Valor y Distribución
viernes, mayo 17
miércoles, marzo 27
La Economía o el opio de los creyentes
por
Mariano
Etiquetas:
Heterodoxia,
Historia del pensamiento económico,
Lo económico,
Neoliberalismo,
Ortodoxia,
Teoria Economica
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Pero
si la Economía es el opio de las almas religiosas, la principal crítica contra
los excesos de los adictos a esa droga habría que enderezarla hacia quienes la
fabrican…
Joan
Robinson
A la Economía que ha dominado desde
fines del siglo XIX hasta nuestros días se le ha denomina comúnmente Economía neoclásica. Dicho término se ha
asignado a un marco teórico ni más ni menos difuso que el resto de los cuadros.
Si nuestro propósito es realizar una crítica es preciso delimitar su contenido.
El término neoclásico resulta
bastante inadecuado para darle un primer carácter a este cuerpo. Colander (2000)
anunciaba la muerte de dicha Economía, no de su contenido, sino del término
utilizado para designar las prácticas de cuerpo difuso en la actualidad. Aunque
utiliza para ello otras nóminas no menos controversiales como Economía moderna[1]
o economía del nuevo milenio. Dicho
término es confuso, además, para a los nuevos ingresantes al estudio de nuestra
disciplina. Por un lado generaliza la Economía nueva. De un lado, la contrapone
a algo antiguo: clásica, marxista, institucionalista y hasta keynesiana. Por
otro, si al filtrar lo novedoso se presupone que hemos filtrado los aportes
antiguos, también lo novedoso viene a explicar algo corriente. Lo nuevo es por
lo tanto lo válido[2].
Sin perjuicio de lo anterior, el
término neoclásico vuelve a confundir anunciando una nueva Economía que
conserva mucho más en su nombre de los clásicos que de lo nuevo, entonces, no
resultará moderna, menos aún posmoderna, sino con fundamentos en un capitalismo
distinto (el del siglo XIX). Sin embargo, en los hechos, la Economía neoclásica
no ha conservado muchas cosas de los clásicos y hasta podríamos decir que han ignorado
los aportes más significativos de aquella Economía Política del siglo XVIII y
gran parte del XIX (Volveremos luego con un ejemplo en el caso del estudio del
capital y la distribución de valores). ¿Cómo denominar entonces a este cuerpo
dominante de la Economía?
Colander, Holt y Rosser (2003) hacen intentos de aclarar el uso de los términos:
ortodoxia, mainstream y neoclásico,
por separado. Al igual que otros trabajos relacionados, hacen caso omiso al
proceso por el cual unos autores forman parte de la elite de la Economía. En cambio, se insiste en que el método
utilizado es quien delimita la pertenencia. De este modo, se evita dar una
discusión del proceso social por el cual algunos autores son premiados y otros discriminados
de los recursos para investigación, premios, etc. (discusión investigada por
Lee, 2009). Resulta notable que en los argumentos explicar por qué la Economía
de elite está abierta a nuevas ideas se afirme que, pese a que se siguen usando
modelos, su naturaleza ha cambiado incorporando los siguientes tópicos:
1)
La
teoría evolutiva de los juegos está redefiniendo cómo las instituciones están
integradas en el análisis.
2)
La
economía ecológica está redefiniendo cómo se relacionan la naturaleza y la
economía.
3)
Los
aportes desde la psicología están redefiniendo cómo se trata a la racionalidad.
4)
Frente
a las limitaciones de la estadística clásica, los estudios econométricos están
redefiniendo cómo piensan los economistas de la prueba empírica.
5)
Teoría
de la complejidad está ofreciendo una manera de redefinir la forma en que
concebimos de equilibrio general.
6)
Las
simulaciones por computadora ofrecen una forma de redefinir los modelos y cómo
éstos se utilizan.
7)
La
economía experimental está cambiando la manera economistas pensar en el trabajo
empírico.
Es
interesante que los términos, político, Estado, clase, conflicto, crisis,
capital, poder y tantos otros relevantes no se asomen en esta reconfiguración.
Por el contrario, podríamos decir que respecto a 1) acorde a la experiencia con
el neoinstitucionalismo, ha incluido al Estado caracterizándolo funcionalmente
como una organización con ventaja comparativa de la violencia que existe en la
medida que pueda reducir los costos de transacción; el significado económico
del Estado resulta el mismo que el de una empresa privada (Nieves San Emeterio,
2006, Pág 71). De este modo, no entusiasma mucho el hecho de cómo han incluido
las instituciones aquellas teorías que buscan adaptarse al cuerpo dominante. Respecto
de 2), es notable que la definición clásica de la Economía entre el hombre y la
naturaleza, la escasez y la selección de técnicas y consumos sean las únicas
que puedan modificarse significativamente para ser utilizada en los aportes
hacia la ecología. Sin embargo, toda técnica y ciencia es política y la
definición no escapa a ello, se requiere, de nuevo, un cambio radical en la
concepción de la disciplina. El punto 3) es curioso que se exponga como una
virtud el hecho de haber declarado que los seres humanos no somos racionales en
las decisiones económicas luego de haberlo afirmado por decenas de años. Los
clásicos no precisaron meterse en semejante embrollo, y, de hecho, la
psicología, tiene similares problemas para conocer las conductas de los
humanos. Lo notable es creer que ello forma parte del núcleo necesario de
nuestro conocimiento. El punto 4) no es otra cosa que fundamentar más aun sus
instrumentos de dominación simbólica. No resulta una novedad ya que viene sucediendo
hace tiempo. Al menos, luego de las catástrofes evidenciadas por el uso de
distribuciones normales en el cálculo de probabilidades de activos financieros,
algunos han creído que hay cisnes negros,
tormentas perfectas, etc. que sus
modelos no alcanzan a visualizar, por ende son incompletos. No tengo mucho más que
agregar aquí. En el punto 5) debemos preguntarnos ¿Qué pruebas existen que la Economía
dominante adopte epistemologías de la complejidad? En caso que existan (tengo
muchas dudas sobre dicha prueba), ¿qué tipo de teoría de la complejidad se está
desarrollando? Y, teniendo presente los puntos 4), 6) y 7), ¿resulta
contradictoria esta afirmación? 6) y 7) son hechos que ocurren en todas las
ciencias y no forman parte de una opción científica sino de una necesidad. Es
decir, si ahora podemos procesar millones de datos en segundos, almacenar
durante varias generaciones de científicos datos de forma que hasta superan la
capacidad de análisis, comunicar científicamente de forma inmediata un
resultado interesante es una necesidad impuesta por el desarrollo de las
fuerzas productivas, del cual, la misma ciencia compone, ahora bien, si esa
difusión, esos datos y esos recursos los utilizamos para estudiar a la libertad
de elección y la satisfacción de las palomas (ver nota), entonces
la dirección y el contenido no nos llevarán lejos.
Dequech (2007), da jerarquía al término mainstream frente al de ortodoxia y ambos al de neoclásico[3]. El termino maistream refiere a un énfasis en el
aspecto sociológico de la ciencia, es decir, que un cuerpo de teorías domine el
saber requiere una explicación y el uso del término que designa esas teorías
hace referencia a ello. Por otro lado, el término ortodoxia refiere a una
sujeción de ideas, es decir pone énfasis en lo intelectual -en particular en
este caso- asociado a la Economía neoclásica. Lo que el autor
llama Economía neoclásica está compuesto por la combinación de las siguientes
características: 1) el énfasis en la racionalidad y el uso de maximización de
la utilidad como criterio de racionalidad, 2) el énfasis en los equilibrios y
3) el descuido del lugar de la incertidumbre.
Continúa aquí sin hacer hincapié en
las categorías fundamentales y los objetos de la disciplina. La Economía no es
la ciencia que estudia la racionalidad, o la incertidumbre de forma exclusiva,
sino que son aspectos subordinados del estudio de los procesos de producción,
distribución, cambio, consumo y con ellos sus categorías fundamentales como el
valor, el capital, el trabajo asalariado, el dinero, etc. Es decir, que el
objeto de estudio pone el límite a la caracterización de determinadas formas de
hacer ciencia. En el caso neoclásico resulta esencial señalarlos acorde a la
definición del objeto de la ciencia y la naturaleza de sus categorías, además
de sus métodos.
Hay una realidad que discutir y se
hace necesario disponer de ciertos parámetros sobre el estado de la Economía
Política para pensar el porqué de su crisis. Este hecho, tan simple, tan
evidente, que se encuentra en una mayoría de las disciplinas sociales
académicas -la filosofía, sociología, psicología, historia, etc.- y que es, el
estudio del desarrollo de sus aportes al conocimiento del ser humano, para
nosotros -los economistas- nos resulta desdeñable. Es por ello que evitamos
investigar con nuestros estudiantes de primeros años de qué viene la Economía
Política. La historia del pensamiento económico es sino, el aspecto más desvalorizado
de esos cursos iniciales.
[1] Existen
publicaciones de autores no-neoclásicas con dicho término. El caso de la Introducción a la economía moderna de
Joan Robinson y John Eatwell puede ser un buen ejemplo de ello.
[2] Mark Blaug afirma que debemos
evitar “tomar la paja por el trigo y a pretender la posesión de la verdad
cuando sólo poseen una serie intrincada de definiciones o juicios de valor
disfrazados de reglas científicas. Sólo mediante
el estudio de la economía moderna resulta posible darse cuenta de esta
tendencia” (Blaug, Teoría económica en
retrospección 2001, Pág. 784).
[3] Un economista del mainstream
puede no sostener ideas neoclásicas y viceversa. Un economista neoclásico puede
tener aspectos no ortodoxos y viceversa.
sábado, marzo 16
Una, dos, tres,…crisis de la Economía
No
es extraño que los ricos se hayan estado haciendo más ricos en los últimos
cuarenta años, mientras que la gente normal ha estado recibiendo una fracción
decreciente del pastel económico.
La Economía Política es una ciencia social que ha pasado por diversas crisis. Joan Robinson, señalaba que la primera de esas crisis, en 1930, había sido consecuencia de su imposibilidad para explicar el nivel de empleo y que la segunda crisis, a principios de la década de 1970, había sumado los problemas para explicar su contenido (Robinson 1984). Las crisis del neoclasicismo y de la ortodoxia keynesiana respectivamente. Lo llamativo de la crisis actual es que ha sumado las tremendas ingenuidades de ambas crisis anteriores y se ha manifestado no sólo incapaz de explicar el nivel de empleo, su forma y su contenido, en sentido de su esencia, sino que ha hecho esfuerzos para desechar importantes contribuciones generales al ámbito de las ciencias sociales. Al neoclasicismo lo trasformó el keynesianismo y a éste lo combatió el monetarismo fusionado con otras teorías no contestatarias del status quo neoliberal que impera en el mundo desde esa segunda gran crisis (Política nuevos clásicos, neokeynesianos, etc.). Pero las crisis de la Economía no comienzan en la crisis económica más profunda del siglo XX, sino en el período de su gestación formal entre Adam Smith y John Stuart Mill desde fines del siglo XVIII y principios del XIX, que es precisamente el período de separación analítica del ámbito de la Economía Política. Parece claro que para el propio Marx su Economía Política (la de Ricardo y J. S. Mill) también estaba en crisis. Pero hemos de señalar que el mismo Simonde de Sismondi había entrado en crisis con su Adam Smith, es decir, con su interpretación de dicho autor. Debemos señalar que las concepciones sociales de Robert Owen (y los Socialistas Ricardianos) entraban en conflicto con su David Ricardo y que todo el sistema clásico de la Economía Política entraba en conflicto con otras ciencias sociales, no solamente en la disputa sobre la sociedad futura sino en las explicaciones sobre la presente[1].
Resulta llamativo que intelectuales como Piero Sraffa hayan señalado que era necesario volver a ese estado curricular de los fisiócratas, los clásicos y Marx, al apuntar de este modo una forma de hacer Economía Política observando el excedente y las clases sociales, aunque hoy esté casi desaparecido a los estudiantes iniciales y que pueden ellos mismos comprobar estudiando cualquier otra disciplina social que no fuera la Economía[2]. La nostalgia de Sraffa es comprensible en el lugar y el momento que piensa. La nueva ortodoxia se estaba desarrollando (primera mitad del siglo XX) y era lógico, pues, que se observara con buenos ojos las fundamentales -aunque no abismales- diferencias existentes en los otros subsistemas de Economía Política, las discusiones sobre el excedente y las relaciones de clase. Claro que Marx no es (pese a ser llamativamente asociado en la literatura) un ricardiano de ninguna índole. Sin embargo, las distancias permitían el diálogo a través de sus textos[3]. Hoy no podemos asegurar que suceda algo parecido. A diferencia de aquellas crisis teóricas, los que entran en crisis teóricas actualmente han decidido –de momento- no salirse demasiado de sus carriles y ello es algo que requiere una explicación que va más allá de las virtudes de sus ideas.
Podemos decir que la Economía Política no fue jamás una ciencia homogénea (aunque así se presente), siquiera las llamadas escuelas dentro de dicha disciplina comparten los mismos principios (el caso que David Ricardo sea un crítico de Adam Smith no lo excluye de formar parte del mismo espacio histórico). En segundo lugar, es interesante notar que las dos crisis de la Economía Política señaladas por Robinson (la del período de entreguerras y la del fin de la edad de oro), junto a nuestra actual y tercera crisis, comparten un espacio teórico, es decir, se han dirimido entre el neoclasicismo de principios de los años 30s, entre las síntesis del keynesianismo y derivados del período de posguerra y al monetarismo asociado correspondiente al neoliberalismo[4]. En tercer lugar, la crisis mundial muestra la crisis de las explicaciones dominantes sobre el curso de la historia económica. Esas son las crisis que cuenta Robinson y que actualmente estamos transitando. No es que otros marcos teóricos queden intactos (son notorias las crisis del marxismo y del keynesianismo de izquierdas), pero si dichas aproximaciones teóricas rara vez se nos presentan en la academia, menos aún se nos presentarían como los únicos marcos teóricos válidos.
Paul
Samuelson
La Economía Política es una ciencia social que ha pasado por diversas crisis. Joan Robinson, señalaba que la primera de esas crisis, en 1930, había sido consecuencia de su imposibilidad para explicar el nivel de empleo y que la segunda crisis, a principios de la década de 1970, había sumado los problemas para explicar su contenido (Robinson 1984). Las crisis del neoclasicismo y de la ortodoxia keynesiana respectivamente. Lo llamativo de la crisis actual es que ha sumado las tremendas ingenuidades de ambas crisis anteriores y se ha manifestado no sólo incapaz de explicar el nivel de empleo, su forma y su contenido, en sentido de su esencia, sino que ha hecho esfuerzos para desechar importantes contribuciones generales al ámbito de las ciencias sociales. Al neoclasicismo lo trasformó el keynesianismo y a éste lo combatió el monetarismo fusionado con otras teorías no contestatarias del status quo neoliberal que impera en el mundo desde esa segunda gran crisis (Política nuevos clásicos, neokeynesianos, etc.). Pero las crisis de la Economía no comienzan en la crisis económica más profunda del siglo XX, sino en el período de su gestación formal entre Adam Smith y John Stuart Mill desde fines del siglo XVIII y principios del XIX, que es precisamente el período de separación analítica del ámbito de la Economía Política. Parece claro que para el propio Marx su Economía Política (la de Ricardo y J. S. Mill) también estaba en crisis. Pero hemos de señalar que el mismo Simonde de Sismondi había entrado en crisis con su Adam Smith, es decir, con su interpretación de dicho autor. Debemos señalar que las concepciones sociales de Robert Owen (y los Socialistas Ricardianos) entraban en conflicto con su David Ricardo y que todo el sistema clásico de la Economía Política entraba en conflicto con otras ciencias sociales, no solamente en la disputa sobre la sociedad futura sino en las explicaciones sobre la presente[1].
Resulta llamativo que intelectuales como Piero Sraffa hayan señalado que era necesario volver a ese estado curricular de los fisiócratas, los clásicos y Marx, al apuntar de este modo una forma de hacer Economía Política observando el excedente y las clases sociales, aunque hoy esté casi desaparecido a los estudiantes iniciales y que pueden ellos mismos comprobar estudiando cualquier otra disciplina social que no fuera la Economía[2]. La nostalgia de Sraffa es comprensible en el lugar y el momento que piensa. La nueva ortodoxia se estaba desarrollando (primera mitad del siglo XX) y era lógico, pues, que se observara con buenos ojos las fundamentales -aunque no abismales- diferencias existentes en los otros subsistemas de Economía Política, las discusiones sobre el excedente y las relaciones de clase. Claro que Marx no es (pese a ser llamativamente asociado en la literatura) un ricardiano de ninguna índole. Sin embargo, las distancias permitían el diálogo a través de sus textos[3]. Hoy no podemos asegurar que suceda algo parecido. A diferencia de aquellas crisis teóricas, los que entran en crisis teóricas actualmente han decidido –de momento- no salirse demasiado de sus carriles y ello es algo que requiere una explicación que va más allá de las virtudes de sus ideas.
Podemos decir que la Economía Política no fue jamás una ciencia homogénea (aunque así se presente), siquiera las llamadas escuelas dentro de dicha disciplina comparten los mismos principios (el caso que David Ricardo sea un crítico de Adam Smith no lo excluye de formar parte del mismo espacio histórico). En segundo lugar, es interesante notar que las dos crisis de la Economía Política señaladas por Robinson (la del período de entreguerras y la del fin de la edad de oro), junto a nuestra actual y tercera crisis, comparten un espacio teórico, es decir, se han dirimido entre el neoclasicismo de principios de los años 30s, entre las síntesis del keynesianismo y derivados del período de posguerra y al monetarismo asociado correspondiente al neoliberalismo[4]. En tercer lugar, la crisis mundial muestra la crisis de las explicaciones dominantes sobre el curso de la historia económica. Esas son las crisis que cuenta Robinson y que actualmente estamos transitando. No es que otros marcos teóricos queden intactos (son notorias las crisis del marxismo y del keynesianismo de izquierdas), pero si dichas aproximaciones teóricas rara vez se nos presentan en la academia, menos aún se nos presentarían como los únicos marcos teóricos válidos.
[1] Podría ser el caso del Conde de
Saint Simon y Pierre Joseph Proudhon entre otros fundadores de disciplinas
sociales.
[2]
Resulta evidente comprobar que la categoría clase social le es familiar desde
el estudiante de sociología, ciencia política, hasta al estudiante de
psicología, aun así, al economista le es indiferente.
[3] Tanto es
así, que aún hoy, a muchos estudiosos desconcentrados se le escapa anunciar a
Marx como un integrante más del grupo de los clásicos.
[4] Las llamadas revoluciones
keynesianas y contra-revoluciones deben ser puestas en duda, la Economía
Política debe ir más allá de Keynes si pretende adjudicarse alguna virtud en
cuanto al conocimiento humano.
lunes, marzo 4
Nueva, moderna, ortodoxa y dominante
No existe tal cosa como la sociedad, sólo hombres y mujeres
como individuos…y familias.
Margaret Thatcher
Caracterizar a la Economía
que domina resulta una tarea intelectual peligrosa. Si bien la postura de este
texto apunta precisamente en sentido contrario, al señalar que no es posible
comprender el estado del conocimiento económico mediante definiciones, es por
ello que alentamos al lector que no ha hecho ese camino a recorrerlo. Si
embargo se hace necesario formular ciertas variables y parámetros cuando
hablamos del dominio de una ciencia. Recortemos un poco el espectro y hablemos
de la Economía que domina en los cursos iniciales (es mi opinión, además, que
en los cursos se presenta de forma mucho más ingenua de lo que realmente es,
sin embargo, los fundamentos esenciales del marco teórico se siguen
sosteniendo en el ámbito profesional).
Lavoie (2004)
señala como características esenciales del programa neoclásico a: una
epistemología instrumentalista, una ontología individualista, una racionalidad
sustantiva, un foco de análisis en el cambio y la escasez y un núcleo político
en el mercado libre. Las características centrales están asentadas en el
individualismo metodológico, un comportamiento hedonista soportado por la
racionalidad del homo economicus
necesarios para los cálculos de optimización (maximización de utilidad,
ganancias, minimización de costos, etc.), un núcleo económico basado en el
cambio y el consumo, debido a que, en última instancia, el fundamento del
capitalismo es la satisfacción de las necesidades del hombre y cuyo núcleo
político se encuentra en el mercado de forma casi exclusiva. Es decir, el
hombre racional, al que estudiamos a partir de sus determinaciones como
individuo, cuyo comportamiento acordamos comprender y cuya dirección sistémica
(sociedad civil y política) recortamos estudiar, cortando sobre lo recortado:
al mercado. Eludimos pensar de este modo, que el sujeto se encuentra en
sociedad y con ello toda la discusión metodológica sobre el todo y la parte. Olvidamos que las relaciones básicas fundantes
de nuestra sociedad capitalista se basan en el trabajo asalariado, la moneda y
el Estado, todas ellas relaciones sociales esenciales incluso para comprender
los modos de intercambio.
Colander afirmaba que no es el
contenido aquello que separa las aguas entre el neoclasicismo y el mainstream actual, sino su método (Colander, 2000, pág. 137). Ello no muestra
sino aspectos marginales de la cuestión de fondo, la epistemología y ontología
de tradición neoclásica no está puesta en riesgo porque los modelos económicos
modernos estén orientados a explicaciones parciales ad hoc en lugar de buscar determinar las condiciones del equilibrio
general. De hecho no hay un cambio profundo en el método. El uso de modelos
matemáticos desde el individualismo metodológico para la explicación de la
realidad histórica es parte del centro de la cuestión, la comprensión del
contenido (valor de uso, valor de cambio, excedente, etc.) es otro aspecto
central. Por otro lado, si bien su planteo anuncia la muerte del término
neoclásico para la definición de la Economía moderna, sin embargo resulta
interesante comprobar cómo los autores que se separan en sus modelos ad hoc de la Economía neoclásica,
producen manuales que reproducen esas formas en la academia.
Pretendo
representar un ejemplo del cómo, aunque también ensayar un porqué, cierta nostalgia
respecto al programa clásico –o, como
llama Lavoie, post-clásico- de
investigación, puede tener una explicación racional aún. Traigamos a discusión
el famoso flujo circular de la renta que existe en casi todos los manuales
iniciales de Economía, desde Mankiw, Samuelson, Frank y Bernanke, Stiglitz,
hasta Krugman (además de las versiones locales). Dicho esquema pretende
representar las transacciones económicas en formas de flujos monetarios
(dinero) que expresa pago bienes y servicios (el trabajo, los servicios del
capital, el arriendo de la tierra o simples mercancías, es decir, su
compensación real). Dicho esquema nos simplifica (sintetiza, abstrae, etc.) de
dos dimensiones básicas de la Economía Política: el excedente y las clases.
Los fisiócratas
habían diseñado un flujo llamado Tableau
économique para situar el excedente como objeto de estudio de reparto entre
distintos grupos sociales. La Nación se componía de tres clases, la productiva que hacía renacer las
riquezas de dicha nación, la clase propietaria
comprendida por el soberano y los poseedores de tierras, y la clase estéril que comprendía todos los
trabajos distintos a la agricultura, cuyos gastos son pagados por la clase
productiva y por la clase de propietarios, quienes a su vez, extraían sus ingresos
de la clase productiva. Se habían preocupado por la creación y distribución de ese
excedente, lo que llamaron producto neto (produit
net).
En la actualidad,
Mankiw explica el diagrama o modelo de
flujo circular cuya
abstracción –aclara- sólo permite incluir a dos tipos de tomadores
de decisiones -empresas y hogares. “Las empresas producen bienes y servicios que utilizan insumos, tales
como mano de obra, tierra y capital (edificios
y maquinaria). Estas
entradas son llamadas
factores de producción. Los hogares
poseen los factores de producción y
consumo de todos los bienes y servicios que las empresas producen.” [La
traducción es mía] (Mankiw, 2011, Pág. 24).
La deformación del instrumento
analítico del flujo circular de la renta en los manuales modernos refleja la
forma en que ello aparece y es transmitido como una verdad del sentido común.
Existen tres organismos: empresas, familias y Estado (a veces excluido del
análisis). Las familias de forma genérica, sin especificar su composición de
clase eligen vender a las empresas, alguno de sus tres factores potenciales
creadores de valor. Ellas eligen qué comprar y a qué precios cuando producen,
para que las familias deban elegir la combinación de bienes que los hará más
felices. Sin clases, no hay conflicto. En rigor, el conflicto se traduce en qué
elegir.
El caso muestra
algo que ha sido un hecho estilizado en la Economía Política: explicar la
función de clase de forma funcional. Se han asociado las clases productivas a
las formas de reparto de la riqueza social. Para el caso de los fisiócratas era
bastante natural identificar a mediados del siglo XVIII, previa revolución
política e industrial, a los propietarios y trabajadores de los medios de
producción dominantes (agricultura) con las clases productivas. De forma similar podíamos comprender porqué la Economía se empeña en desfigurar el carácter
productor del trabajo asalariado respecto a los propietarios de medios de
producción poniéndolos a todos en el mismo plano. Al ser los hogares la unidad
de análisis principal, la dimensión de clase desaparece, un hogar puede ser (en
el esquema enseñado) propietario de tierras, capitales o trabajo
indistintamente. Es más, el capital -se dice- es representado por edificios y
maquinaria. Cualquiera que posea un edificio o una maquinaria o instrumento
similar será entonces un poseedor de capital. Su ingreso se mide en forma
hogareña o personal[1]
de cada uno de sus integrantes y su consumo aparece medido de forma agregada.
Lo que acusa este
ejercicio es la eliminación de las relaciones de clase en el seno del objeto de
la Economía, no obstante, existen varios aspectos similares en relación a
otras categorías fundamentales.
¿Resulta paradójico que el flujo sea una idea
transformada de los fisiócratas? Margaret Thatcher nos orienta en al
respuesta.
[1] Una de las
medidas de desigualdad publicadas por las cuentas nacionales parte de estas
categorías fundamentalmente (tabla de Ingresos según la
EPH del INDEC). Es notable que tampoco las cuentas nacionales
nos permitan estudiar la concentración de consumo por parte de dichos agentes.
miércoles, febrero 27
Tres ideas fundamentales de un liberal, por Mark Blaug
En sus reflexiones autobiográficas de un historiador del pensamiento económico, Mark Blaug señalaba que
...el Comité de Actividades Anti-americanas, presidido por el senador Joseph McCarthy, llegó a Nueva York para investigar el comunismo en el sistema universitario de Nueva York. Pidieron a tres conocidos profesores a comparecer ante ellos a fin, sin duda, para hacerles las preguntas habituales: "¿Está ahora o ha sido alguna vez miembro del Partido Comunista?"Luego pensaría que su acercamiento al marxismo era un tema de edades (era joven y no poseía aún el saber).
Años después, en sus participaciones en la ONU, el Banco Mundial y demás, fue a decirle a los países subdesarrollados de Asia y África qué y cómo hacer las cosas, pero sus anhelos de justicia se vieron frustrados,
...todo el asunto de las misiones de ayuda de la ONU y asesoramiento a los gobiernos del Tercer Mundo sobre qué hacer o no hacer en la política económica fue una farsa gigantesca. Los gobiernos sólo querían los préstamos pero no los consejos...En su dominante Teoría económica en retrospección el autor afirma que debemos evitar
...tomar la paja por el trigo y a pretender la posesión de la verdad cuando sólo poseen una serie intrincada de definiciones o juicios de valor disfrazados de reglas científicas. Sólo mediante el estudio de la economía moderna resulta posible darse cuenta de esta tendencia...En el primer caso subsiste la idea que cuando uno está confundido corre el peligro de creerle al marxismo, lo corrobora la ultima reflexión (y tantas otras que sostiene el autor). Blaug no parecía percatarse del empeño macartista en eliminar el comunismo de las aulas, no se había preguntado ¿si es una teoría falsa, porque resulta tan peligrosa a McCarthy?
En el segundo caso, subsiste la idea que el capitalismo es justo para todas las regiones (y las personas) y en todo caso, dejadas las cosas en libertad, cada cual es responsable de su destino. los países del tercer mundo, confundidos en sus ideales socialistas...
...no entendieron completamente las "causas de la riqueza de las naciones", que cualesquiera que sean, no son la erradicación inmediata de las rentas sin trabajo y la igualdad perfecta en la distribución de los ingresos...El tercer caso es una síntesis de los anteriores pero afirma su teoría sin explicarla. La teoría del valor trabajo es falsa porque lleva al socialismo y a anular las rentas sin trabajo, no comprende que la propiedad de la tierra y las desigualdades son causas de riqueza.
la realidad muestra cosas bastante distintas:
En el primer caso, muestra que la persecución del Estado en las universidades ha sido causa del exilio de personas y con ellas sus ideas, McCarthy ha contribuido a consolidar esa economía moderna. En nuestro país sobran los casos de persecución, exilio y desaparición.
En el segundo caso, lo que puede haber a lo sumo es una crítica a la teoría de la dependencia en sus afirmaciones sobre el desarrollo se nutre del subdesarrollo, aun así, debería negar la historia desde las colonizaciones, el intercambio desigual y en la actualidad, el dominio en las instituciones de las cuales participó...
El tercer caso, es una discusión sobre dogmatismos teóricos y todas las criticas al maistream van en esa dirección...
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