lunes, enero 29

La CEPAL ayer y hoy

Creada en 1948 a la sombra de la recuperación europea de posguerra, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) celebra este año su 70 aniversario. Al año siguiente, el economista argentino Raúl Prebisch encabezó y potenció esta comisión al publicar el llamado Manifiesto latinoamericano donde expuso el cambio de dominio del escenario internacional y la dinámica económica entre el centro y la periferia latinoamericana. De este modo, daría inicio al cepalismo -conocido posteriormente como Estructuralismo latinoamericano-, un enfoque que creó teoría y práctica para la política económica y que se posicionó en el núcleo de debate de las ciencias sociales en América Latina.

Para muchos intelectuales que participaron activamente de este organismo, como Celso Furtado, aquel documento fue un verdadero “grito de guerra” enfrentado a los conservadores de la región, aunque para los sectores de izquierda constituyó una agencia de difusión de la teoría del desarrollo planeada en los países centrales. Según el economista chileno Osvaldo Sunkel, esta corriente disputó el saber y hacer económico con diversos marcos teóricos (marxistas, neoclásicos y el keynesianos), dando como resultado una teoría específica que contabilizó en sus inventarios al método histórico-estructural, el enfoque centro-periferia, la tendencia a la caída de los términos de intercambio y las técnicas de análisis y proyección para la promoción de la industrialización, entre otros. En sus primeras décadas, la CEPAL formó un enfoque identitario al señalar las condiciones asimétricas de difusión del progreso técnico entre regiones, orientado a la comprensión de espacios subordinados en la circulación del poder internacional. Se enfrentó tempranamente al Monetarismo a través del debate sobre la estabilización, la programación del desarrollo y la teoría de la inflación estructural. 

En el medio de las miradas de la emancipación y la dependencia ideológica, el Estructuralismo cepalino recibió duras críticas durante los años 60 que diseminaron su influencia. La transición entre el período de la industrialización por parte del Estado y el período de las reformas de mercado estuvo mediada por la crisis de la deuda latinoamericana, cuya violencia minó la tendencia del crecimiento en la región y torció los enfoques originarios. Entre los años 80 y 90 estos cambios no solo le bajaron el volumen al “grito”, sino que en muchos casos acompañaron al discurso neoliberal dominante. Los procesos de desindustrialización, apertura económica y la caída del muro de Berlín y de la U.R.S.S. contribuyeron al cambio de la fisonomía de sus publicaciones. No obstante, las diferentes trayectorias políticas, de los modos de desarrollo en América Latina y contexto mundial de la primera década del siglo XXI contribuyeron a una renovación del pensamiento cepalino, el ahora denominado, Neoestructuralismo.

Contra la Gran Moderación

Los economistas neoliberales que pregonaron el fin de las crisis desde fines de los años 70 escribieron el preludio del fin de la historia de Francis Fukuyama. El neoliberalismo se presentó no sólo como el estadio final del capitalismo sino -sobre todo- como un estadio estable, una metáfora del steady state de los modelos de crecimiento económico de los años 50, aquel estado donde el cambio es marginal y en una misma dirección. Antes de la crisis del 2008, esta idea de estabilidad agregada fue difundida por el ex economista jefe del FMI, Olivier Blanchard y bautizada en 2002 como La Gran Moderación por el economista de Harvard, James Stock. El saber convencional de la academia mantuvo sus convicciones de que en un mundo donde los incentivos monetarios estuvieran alienados con la estabilidad global; era un mundo estable. Y en todo caso, si se desestabilizaba, sería consecuencia de un desorden en el diseño de los incentivos.

Los cambios ocurridos a partir de la crisis del 2008 alentaron una crítica de diversos frentes al consenso sobre estabilidad macroeconómica y de las finanzas internacionales, y precipitaron una nueva estrategia para la región. En su reciente libro Neoestructuralismo y corrientes heterodoxas en América Latina a inicios del siglo XXI, la CEPAL estructuró sus ideas y las puso en diálogo con otras corrientes del pensamiento económico heterodoxo (como la poskeynesiana, regulacionista, institucionalista, evolucionista, marxista y radical) con el objetivo de influir en las decisiones de política económica que se toman en las esferas estatales. Se distanció de las visiones dominantes en varios sentidos, pero principalmente porque no apeló conducta individual de los agentes como elementos fundamentales de la regulación sistémica, sino que incorporó una dimensión institucional, ordenadora de comportamientos en el ámbito de la meso-economía y desarrolló esquemas macroeconómicos para las explicaciones de los ciclos en América Latina. A las viejas ideas sobre la estructura observada sobre la densidad de la matriz insumo-producto, le agregó la centralidad de la política industrial y la gestión del ciclo económico a través de políticas fiscales y monetarias estudiadas específicamente para -y desde- estas latitudes.  


Es muy probable que la CEPAL siga siendo receptora neta de críticas, aunque con menor atención que hace 70 años. Probablemente le valgan muchas de ellas por su falta de oportunidad para incorporar al análisis las configuraciones de poder fuera del ámbito de meros agentes, aunque difícilmente podría ser de otra manera, dado que el discurso gravita en el ámbito de la Organización de las Naciones Unidas. De lo que quedan pocas dudas, es que emite un mensaje de fuerte oposición a la ortodoxia identificada en los discursos teóricos de la academia estadounidense y las políticas y diagnósticos que promueven otros organismos multilaterales, como el FMI y el Banco Mundial. De este modo, habilita un espacio de debate sobre prescripciones políticas y legitima varias críticas al mainstream con un impacto que difícilmente se logre desde otra institución. Tal vez, en todos estos años la construcción de este espacio y las épocas de fomento al pensamiento crítico hayan sido la mayor contribución de la CEPAL a la región.  

Mariano Arana y Alan Cibils[1]



[1] Investigadores docentes del Área de Economía Política, Instituto de Industria, Universidad Nacional de General Sarmiento.

lunes, junio 19

Curso Especial de Grado. PRODUCCIÓN DE MERCANCÍAS POR MEDIO DE MERCANCÍAS: CONOCIENDO A PIERO SRAFFA

Desde las coordinaciones de las licenciaturas en Economía Política y Economía Industrial (IDEI-UNGS) tenemos el agrado de invitarlxs a participar del curso sobre la obra de Sraffa.
 El curso se llevará a cabo durante el mes de julio en la Universidad Nacional de General Sarmiento. Andrés Lazzarini es Doctor en Economía por la Università degli Studi Roma Tre, Italia y actualmente es investigador del Conicet. Dicta clases en UNGS / UNSAM y UFRJ.


jueves, abril 6

Sobre el bicentenario de los Principios...de David Ricardo

Les compartimos algunas reflexiones expresadas en el Young Scholars Initiative (INET YSI) - Working Group on the History of Economic Thought, sobre el bicentenario de los Principios...de David Ricardo titulado: "A bicentenary review of Ricardo’s Proposals for an Economical and Secure Currency" con Christina Laskaridis y Rebeca Gómez Betancourt.

Pueden descar el artículo:http://www.tandfonline.com/eprint/iG2Nw4VG3en8p44BxJtP/full o escuchar el webinar:https://www.dropbox.com/s/3k8va5e4iddlwk6/2017-03-31%2016.03%20History%20of%20Economic%20Thought%20Webinar.mp4?dl=0 
No hay texto alternativo automático disponible.

lunes, marzo 27

Confusiones monetari(st)as

Alan Cibils y Mariano Arana*
Especial para BAE Negocios
La llegada al poder de Macri marcó un cambio radical en la política económica. Se implementaron rápidamente una serie de medidas que favorecieron a los sectores empresarios concentrados, a las inversiones extranjeras y al sector financiero. Una reforma clave fue la implementación de una política monetaria de metas de inflación -favorita del FMI y del establishment financiero global- que además lleva implícita la “independencia” del Banco Central y un tipo de cambio flotante.
Para los economistas ortodoxos que promueven esta política, la inflación es peor que el desempleo, la pobreza, el hambre, el atraso tecnológico o la recesión. Según la ortodoxia, el exceso de demanda generado por el gasto público y financiado con emisión monetaria es la principal causa de la inflación. La solución entonces, sería recortar el gasto público y eliminar el déficit fiscal. Contra la expresión de la inflación como un fenómeno complejo y multicausal -donde el gasto público es sólo uno de los posibles factores influyentes-, los economistas ortodoxos suelen repetir sus argumentos técnicos en los que poco importan la restricción externa, los tarifazos o la puja distributiva. Para éstos, lo que regula la trayectoria de los precios es la capacidad del Estado para controlar sus gastos.
Al mejor estilo PRO, la restricción presupuestaria un Estado a la de un hogar. La idea de que un hogar limita su gasto acorde a su ingreso se pone como un reflejo de la administración del Estado; a lo que sigue el reclamo de austeridad para ambos. Pero si bien esta idea es una realidad para un hogar particular, resulta absolutamente falsa para el Estado. ¿Por qué? En primer lugar, porque el Estado tiene la capacidad de emitir moneda, cosa que ningún hogar puede hacer. Por otro lado, si para el hogar el ingreso debe anteceder al gasto, para el Estado la secuencia es inversa: emite, gasta y recién después recauda.
La concepción ortodoxa también reconoce al dinero como una mercancía, que al aumentar su oferta reduce su valor (si no hay una nueva demanda que acompañe); ello tiene serias dificultades para comprender cómo funciona el dinero en los Estados modernos con moneda soberana. El problema es que el dinero moderno no es una mercancía cuyo valor está regulado por una relación técnica sino una convención política, respaldada por el Estado emisor y por lo tanto, un instrumento de política económica.
Felicidad y encuentro, sin producción
Además de la analogía del Estado y el hogar, PRO ha realizado más esfuerzos en materia simbólica sobre el dinero. La concepción técnica del dinero como mercancía, opuesto a la política y sus actores, quedó claramente expuesta en la presentación del presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, de los nuevos billetes en junio de 2016. Los pesos no portarán los rostros de la política, ni recordarán los conflictos con el extranjero, en su lugar, los billetes muestran diversas especies de la fauna argentina: desde los conocidos yaguareté ($500) y ballena franca austral ($200), al hornero ($1000), la taruca ($100), el cóndor ($50) y el guanaco ($20). La eliminación de figuras de la historia argentina es una señal clara de los esfuerzos por eliminar su contenido político.
Es sugerente que el período anterior al auge agroexportador en 1880, algunas emisiones de bancos provinciales también mostraron animales, entre ellos, frecuentaban el ganado vacuno y ovino. En 1873 el billete de $2 pesos fuertes del Banco Nacional dispuso la imagen de dos ferrocarriles pujantes, probablemente cargados de cereales y carnes. El cambio industrializador posterior a la crisis de 1929 tuvo su lugar destacado en los billetes de $1 en 1947. Junto a los ferrocarriles se dibujaron grandes buques, teléfonos y aviones. Además de la unidad nacional expresada en la política y el territorio, varios billetes argentinos mantuvieron la relación con el modo de desarrollo económico, tanto en el régimen oligárquico como durante la industrialización de posguerra, con la excepción de la serie “Efigie del Progreso” emitida en el período de la Caja de Conversión a fines del siglo XIX, que quitó las figuras de la política de los billetes. La nueva figura dineraria actual no se ahorra analogías entre la contracción monetaria y la fauna en peligro de extinción, ni con el ideal del progreso de una Argentina rentística.
Los pesos no portarán los rostros de la política, ni
recordarán los conflictos con el extranjero
Además, Sturzenegger explicó que el incluir animales en vías de extinción debería servir para crear conciencia ambiental (algo totalmente fuera de las incumbencias del BCRA) y que los nuevos billetes deberían producir alegría y encuentro entre todos los argentinos. Sin embargo, las políticas económicas del macrismo alejan cada vez más a más argentinos del encuentro con el trabajo, los billetes, y la alegría. Estamos, por lo tanto, ante una significativa confusión del oficialismo: en lugar de entender al dinero como un instrumento del Estado, para paliar las insuficiencias inherentes a cualquier economía de mercado, la tratan como una mercancía apolítica y ahistórica, alejada de la forma de producir para desarrollar a la nación

lunes, febrero 13

Damage Economics comes to Latin America


En 1955 la Universidad de Chicago firmó un acuerdo con la Universidad Católica de Chile para entrenar a economistas en el país andino. El programa de intercambio estuvo financiado por United States Agency for International Development (USAID, agencia que siguió las directivas del Departamento de Estado estadounidense) y entrenó a varios economistas chilenos en los códigos teóricos del monetarismo cuyo referente principal fuera Milton Friedman, conocido por su re-apreciación de la teoría cuantitativa del dinero, que asociaba déficits públicos a inflación. Entre estos economistas se encontraban diversos funcionarios que guiaron la economía chilena posterior al golpe de Estado dirigido por Augusto Pinochet en 1973.
En un artículo denominado Good Economics comes to Latin America, 1955-95, el economista y responsable de los acuerdos entre Chicago y La Católica, Arnold C. Harberger, enfatizó la relevancia que tuvieron los cambios en la enseñanza de la economía en los procesos de liberalización, modernización y reformas políticas en América Latina. Allí expuso los principales argumentos contra las ideas originadas en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Indicó que la Economía Política que se enseñaba y practicaba en la región era conceptualmente errónea y que la “buena economía” había desembarcado en Chile desde Chicago en 1955. Aquel proyecto entrenó a más de una docena de ministros claves, banqueros centrales y directores de presupuesto con las ideas de mantener tasas de interés reales positivas, eliminar controles de precios, abrir las economías al comercio internacional, reducir controles y tarifas, entregar “racionalidad” a los precios de servicios públicos, privatizar la seguridad social y abrir la economía a los mercados de capitales (casi todas medidas señaladas y festejadas en el informe sobre la Argentina publicado en noviembre de este año por el FMI en el marco del artículo IV).
Entre 1974 y 1989, el proyecto militar logró combinar el desempleo más alto (18%) con los niveles de inversión más bajos de su historia contemporánea. Además, provocó un giro regresivo en la distribución del ingreso del que hasta la actualidad no se ha podido revertir. Mantuvo en esos quince años, una tasa de inflación promedio del 80% anual y los niveles salariales más bajos de su historia reciente. En los primeros cinco años de monetarismo en Chile, su PBI creció menos que el resto de América Latina y en sus primeros diez años, su deuda externa se quintuplicó. El economista chileno -también doctorado de Chicago- Ricardo Ffrench Davis sintetizó: “La consecuencia fue que tasas de inflación superiores al 300% anual persistieron hasta el tercer año de vigencia del modelo, a pesar de la restricción monetaria, de un presupuesto fiscal ya equilibrado en 1975, y de la generación de una enorme brecha recesiva entre el PBI potencial y el efectivo.”
Nadie, alguien o una dictadura
En el marco del festival internacional de Cine Documental el mes de agosto pasado se presentó el film Chicago Boys en el Cine Gaumont. El trabajo estudia el proceso por el cual varios economistas entrenados en la Universidad de Chicago aplicaron las ideas fundamentales pro-mercado en la sociedad chilena a partir del golpe militar de 1973. Cuenta cómo, un grupo de estudiantes universitarios autodenominado “La Mafia”, sin militancia ni interés político -en apariencia-, se entrena en una universidad extranjera y es financiado con becas internacionales (algo que sucedía con una parte importante de los economistas a mediados del siglo pasado en Argentina) y regresan a su país de origen para transmitir y aplicar su expertise. En los años setentas y sin haber tenido impacto en la política chilena hasta el momento, este grupo es convocado para diseñar una serie de políticas económicas orientadas a quitarse de encima las transformaciones del gobierno de la Unidad Popular de forma permanente y a participar, cada vez más, de cargos de conducción de jerarquía dentro del gobierno militar.
El golpe de Estado chileno combinó tempranamente juntas militares y tecnócratas neoliberales pretendiendo una separación entre política y economía que se materializaba en la técnica. Entre 1969 y 1973 el grupo se fue ampliando y crearon lo que apodarían “El Ladrillo” (formalmente se llamó “Programa de Desarrollo Económico”), un texto estructurado en dos capítulos. El primero de diagnóstico, donde señalaban problemas de bajo crecimiento, estatismo exagerado, inflación, escasez de empleos productivos, entre otros, y un segundo capítulo destinado a política especificas macroeconómicas y otro tanto de políticas sectoriales. Este apunte reconoce antecedentes en 1969 cuando los economistas participaron en el armado de un plan para la candidatura del opositor a Salvador Allende, Carlos Alessandrini, quien perdió las elecciones en 1970 por una diferencia apenas superior al 2%. Sin embargo, estas ideas no habían logrado convencer a esta fuerza política debido, en parte, a la falta de gradualidad de las políticas propuestas. Estos economistas pretendían actuar como dispositivos de cambio social revelando una pretensión neutral y técnica del saber económico más allá de los sujetos sociales, creando un plan para cualquier gobierno o, en palabras de Sergio de Casto (ex-ministro de hacienda chileno entre 1976 y 1982 y egresado de Chicago) “…para que aplique nadie, o alguien”.

El 28 de agosto de 1976 Orlando Letelier, ex canciller del gobierno de Allende en EEUU, publicó un artículo en el periódico The Nation, The 'Chicago Boys' in Chile Economic 'Freedom's' Awful Toll denunciando el programa económico por sus efectos devastadores sobre el empleo y regresivos en la distribución de la riqueza. Allí señaló que testigos de un comité sobre Inteligencia del Senado de EE.UU. sostuvieron que algunos de los economistas de Chicago recibieron fondos de la CIA para los esfuerzos de investigación del proyecto económico que se le ofreció a los líderes militares antes del golpe. Recientemente el gobierno de los Estados Unidos entregó a la presidenta chilena, Michelle Bachelet, documentos desclasificados que demuestran que Pinochet ordenó el asesinato de Letelier el 21 de septiembre de 1976 en Washington.

URL: https://www.pagina12.com.ar/18194-doctrina-chicago-boys 

viernes, octubre 21

La vuelta de Argentina al FMI

Un poco de historia para no olvidar

Argentina tiene una larga y sórdida historia con el Fondo Monetario Internacional que conviene comenzar a desempolvar ahora que la alianza Cambiemos ha decidido reestablecer relaciones con el organismo.
Desde 1956 nuestro país pasó la mitad de su historia bajo acuerdos y condicionalidades del Fondo. Estas relaciones se aceleraron después de la crisis de pagos de 1982, con el establecimiento de una serie de requerimientos impuestos por esta institución que se basaron generalmente en reducir los déficits fiscales, en la custodia de reservas internacionales, en el establecimiento de límites al endeudamiento e inflación junto a otras medidas más agresivas orientadas a cambios estructurales de neto corte neoliberal: privatizaciones, reducción de  impuestos, represión salarial y flexibilización laboral, liberación de precios y tasas de interés y liberalización comercial y financiera.
Cuando hacia fines de la década de 1990, la recesión argentina ponía en jaque al esquema de convertibilidad, las condicionalidades asociadas a los préstamos del FMI, basadas en el diagnóstico equivocado de un exceso de gasto público (cuando había superávit primario), no hicieron más que profundizar la recesión, a la vez que financiaron la aceleración de la fuga de capitales, sellando la suerte de la convertibilidad. Una vez producido el estallido y default de diciembre de 2001, el FMI volvió a la carga con sus recetas recesivas, priorizando el pago de la deuda por sobre la recuperación económica. La inoperancia del Fondo quedó plasmada en el documento denominado “Argentina, el FMI y la crisis de la deuda” y publicado en 2004 por el Ministerio de Economía que concluyó diciendo “… que el cuerpo técnico del Fondo no parece estar totalmente preparado para hacer frente a una situación en la cual una crisis de gran magnitud ya ha estallado”.

La salida y el regreso del Fondo

En 2006, Argentina se había liberado de las condicionalidades del Fondo con la cancelación anticipada de la deuda del país con dicho organismo y seguidamente desautorizó la confección y difusión de las auditorías anuales en el marco del Artículo IV. Sin embargo, el Fondo siguió realizando sus evaluaciones económicas desde 2007 al 2015 utilizando información pública y sin posibilidad de consultar a las autoridades argentinas. Estos análisis se publicaron recientemente, luego del acercamiento al Fondo del gobierno actual.
El informe preparado durante febrero de 2014 señalaba dos escenarios ilustrativos de mediano plazo. Por un lado, un escenario de continuidad de las políticas del Kirchnerismo y sin ajuste de la demanda agregada. Para el FMI, este escenario habría provocado una caída acelerada de reservas llegando de 17.6 y 12.2 miles de millones de dólares para 2016 y 2018 respectivamente, con un PBI creciendo a tasas promedio de 1.5% anual y un déficit primario estable cercano al 1% del PBI, aunque sin cambios en las relaciones entre inversión y consumo. Por otro lado, mostraba un escenario alternativo -de restricción de demanda- con políticas como las que implementaría un eventual gobierno pro-mercado. Irónicamente, el FMI denominó a este escenario de “fortalecimiento de las políticas” que hubiera logrado un superávit fiscal cercano al 1,5% del PBI en menos de un año, un cambio en la acumulación de reservas internacionales cuya tasa de crecimiento se acercaría al 8% interanual (un poco menos de 3 mil millones de USD anuales) y una caída del consumo sobre el PBI que permitiría el incremento de la inversión en el corto plazo y el superávit de la cuenta corriente (ver cuadro).



El Fondo señalaba que el conjunto de medidas para lograr el ajuste de corto plazo “consistiría en reducir los subsidios a su nivel de 2007 en términos del PIB en un lapso dos años, y mantener sin cambios los salarios del sector público y los pagos de jubilaciones invariados respecto al PIB, a su nivel de 2012. Asimismo, para mantener controlada la demanda interna, las tasas reales de interés deberían subir y mantenerse positivas y el peso debería depreciarse en términos reales.” En resumen: reducir salarios y jubilaciones, quitar subsidios, restringir la política monetaria limitando las trasferencias del BCRA al tesoro, subir las tasas de interés reales y devaluar la moneda.
Es notable la similitud de estas recetas de política económica que se han implementado desde el 10 de diciembre de 2015 y cuáles de ellas han encontrado su correlato en los resultados esperados. Prácticamente se han seguido todas las sugerencias del Fondo, sin embargo, los resultados en términos de nivel de actividad han sido más negativos y aquellos vinculados al sector externo y las cuentas públicas, tuvieron efectos diametralmente opuestos. Las prescripciones del Fondo ejecutadas por el gobierno actual no sólo empeoraron los efectos negativos previstos, sino que crearon nuevos problemas.

FMI recargado

En una conferencia el 15 de abril de este año, Alejandro Werner, Director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI dijo que “…el nuevo gobierno se embarcó en una ambiciosa transición muy necesaria para eliminar los desequilibrios y distorsiones internos y corregir los precios relativos. Los controles de cambios se redujeron. Varias restricciones al comercio internacional se han eliminado. Se han planteado los temas de tarifas de servicios públicos y se ha llegó a un acuerdo con los acreedores externos. Estas medidas han mejorado las perspectivas de crecimiento en el mediano plazo. Si bien en 2016 habrá una desaceleración, se espera una importante recuperación en ese país para el 2017”. En la misma línea se expresó el reciente evaluador enviado por el Fondo, Roberto Cardarelli, que agregó que la situación previa en el país se caracterizó por altos niveles de consumo, baja inversión, déficits públicos inflacionarios y un clima empresarial que erosionó la competitividad.
El 4 de octubre pasado el FMI presentó su World Economic Outlook, allí señaló que “Argentina ha iniciado una transición importante y muy necesaria hacia un marco de política económica más consistente y sostenible, que está teniendo un costo mayor de lo previsto en 2016, proyectándose un crecimiento de –1,8% (en comparación con la tasa de –1% pronosticada en abril). En 2017 se prevé que el crecimiento se afiance en 2,7% gracias a la moderación de la inflación y la adopción de una postura monetaria y fiscal más propicia.”

Perspectivas

Si bien el Fondo no ha cambiado su postura histórica -sino que la viene reafirmando desde el 2014 a la actualidad- lo notable este proceso, de retroalimentación del ajuste con las autoridades argentinas, parece ser la velocidad con que encuentran sus límites. La historia reciente del menemismo y la Alianza y el espejo de la crisis de 2001 son condicionantes de primer orden. En segundo término, resulta difícil que el Pro pueda descargar el costo político de una supuesta “pesada herencia” habiendo duplicado la inflación (producto de las políticas cambiarias y tarifarias), reducido salarios, actividad productiva y consumo, con su consecuente incremento de desempleo, pobreza e indigencia. Por otro lado, el FMI no expone argumentos que le permitan proyectar tal crecimiento para el año que viene, al contrario, muestra una caía mayor para este año y perspectivas de un estancamiento regional liderado por el principal socio comercial en América del Sur (Brasil). 
Si bien en esta primera instancia habrá muy poco terreno donde el Fondo exija mayores ajustes, es probable que una vez completada la lista corta enunciada en los párrafos anteriores y, evidenciados los magros resultados fiscales definitivos del 2016, el Fondo vuelva a sugerir lo que históricamente ha pedido con vehemencia: más ajuste fiscal, mayor devaluación y reducción salarial. Por ello es que las vueltas a las relaciones cercanas con el FMI pueden volverse conflictivas, incluso para una gestión como la de Cambiemos.
Mariano Arana y Alan Cibils[1]


[1] Investigadores docentes del Área de Economía Política, Instituto de Industria, Universidad Nacional de General Sarmiento.

martes, septiembre 27

Segundo ejemplar de Márgenes, Revista de Economía Política

Estimadxs, les hacemos llegar el segundo ejemplar de la Márgenes, Revista de Economía Política que hacemos desde el Área de Economía Política de la UNGS. Pueden consultarlo aquí. Se agradece difusión. 

El próximo número está en construcción bajo la temática: CAMBIOS POLÍTICOS, ECONÓMICOS Y DISCURSIVOS EN EL CAMPO DEL DESARROLLO ECONÓMICO.

lunes, agosto 8

Presentación del libro "Economía Política para todos. Una mirada desde la periferia"


Diego Rubinzal presenta el libro “Economía Política para todos. Una mirada desde la periferia” (con prólogo del maestro Aldo Ferrer). La presentación será este Jueves 11 de Agosto a las 19 horas en el Centro Cultural de la Cooperación. Acompañaran Martín Burgos, Augusto Costa y Alfredo Zaiat.


Kicillof presenta el 12/8 el Observatorio de Precios de Malvinas Argentinas


Les hago llegar esta invitación: El viernes 12 de Agosto a las 15, en el Salón Auditorio José Pablo Martín de la UNGS, Axel Kicillof estará presentando el Observatorio de Precios de Malvinas Argentinas. El mismo difunde mes a mes un índice de precios al consumidor que fue elaborado y en el que colaboran investigadores-docentes de distintas Universidades Nacionales (Córdoba, Mar del Plata, General Sarmiento, Nordeste) que están nucleados en el CEPEcS (Centro de Estudios Políticos Económicos y Sociales).
La actividad está convocada por el Observatorio de Precios de Malvinas Argentinas, la Lic. en Economía Política de la UNGS, la Asociación de Docentes e Investigadores de la UNGS y el Frente Universitario Nacional y Popular.