuela y esperar que todos los actores se quieran comer lo que la abuela cocinaba.

Esperaba encontrarme con una derecha más instruida, mejor informada de las cosas que se discuten incluso en sus ámbitos de dominio, con ideas más claras y mejor reflexionadas y con propuestas bien pragmáticas. Incluso la exposición de datos es muy precaria. En lugar de ello me encuentro con un libro pobre en su reflexión histórica y teórica, falto de conceptos y con una propuesta que puede esperarse de algún dirigente Pro en un programa de tv estilo Intratables pero que es difícil de digerir cuando se lee un libro que pretende interpretar nada menos que las crisis argentinas de los últimos 70 años.
La idea que los problemas del país se reducen al populismo económico lleva tantos años como el peronismo, pero quienes sostenían esas ideas hace tiempo lo hacían con argumentos más atractivos. Aunque hay que reconocer que reducir a dos o tres variables las explicaciones económicas de la Argentina es una virtud en el mensaje más allá de lo que el mensaje sostenga. En este sentido es interesante la propuesta liberal-conservadora, ya que -paradójicamente?, cada vez lo dudo más- contra de sus propias reglas académicas, contribuye a pensar que casi cualquier cosa se puede decir y su contenido importa poco al lado de su forma, sus medios, sus dispositivos y los actores que sostienen esas ideas y contribuyen a que tengan un correlato social.

sábado, diciembre 19

De "Cambiemos" a "Confiemos", la próxima transformación del equipo de Macri

La CEPAL le bajó a la mitad las perspectivas de crecimiento de Argentina para 2016 luego de conocer las medidas recientes del equipo económico de "cambiemos". El razonamiento es elemental (es decir, básico): en un contexto internacional pésimo para la región, las políticas que concentran ingresos y se desnudan ante la volatilidad financiera no pueden ser buena noticia (minuto 51:30), asimismo aun no... se conoce el programa fiscal y el monetario de mediano plazo...cuando se hagan públicos creo que le bajan 2 puntos más...las reservas que mantiene la institución para la economía argentina son: reservas del BCRA, inflación, salarios, consumo, ritmo de reactivación de las expo. Para que se comprenda mejor el mensaje: la CEPAL es una institución que depende de Naciones Unidas, que trata de lavar un poco sus mensajes negativos porque eso le trae costos políticos (tanto que sus funcionarios parecen embajadores mas que economistas políticos). Agrego otro razonamiento básico: si el ingreso por habitante cae en el año que empieza en una semana, no hay chances que no se incremente el desempleo. Asimismo el impacto de aceleración de la inflación junto a la caída del crecimiento del empleo no pueden otra cosa que provocar más pobreza, más desigualdad y mas exclusión.

miércoles, marzo 18

La coyuntura argentina y las proyecciones de los principales comodities


http://cepecs.org.ar/informe-de-coyuntura-febrero-2015/
Dejo el informe de coyuntura del Centro de Estudios Políticos Económicos y Sociales  (haga click para abrir)

•En el tercer trimestre de 2014, el PIB tuvo una caída del (-0.7%) interanual, enmarcándose este resultado en una tendencia de
desaceleración de la tasa de crecimiento que se viene registrando desde el III Trimestre de 2013.

•De acuerdo a proyecciones realizadas por organismos internacionales, se cree que el 2014 cierra con una caída respecto al año anterior del orden del (-0,3%) para Naciones Unidas, (-1,5%) para el Banco Mundial y (-1,7%) para los pronósticos del FMI.

•Para el año 2015, en el ámbito de estos organismos, existe menos consenso en torno a la evolución del PBI en Argentina. Mientras Naciones Unidas cree que se va a crecer (poco), el Banco Mundial y el FMI creen que el producto continuará decreciendo. Los pronósticos sí se ven más prometedores para el 2016.