Mostrando entradas con la etiqueta Mainstream. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mainstream. Mostrar todas las entradas

sábado, enero 16

Breves notas sobre “Cuando los economistas alcanzaron el poder” de Mariana Heredia


En 2015 se publicó el libro Cuando los economistas alcanzaron el poder (o cómo se gestó la confianza de los expertos)”, un libro especial que viene a acelerar la preocupación sistemática por comprender una forma de poder que existe hace por lo menos desde 1975 (y es tema de debate creo, si los inicios no fueron a principios del siglo XX o a partir del golpe del 55). En lo personal me parece un aporte excelente, escrito de una forma interesante para que permee fuera de la academia ya que es un libro de historia, historia de las ideas sobre el tema central de la agenda de los economistas después del Rodrigazo, como fue la inflación, sobre los actores que sustentaron estos debates, sobre cómo se legitimaron esas ideas y por ende sobre cómo se regularon las consecuencias sociales de esas realidades construidas –también- mediante el discurso. Llama más la atención que el tratamiento de las ideas por una investigadora que viene de la sociología tiene una coherencia sobre los conceptos, ideas y consecuencias de política económica que es difícil encontrarla entre economistas instruidos, esto es, un aporte a la historia de las ideas pero que puede estimarse un poco más allá, hacia la epistemología de la economía política. La autora estudia el período posterior a 1975 como un período donde las ideas gravitan alrededor de los éxitos y fracasos en el gobierno de la inflación en Argentina. La tesis planteada es que “la inflación se erigió a partir de mediados de los años setenta en el principal termómetro de la crisis”. Pese a que el lugar destinado a las corporaciones o grupos económicos es escaso, los espacios indagados son numerosos, desde la construcción de los economistas en la universidad, hasta las fundaciones y otros espacios públicos y privados. Desde el estudio de los planes económicos hasta el peso relativo de los economistas en las agencias científicas y el lugar relativo de los think thanks, siempre bajo la lupa de la internacionalización de la ciencia. Queda claro que hay que hacerle lugar a los espacios concretos de poder económico en la discusión pública, que hay un espacio para indagar más allá de la política macroeconómica (que es la que gobierna el discurso, claro está) y que se puede ampliar -y porque no, cambiar- los códigos con los que se tratan a la “ortodoxia” y “heterodoxia”, sobre todo porque el Kirchnerismo ha cambiado fuertemente esta separación siempre a partir del fenómeno evidenciado de la transición de los economistas desde el lugar de expertos hacia los espacios políticos que pareció asomar con las candidaturas de Cavallo, López Murphy y Lavagna no hace tanto tiempo atrás pero que hoy los economistas volvieron a recobrar sus lugares de expertos (Por ejemplo, Lavagna y Blejer realizando los prólogos de libros de economistas de espacios políticos enfrentados como fueron Redrado y Kiguel respectivamente)

Entre sus conclusiones quedan claras las consecuencias del poder de los economistas y sus formas de articularlo, aunque también se vinculan fuertemente aspectos del éxito de la política económica pública con el sostenimiento de las ideas y actores. En su epílogo deja una reflexión que sirve como insumo de la política, insumo antipático para los sectores progresistas, pero del cual se deben tomar nota, creo y comparto: “este libro confirma que el regreso de la inflación como problema público es una mala noticia, y se inscribe en una larga saga argentina (…) Con el incremento de los precios y la corrida del dólar, vuelve a erosionarse la autoridad estatal y a desacreditarse el valor de la palabra política.” Y concluye “…cuando la inflación se afirma como problema publico mayúsculo, se instruye una separación entre economía y política, entre especulación racional y compromiso ciudadano, que sólo puede beneficiar a los más oportunistas y los más fuertes. Es sobre esa base que la delegación del juicio público y político puede hacerse en funcionarios que no contarían necesariamente con el apoyo de las mayorías”.

Sin duda es de los libros que se tienen que leer dos veces, no sólo por gusto sino por justo.

 

martes, enero 5

Breves notas sobre “Las crisis económicas argentinas. Una historia de ajustes de desajustes” de Miguel A. Kiguel (no es reseña)

Miguel Kiguel forma parte del panorama de expertos en macroeconomía que, como muchos de su generación, tuvo su paso por instituciones privadas en argentina (CEMA, FIEL, UTDT) y agencias internacionales. También ocupó espacios de gobierno durante el menemismo. Hasta hace poco estaba catalogado como un economista de consulta del actual presidente Mauricio Macri. Notablemente este libro es prologado por quien fuera un consultor de segunda línea de Daniel Scioli, Mario Blejer.
Kiguel como muchos de sus colegas hoy en el gobierno parecen tener una trayectoria similar, trabajos más trabajos menos, logran ser reputados por construirse en un lenguaje experto, ser reconocidos por los 10 o 15 macroeconomistas argentinos mayores a 50 años que construyeron sus carreras por pasos similares. Los macroeconomistas “exitosos” sino tienen su propia consultora están en alguna fundación esperando a ser convocados para algún cargo público. Por ahora no es el caso de Miguel quien ha tratado de retratar lo que sucede en Argentina observando solamente tres cosas: el balance de pagos, el tipo de cambio y la inflación. En algunos pasajes se identifican las variables de jerarquía menor como son la deuda pública, la política comercial y los salarios.

Describe tres tipos de crisis: las de balance de pagos, las macrofinancieras y las hiperinflacionarias. Revisa los distintos períodos de nuestra historia pos-peronista y tras darse cuenta que gran parte de los 60s y 70s argentina no sufrió grandes crisis llega a la conclusión que….nada, sorprendentemente no llega a ninguna conclusión. Aunque se le hace evidente que las crisis se vuelven más frecuentes, más violentas de forma creciente después de 1975…el autor no encuentra nada extraño allí. No le parece raro que las crisis se vuelvan así durante el periodo neoliberal, en absoluto…nada…a lo sumo hecha alguna culpa al Rodrigazo de haber sentado un precedente inflacionario.
El libro tiene pocas novedades, aunque algunas paradojas. Por un lado hace una crítica liviana al monetarismo ingenuo pero termina abrazando la idea que la inflación es un fenómeno monetario siempre y que es consecuencia siempre del accionar del gobierno en cuanto a gastos y manejo del tipo de cambio. De allí a la conclusión que es un fenómeno populista hay un pasito muy corto. Asimismo, tiene la contradictoria novedad de declarar que la crisis del kirchnerismo en realidad no es una crisis, aunque hay muchos indicios –para el autor- que se esté en una antesala de una crisis, pero esta no sería una gran crisis macrofinanciera o hiperinflacionaria sino y a lo sumo una crisis de balance de pagos como las que el mismo autor señaló que a la luz de la actualidad no se observaban como una crisis muchas veces. En resumen, el kirchnerismo dejaría (pero para el autor en rigor no deja) una crisis. Es más, se realiza una estimación muy positiva de los fundamentals macro por la baja dolarización de la economía, la baja deuda pública y un sistema bancario sólido y si, del resto de las condiciones económicas se olvida por completo…El autor declara que ortodoxos y heterodoxos fracasaron, desecha de entrada los aportes del estructuralismo, de hecho, no incluye ningún espacio al lugar de la argentina en el mundo ni al entramado productivo de ninguna índole. Al mismo tiempo identifica dos formas solamente de observar la realidad (casualmente a la que el autor adhiere y la populista-cepalina). El fracaso argentino se puede explicar por el uso de la política económica independientemente de los actores que interactúan, fiel al estilo Pro, la salida es buscar buenos quipos, usar bien la receta de la abuela y esperar que todos los actores se quieran comer lo que la abuela cocinaba.

Esperaba encontrarme con una derecha más instruida, mejor informada de las cosas que se discuten incluso en sus ámbitos de dominio, con ideas más claras y mejor reflexionadas y con propuestas bien pragmáticas. Incluso la exposición de datos es muy precaria. En lugar de ello me encuentro con un libro pobre en su reflexión histórica y teórica, falto de conceptos y con una propuesta que puede esperarse de algún dirigente Pro en un programa de tv estilo Intratables pero que es difícil de digerir cuando se lee un libro que pretende interpretar nada menos que las crisis argentinas de los últimos 70 años.
La idea que los problemas del país se reducen al populismo económico lleva tantos años como el peronismo, pero quienes sostenían esas ideas hace tiempo lo hacían con argumentos más atractivos. Aunque hay que reconocer que reducir a dos o tres variables las explicaciones económicas de la Argentina es una virtud en el mensaje más allá de lo que el mensaje sostenga. En este sentido es interesante la propuesta liberal-conservadora, ya que -paradójicamente?, cada vez lo dudo más- contra de sus propias reglas académicas, contribuye a pensar que casi cualquier cosa se puede decir y su contenido importa poco al lado de su forma, sus medios, sus dispositivos y los actores que sostienen esas ideas y contribuyen a que tengan un correlato social.

lunes, junio 1

Mercantilismo, cepalismo y mainstream

Tal vez una buena explicación para que las prácticas académicas queden fuera del alcance de hacer Economía Política resulta de la aproximación utilitaria y universalista que caracteriza a ésta. Si la teoría es universal (constituida en el pasado en Reino Unido, EE.UU., etc.) y, su única finalidad es la aplicación de medios a fines, entonces importa estudiar como se aplicó y qué resultados tuvo, independientemente de cómo se conformáron esas ideas. Es posible, en ese esquema pensar porqué el estudio de la Economía Política pasa a ser el estudio de la Política Ecónomica casi exclusivamente, o en otros términos, el estudio de su aplicación económica.
La historia del pensamiento económico occidental reconoce dos procesos relacionados con el razonamiento anterior. En primer lugar, el llamado “Mercantilismo”. Por diversas razones se caracterizó a este movimiento histórico de pre-científico (Shumpeter). Lo que tal vez interese a este artículo sea que durante el mercantilismo, la validación del conocimiento no se ralizó bajo las reglas de la ciencia moderna, sino por otros mecanismos, menos sofisticados y más directos.[1] Es por ello que aquellos “panfletos” del siglo XV al siglo XVIII reconocieron su intencionalidad de detención del poder (económico-político indiscriminablemente). En segundo lugar aparece el mainstream económico en la actualidad que rechaza la utilidad del estudio de su historia o la transforma en una mera indagación sobre su evolución (independientemente de cual sea el relato, siempre que reconozca la evolución), donde la forma de validar y excluir conocimiento económico se encuentra muy desarrollada bajo la lupa de los rankings cienciométricos que les permiten mostrarse objetivas y por ende no-políticas. A diferencia del proceso anterior, interesa su aplicación en la medida que es un medio para validar la acumulación de reputaciones académicas, en escasos casos de la cúpula del mainstream económico, al que se llega mediante acumulación de reputaciones, interesa su aplicación política. Ciertamente estamos en un mundo mas complejo que el de siglos atrás.
La Economía Política nacida o transforada en América Latina (específicamente el cepalismo, estructuralismo y enfoques de la dependencia) estuvo orientada a discutir poder, al tiempo que fue caracterizada de pre-científica (Por ej. por Octavio Rodríguez). A diferencia del mercantilismo, en América Latina se reclamó la conducción de poder económico (programas de desarrollo) como algo distinto del poder político, claro, la Economía ya se había separado en 1776 del poder y, también a diferencia del Mercantilismo, la ciencia económica estaba consagrada e internacionalizada, aquí y en el resto de occidente (Coats), por lo que los procesos de validación del saber fueron completamente distintos.
Tal vez comparta con el mercantilismo el carácter polémico que caracteriza la construcción de conocimiento económico en sociedades conflictivas. Pero mas allá de sus semejanzas, son procesos, tiempos y espacios muy dificiles de comparar. El ejemplo sugiere que lo sucedido en Amércia Latina es dificil de encontrar en el resto del mundo occidental.
Así venimos en las historias del pensamiento economico de forma convencional. Se excluyen estudios regionales por su carácter pre-cientpifico y normativo y se incluyen aportes universales de leyes o principios economicos separados de su prescripcion de política o de su accionar político. No es de extrañar que lo que predomine sea el estudio de los grandes economistas o de los grandes libros.

Parece que otra historia no esta escrita, menos aún debatida y por lo tanto, no hay mucho que disputar en ese ámbito. Me parece interesante empezar a construirlo.

[1] En esos tres siglos que van desde XV hasta la aparición de la Riqueza de las naciones en 1776.