martes, enero 5

Breves notas sobre “Las crisis económicas argentinas. Una historia de ajustes de desajustes” de Miguel A. Kiguel (no es reseña)

Miguel Kiguel forma parte del panorama de expertos en macroeconomía que, como muchos de su generación, tuvo su paso por instituciones privadas en argentina (CEMA, FIEL, UTDT) y agencias internacionales. También ocupó espacios de gobierno durante el menemismo. Hasta hace poco estaba catalogado como un economista de consulta del actual presidente Mauricio Macri. Notablemente este libro es prologado por quien fuera un consultor de segunda línea de Daniel Scioli, Mario Blejer.
Kiguel como muchos de sus colegas hoy en el gobierno parecen tener una trayectoria similar, trabajos más trabajos menos, logran ser reputados por construirse en un lenguaje experto, ser reconocidos por los 10 o 15 macroeconomistas argentinos mayores a 50 años que construyeron sus carreras por pasos similares. Los macroeconomistas “exitosos” sino tienen su propia consultora están en alguna fundación esperando a ser convocados para algún cargo público. Por ahora no es el caso de Miguel quien ha tratado de retratar lo que sucede en Argentina observando solamente tres cosas: el balance de pagos, el tipo de cambio y la inflación. En algunos pasajes se identifican las variables de jerarquía menor como son la deuda pública, la política comercial y los salarios.

Describe tres tipos de crisis: las de balance de pagos, las macrofinancieras y las hiperinflacionarias. Revisa los distintos períodos de nuestra historia pos-peronista y tras darse cuenta que gran parte de los 60s y 70s argentina no sufrió grandes crisis llega a la conclusión que….nada, sorprendentemente no llega a ninguna conclusión. Aunque se le hace evidente que las crisis se vuelven más frecuentes, más violentas de forma creciente después de 1975…el autor no encuentra nada extraño allí. No le parece raro que las crisis se vuelvan así durante el periodo neoliberal, en absoluto…nada…a lo sumo hecha alguna culpa al Rodrigazo de haber sentado un precedente inflacionario.
El libro tiene pocas novedades, aunque algunas paradojas. Por un lado hace una crítica liviana al monetarismo ingenuo pero termina abrazando la idea que la inflación es un fenómeno monetario siempre y que es consecuencia siempre del accionar del gobierno en cuanto a gastos y manejo del tipo de cambio. De allí a la conclusión que es un fenómeno populista hay un pasito muy corto. Asimismo, tiene la contradictoria novedad de declarar que la crisis del kirchnerismo en realidad no es una crisis, aunque hay muchos indicios –para el autor- que se esté en una antesala de una crisis, pero esta no sería una gran crisis macrofinanciera o hiperinflacionaria sino y a lo sumo una crisis de balance de pagos como las que el mismo autor señaló que a la luz de la actualidad no se observaban como una crisis muchas veces. En resumen, el kirchnerismo dejaría (pero para el autor en rigor no deja) una crisis. Es más, se realiza una estimación muy positiva de los fundamentals macro por la baja dolarización de la economía, la baja deuda pública y un sistema bancario sólido y si, del resto de las condiciones económicas se olvida por completo…El autor declara que ortodoxos y heterodoxos fracasaron, desecha de entrada los aportes del estructuralismo, de hecho, no incluye ningún espacio al lugar de la argentina en el mundo ni al entramado productivo de ninguna índole. Al mismo tiempo identifica dos formas solamente de observar la realidad (casualmente a la que el autor adhiere y la populista-cepalina). El fracaso argentino se puede explicar por el uso de la política económica independientemente de los actores que interactúan, fiel al estilo Pro, la salida es buscar buenos quipos, usar bien la receta de la abuela y esperar que todos los actores se quieran comer lo que la abuela cocinaba.

Esperaba encontrarme con una derecha más instruida, mejor informada de las cosas que se discuten incluso en sus ámbitos de dominio, con ideas más claras y mejor reflexionadas y con propuestas bien pragmáticas. Incluso la exposición de datos es muy precaria. En lugar de ello me encuentro con un libro pobre en su reflexión histórica y teórica, falto de conceptos y con una propuesta que puede esperarse de algún dirigente Pro en un programa de tv estilo Intratables pero que es difícil de digerir cuando se lee un libro que pretende interpretar nada menos que las crisis argentinas de los últimos 70 años.
La idea que los problemas del país se reducen al populismo económico lleva tantos años como el peronismo, pero quienes sostenían esas ideas hace tiempo lo hacían con argumentos más atractivos. Aunque hay que reconocer que reducir a dos o tres variables las explicaciones económicas de la Argentina es una virtud en el mensaje más allá de lo que el mensaje sostenga. En este sentido es interesante la propuesta liberal-conservadora, ya que -paradójicamente?, cada vez lo dudo más- contra de sus propias reglas académicas, contribuye a pensar que casi cualquier cosa se puede decir y su contenido importa poco al lado de su forma, sus medios, sus dispositivos y los actores que sostienen esas ideas y contribuyen a que tengan un correlato social.

jueves, diciembre 31

Breves notas sobre "La economía argentina en su laberinto. Lo que dejan doce años de kirchnerismo"

Este año se publicó La economía argentina en su laberinto. Lo que dejan doce años de kirchnerismo de Esteban Mercante, asesor de los ex presidenciables Nicolás del Caño y Miriam Bregman. El libro esta prologado por el "chipi" castillo, en este sentido puede tomarse como una reflexión extendida dentro del FIT. No tengo la intención de hacer una reseña del libro pero si notar críticamente algunas cuestiones.

El libro tiene la intención de explicar al trabajador no necesariamente entrenado en temas económicos y a discutir grandes lineamientos de política económica pasada. En este sentido creo que cumple muy bien esa función. Entiendo que esto presenta un problema significativo por cuento el libro no ubica el lugar político de sus pretendidos lectores, pero tampoco los retoma históricamente, quiero decir, si la salida es de los trabajadores, ¿cómo es posible que no se haga referencia al rol político y económico que tuvo durante los últimos 12 a 22 años de kirchnerismo y peronismo respectivamente? Al mismo tiempo, tampoco evalúa el espacio ocupado por las clases dominantes mas allá de la retomada que hace de los grupos de estudio de FLACSO (que no comparten el mismo espacio político ni las mismas conclusiones que el autor) y de unos cuantos apellidos de la oligarquía pampeana, es decir, una mirada de la lucha de clases que no se concentra en la patronal pero tampoco lo hace en el movimiento obrero, en su lugar es una crítica a una forma de gobierno burgués -porque es un gobierno de democracias capitalistas- al que se representa a veces como un estado capitalista, a veces como un estado populista, o como una forma de bonapartismo, y a veces como un estado en favor de las clases populares pero falto de pericia. En ningún caso hay una complejización del Estado en Argentina (una cosa es complejizar y otra etiquetar de varias formas) y todo se reduce a tres proposiciones que permiten acusar al Estado de no haber representado a los intereses de los trabajadores en los últimos 12 años: 1) En Argentina hay relaciones sociales dentro de un capitalismo semicolonial y dependiente, 2) El Kirchnerismo no hizo la revolución socialista (he aquí todas sus contradicciones...) y 3) El Kirchnerismo deja a los trabajadores en peores condiciones que en los 90s. La primera proposición no es demostrada, es decir el autor la toma como un dato, no cree seguramente que haya necesidad de explicar que significa esa caracterización ni siquiera de justificarla (porque en algunos casos la dependencia no significa necesariamente la semicolonialidad...), en el segundo caso es una obviedad y en el tercer caso hay una elusión y evasión de muchas cosas acontecidas en la ebullición de la crisis entre 2001-2003 y una escasa mirada histórica de lo ocurrido con los sectores populares en las crisis anteriores, sobre todo después de 1945. Respecto de la tercera proposición, no hay mucho que aclarar mas que invitar a los lectores a que observen los años de comparación que usa Mercante para estimar los argumentos críticos. Aunque claramente la crisis 2001-2003 es un aspecto debatido y sobre el cual sigue existiendo polémica dentro de los mismos grupos políticos.

Otro aspecto negativos del libro es que escasea fenomenalmente el escenario internacional en el análisis, no solo porque no recuerdo haber leído "China" sino porque las referencias al lugar de América Latina en el mundo son escasas. Hay muchos aspectos donde es permitido dudar de la honestidad u oportunidad de la crítica, sobre todo en aquellos casos relacionados al manejo de la deuda pública y la distribución del ingreso. Hay un fuerte contraste entre lo que el autor relata y los datos que se exponen.

Sin embargo el proyecto trata de rescatar bibliografía reciente y concentrarse en temas de la acumulación y las formas de la inversión, la tasa de ganancia y una mirada no superficial sobre aspectos macroeconómicos, sobre todo en lo que hacen a la comprensión del rol que tiene tipo de cambio para Argentina. Hay un buen espacio destinado a la industria automotriz y es un estudio de caso que usa todos los componentes de la Economía Política anunciados previamente que logran coherencia en su crítica. Sin embargo esa parte del capítulo es una excepción a lo que ocurre en el resto del libro.

Por último, el trabajo tiene la falta de oportunidad de realizar una crítica a un movimiento social que formó gobierno y dirigió al Estado de forma conflictiva y contradictoria muchas veces, pero que ya no lo es, hoy ganó una forma de la derecha, el Pro, hoy ganaron al Estado los que abrazan sin mirar al capitalismo completito, hoy están quienes no tienen conflictos internos sobre el lugar de Argentina en el mundo y sobre el lugar de los trabajadores en el cambio social, hoy están quienes no aparecen en el libro que pretendía hacer una crítica a una forma de gobierno que ya no existe, sin embargo los intereses que no se expresan en el libro son aquellos que predominan la escena política, los principales movimientos contra esos intereses tampoco están expresados en el libro, en este sentido creo que poco nos puede decir sobre el presente y futuro aunque haya expresado su visión (que no comparto en gran parte) de lo ocurrido en el pasado. Tiene la virtud de ser un libro de historia, de una historia, la que una parte de la izquierda quiere contar sobre los gobiernos kirchneristas, pero no es una historia de las clases dominantes ni de los trabajadores, es decir, no es una historia de la lucha de clases en Argentina.

sábado, diciembre 19

De "Cambiemos" a "Confiemos", la próxima transformación del equipo de Macri

La CEPAL le bajó a la mitad las perspectivas de crecimiento de Argentina para 2016 luego de conocer las medidas recientes del equipo económico de "cambiemos". El razonamiento es elemental (es decir, básico): en un contexto internacional pésimo para la región, las políticas que concentran ingresos y se desnudan ante la volatilidad financiera no pueden ser buena noticia (minuto 51:30), asimismo aun no... se conoce el programa fiscal y el monetario de mediano plazo...cuando se hagan públicos creo que le bajan 2 puntos más...las reservas que mantiene la institución para la economía argentina son: reservas del BCRA, inflación, salarios, consumo, ritmo de reactivación de las expo. Para que se comprenda mejor el mensaje: la CEPAL es una institución que depende de Naciones Unidas, que trata de lavar un poco sus mensajes negativos porque eso le trae costos políticos (tanto que sus funcionarios parecen embajadores mas que economistas políticos). Agrego otro razonamiento básico: si el ingreso por habitante cae en el año que empieza en una semana, no hay chances que no se incremente el desempleo. Asimismo el impacto de aceleración de la inflación junto a la caída del crecimiento del empleo no pueden otra cosa que provocar más pobreza, más desigualdad y mas exclusión.

miércoles, diciembre 16

Texto y audio de la defensa de la tesis "En el núcleo de la edad dorada del Desarrollo: la Revista de Ciencias Económicas, UBA (1958-1963)"


El 14/12/2015 defendí mi tesis de maestría titulada: "En el núcleo de la edad dorada del Desarrollo: la Revista de Ciencias Económicas, UBA (1958-1963)" bajo al dirección de Hernán González Bollo y Diego Pereyra, que se puede consultar aquí. Adicionalmente sumo el audio de la defensa que se puede escuchar en YouTube:

 
 


lunes, noviembre 9

Burbuja de expertos, sobre la formación de economistas en Buenos Aires

Comparto la nota que publiqué en Página 12 el domingo pasado. 

A mediados del siglo XX se produjo un consenso generalizado sobre la falta de economistas formados para los tiempos de posguerra. Las ideas nuevas sobre el desarrollo económico y el keynesianismo fueron las plataformas de demanda profesionales idóneos para gestionar el ciclo económico en América latina y en los países centrales, respectivamente.
En 1948 se creó por primera vez la Licenciatura en Economía en la Universidad de Buenos Aires en la Facultad de Ciencias Económicas (FCE-UBA). Esta Facultad –se dijo– no había contribuido al progreso de la teoría económica nacional debido a la falta de economistas. Las especializaciones propuestas dieron cuenta de los perfiles buscados. Entre ellas se encontraban el economista de “Estado”, el de “Empresa”, el “Puro”.
Por diversas razones, el plan creado en 1948 no se hizo efectivo. Cinco años después se instrumentó otra licenciatura donde estudiaron muy pocos y con contenidos no muy diferenciados de los Contadores Públicos, hasta que en 1958 la FCE-UBA volvió a disponer de un plan de estudios para formar economistas modernos. Aquel plan tuvo una influencia anglosajona importante, y ciertamente abrazó al paradigma modernizador, sin embargo, el enfoque universalista extranjero se combinó con ideas del estructuralismo latinoamericano reciente. El resultado fue un perfil de economista conocedor de las teorías dominantes de las hegemonías en transición y de las contribuciones de las formaciones sociales soviéticas, pero también, de los principales problemas regionales y locales. Un estudiante de aquel tiempo conocía los instrumentos de gestión económica, su territorio y podía elegir especializarse en los distintos sectores de la producción. Los economistas de la UBA tuvieron los instrumentos elementales para oponerse al creciente monetarismo dominante que había desembarcado en otras universidades argentinas hacia 1962.
Esa llamada edad dorada de los economistas no duró mucho. Pocas décadas después habían pasado de ser parte de la solución a contribuir al problema. En los años ochenta, Wassily Leontief –el creador del Análisis Económico Input-Output– realizó una pequeña investigación sobre artículos publicados en las principales revistas científicas de economía y decidió dejar de publicar luego de encontrar en la American Economic Review –la revista más consultada de la economía moderna– una investigación empírica que buscaba demostrar la aplicabilidad de la teoría del consumidor para predecir comportamientos de las palomas. El artículo lleva el payasesco título de “Income-Leisure Tradeoffs of Animal Workers”.
En pocas décadas los economistas pasaron de ser escasos a abundantes y, en lugar de concentrarse en pensar para la sociedad en la que vivían, empezaron a su solucionar sus propios excesos de oferta de mano de obra. De este modo cambiaron su lenguaje, haciéndolo poco accesible al resto de las ciencias sociales y crearon sus mercados de reputación con las baterías de premios en honor a algún difunto, sus rankings y sus exclusivas asociaciones profesionales. Hicieron de su disciplina el “método para fijar creencias” por excelencia y con ello legitimaron en una parte de la sociedad sus conocimientos expertos.
Esta reapreciación de los economistas pareció verse limitada por la última gran crisis económica mundial. Sin embargo, ya han pasado casi siete años y el conservadurismo en las ideas y la práctica siguen dominando el pensamiento económico. La burbuja de los expertos parece seguir su curso.
Los planes de estudio de educación superior para los economistas acompañan estas generales. En Argentina, como en tantos países, la creciente internacionalización de la profesión y su pretensión de universalidad fue moliendo los contenidos locales que se encontraban en los primeros planes de estudio. Si a mediados del siglo pasado lo moderno significó relegar el derecho, la contabilidad y la matemática en pos de profundizar la investigación y aplicación económicas, desde el neoliberalismo y sobre todo desde los infelices años noventa, la práctica modernizadora fue dejar de lado la historia, la geografía y la investigación.
En 2011 el entonces decano (y hoy rector) de la FCE-UBA, Alberto Barbieri, anunció que los docentes serían convocados a participar de los debates para una nueva reforma del plan de estudios. Hasta el 2012 el debate estuvo diluido entre convocatorias oficiales esporádicas y propuestas de borradores de sectores críticos de las autoridades. En un caso se habló de una simple actualización del perfil del graduado, en el otro caso de un cambio radical del plan de estudios. Ni una ni otra posición se materializó las expresiones recientes de las autoridades, que hacen pensar que, de existir un cambio, se conservará una parte importante del currículo de los economistas de la UBA y, por lo tanto, que seguiremos las prácticas del plan de estudios modernizador que se distrae con lo auxiliar y se concentra en lo irrelevante, que enaltece el retoque macroeconómico, con la ilusión, ya no de ser un economista “de Estado”, sino un analista de políticas públicas.
La universidad tiene la difícil tarea de construir contenidos significativos, de tomar la delantera en el cambio social, de dejar de mirar que es lo convencional, porque ello fracasó –no una, sino muchas veces–, para animarse a construir algo que tenga sentido para la sociedad, para los trabajadores y para los estudiantes. Es probable que la oportunidad de la efervescencia crítica generada por la última gran crisis esté perdiendo intensidad. El mundo está dejando de escuchar las voces alternativas y en América latina existe un freno al progresismo, cuando no un giro conservador. Notablemente el parco escenario mundial logra reafirmar las voces de la tradición. Esperemos que no sea demasiado tarde para cambiar.