lunes, marzo 4

Nueva, moderna, ortodoxa y dominante

No existe tal cosa como la sociedad, sólo hombres y mujeres como individuos…y familias.
Margaret Thatcher
 
Caracterizar a la Economía que domina resulta una tarea intelectual peligrosa. Si bien la postura de este texto apunta precisamente en sentido contrario, al señalar que no es posible comprender el estado del conocimiento económico mediante definiciones, es por ello que alentamos al lector que no ha hecho ese camino a recorrerlo. Si embargo se hace necesario formular ciertas variables y parámetros cuando hablamos del dominio de una ciencia. Recortemos un poco el espectro y hablemos de la Economía que domina en los cursos iniciales (es mi opinión, además, que en los cursos se presenta de forma mucho más ingenua de lo que realmente es, sin embargo, los fundamentos esenciales del marco teórico se siguen sosteniendo en el ámbito profesional).
Lavoie (2004) señala como características esenciales del programa neoclásico a: una epistemología instrumentalista, una ontología individualista, una racionalidad sustantiva, un foco de análisis en el cambio y la escasez y un núcleo político en el mercado libre. Las características centrales están asentadas en el individualismo metodológico, un comportamiento hedonista soportado por la racionalidad del homo economicus necesarios para los cálculos de optimización (maximización de utilidad, ganancias, minimización de costos, etc.), un núcleo económico basado en el cambio y el consumo, debido a que, en última instancia, el fundamento del capitalismo es la satisfacción de las necesidades del hombre y cuyo núcleo político se encuentra en el mercado de forma casi exclusiva. Es decir, el hombre racional, al que estudiamos a partir de sus determinaciones como individuo, cuyo comportamiento acordamos comprender y cuya dirección sistémica (sociedad civil y política) recortamos estudiar, cortando sobre lo recortado: al mercado. Eludimos pensar de este modo, que el sujeto se encuentra en sociedad y con ello toda la discusión metodológica sobre el todo y la parte. Olvidamos que las relaciones básicas fundantes de nuestra sociedad capitalista se basan en el trabajo asalariado, la moneda y el Estado, todas ellas relaciones sociales esenciales incluso para comprender los modos de intercambio.
 
Colander afirmaba que no es el contenido aquello que separa las aguas entre el neoclasicismo y el mainstream actual, sino su método (Colander, 2000, pág. 137). Ello no muestra sino aspectos marginales de la cuestión de fondo, la epistemología y ontología de tradición neoclásica no está puesta en riesgo porque los modelos económicos modernos estén orientados a explicaciones parciales ad hoc en lugar de buscar determinar las condiciones del equilibrio general. De hecho no hay un cambio profundo en el método. El uso de modelos matemáticos desde el individualismo metodológico para la explicación de la realidad histórica es parte del centro de la cuestión, la comprensión del contenido (valor de uso, valor de cambio, excedente, etc.) es otro aspecto central. Por otro lado, si bien su planteo anuncia la muerte del término neoclásico para la definición de la Economía moderna, sin embargo resulta interesante comprobar cómo los autores que se separan en sus modelos ad hoc de la Economía neoclásica, producen manuales que reproducen esas formas en la academia.
 
Pretendo representar un ejemplo del cómo, aunque también ensayar un porqué, cierta nostalgia respecto al programa clásico –o, como llama Lavoie, post-clásico- de investigación, puede tener una explicación racional aún. Traigamos a discusión el famoso flujo circular de la renta que existe en casi todos los manuales iniciales de Economía, desde Mankiw, Samuelson, Frank y Bernanke, Stiglitz, hasta Krugman (además de las versiones locales). Dicho esquema pretende representar las transacciones económicas en formas de flujos monetarios (dinero) que expresa pago bienes y servicios (el trabajo, los servicios del capital, el arriendo de la tierra o simples mercancías, es decir, su compensación real). Dicho esquema nos simplifica (sintetiza, abstrae, etc.) de dos dimensiones básicas de la Economía Política: el excedente y las clases.
 
Los fisiócratas habían diseñado un flujo llamado Tableau économique para situar el excedente como objeto de estudio de reparto entre distintos grupos sociales. La Nación se componía de tres clases, la productiva que hacía renacer las riquezas de dicha nación, la clase propietaria comprendida por el soberano y los poseedores de tierras, y la clase estéril que comprendía todos los trabajos distintos a la agricultura, cuyos gastos son pagados por la clase productiva y por la clase de propietarios, quienes a su vez, extraían sus ingresos de la clase productiva. Se habían preocupado por la creación y distribución de ese excedente, lo que llamaron producto neto (produit net).
 
En la actualidad, Mankiw explica el diagrama o modelo de flujo circular cuya abstracción –aclara- sólo permite incluir a dos tipos de tomadores de decisiones -empresas y hogares. “Las empresas producen bienes y servicios que utilizan insumos, tales como mano de obra, tierra y capital (edificios y maquinaria). Estas entradas son llamadas factores de producción. Los hogares poseen los factores de producción y consumo de todos los bienes y servicios que las empresas producen.” [La traducción es mía] (Mankiw, 2011, Pág. 24).
 
La deformación del instrumento analítico del flujo circular de la renta en los manuales modernos refleja la forma en que ello aparece y es transmitido como una verdad del sentido común. Existen tres organismos: empresas, familias y Estado (a veces excluido del análisis). Las familias de forma genérica, sin especificar su composición de clase eligen vender a las empresas, alguno de sus tres factores potenciales creadores de valor. Ellas eligen qué comprar y a qué precios cuando producen, para que las familias deban elegir la combinación de bienes que los hará más felices. Sin clases, no hay conflicto. En rigor, el conflicto se traduce en qué elegir.
 
El caso muestra algo que ha sido un hecho estilizado en la Economía Política: explicar la función de clase de forma funcional. Se han asociado las clases productivas a las formas de reparto de la riqueza social. Para el caso de los fisiócratas era bastante natural identificar a mediados del siglo XVIII, previa revolución política e industrial, a los propietarios y trabajadores de los medios de producción dominantes (agricultura) con las clases productivas. De forma similar podíamos comprender porqué la Economía se empeña en desfigurar el carácter productor del trabajo asalariado respecto a los propietarios de medios de producción poniéndolos a todos en el mismo plano. Al ser los hogares la unidad de análisis principal, la dimensión de clase desaparece, un hogar puede ser (en el esquema enseñado) propietario de tierras, capitales o trabajo indistintamente. Es más, el capital -se dice- es representado por edificios y maquinaria. Cualquiera que posea un edificio o una maquinaria o instrumento similar será entonces un poseedor de capital. Su ingreso se mide en forma hogareña o personal[1] de cada uno de sus integrantes y su consumo aparece medido de forma agregada.
 
Lo que acusa este ejercicio es la eliminación de las relaciones de clase en el seno del objeto de la Economía, no obstante, existen varios aspectos similares en relación a otras categorías fundamentales.
 
¿Resulta paradójico que el flujo sea una idea transformada de los fisiócratas? Margaret Thatcher nos orienta en al respuesta.



[1] Una de las medidas de desigualdad publicadas por las cuentas nacionales parte de estas categorías fundamentalmente (tabla de Ingresos según la EPH del INDEC). Es notable que tampoco las cuentas nacionales nos permitan estudiar la concentración de consumo por parte de dichos agentes.